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La muerte exagerada

Siempre me pregunté si esta te dice algo cuando estás expirando

ME PREGUNTÉ SIEMPRE si la muerte habla. No digo mantener una conversación larga, soporífera, pero sí dirigirte unas palabras cuando estás expirando, que tú entiendas sin género de duda, pese a tu estado, como "vámonos ", "es la hora" o algo más cortante, como "¿nos vamos o qué?". Hable o no, casi siempre va en serio. Iñaki Uriarte cuenta que en cierta ocasión una conocida suya empezó a llamar a los amigos más próximos para decirles que "el jueves me muero". Faltaban varios días, lo que generó escepticismo entre los allegados. ¿Cómo podía saber con precisión que fallecería el jueves? Una explicación era que la muerte le hablase y le hubiese dicho, por ejemplo, que "el jueves me paso sin falta". Cierto o no, el jueves se murió.

Ilustración para el blog de Juan Tallón. MARUXAPero la muerte también bromea. No hace mucho conocimos el caso de Gabriel Montoya, quien fue encontrado inconsciente en la celda de una prisión. Dos facultativos certificaron su fallecimiento y cinco horas después se autorizó el levantamiento del cuerpo, que se trasladó al depósito de Medicina Legal de Oviedo, para realizarle la autopsia. Aunque no fue necesaria, porque Gabriel volvió en sí. Solo fue un caso más de una persona completamente viva que parece muerta. A veces se dan casos de alguien completamente muerto que parece vivo. Quim Monzó tiene un relato, titulado Mi hermano, en el que describe cómo en plena comida muere el hermano del narrador, pero la normalidad sigue. Hermano y padres fingen que Toni no ha muerto y contribuyen a que actúe como todos los días. Eso será mejor que enterrarlo y asumir que ya nunca más estará entre ellos. Así que con ayuda de la familia, Toni come, se viste, se ducha, acude al instituto, viaja en autobús, se afeita, estudia e incluso tiene citas con mujeres. Pero está muerto.

Edgar Allan Poe repasa en El entierro prematuro la historia de algunas personas que fueron enterradas vivas, pero dadas por muertas del todo. Me sobrecogió el relato de Edward Stapleton, que murió aparentemente de tifus en 1831, acompañado de algunos síntomas que despertaron la curiosidad de los médicos. Estos solicitaron a sus amigos autorización para un examen post mortem, pero se negaron. "Como sucede con frecuencia ante tales negativas, los médicos resolvieron desenterrar el cuerpo y disecarlo a gusto, en privado", escribe Poe. Eso fue dos días después del entierro. En la primera incisión apreciaron un "aspecto fresco" en el cadáver, pero tras los experimentos con los efectos acostumbrados no advirtieron nada extraño, salvo una apariencia de vida cuando le aplicaron la batería. Al amanecer, resolvieron practicarle una rutilante disección. Al cortar a la altura de los pectorales, "el paciente, con un movimiento rápido pero nada convulsivo, se levantó de la mesa, caminó hasta el centro del recinto, miró extrañado a su alrededor y entonces… habló". No se apreció bien la frase, aunque cuando el paciente estuvo del todo repuesto, aclaró que: "Estoy vivo".

No siempre se llega a tiempo de evitar la muerte de verdad cuanto te entierran erróneamente. En 1858, el diario Notes and Queries dio cuenta de una extraña historia, que se retrotraía quince años atrás, cuando la viuda y los hijos de un rico fabricante llamado Oppelt mandaron erigir un panteón en el cementerio de Reichenberg (Austria) para albergar el cadáver. "La viuda murió hace un mes —detallaba el corresponsal del periódico— y fue llevada a la misma tumba; pero, cuando se abrió con ese fin, descubrieron el ataúd de su esposo abierto y vacío, y el esqueleto en un rincón del panteón en posición sentada". Para evitar desgracias como esta, cuenta Bill Bryson en Una breve historia de la vida privada, el novelista Wilkie Collins dejaba cada noche, en su mesita, una carta con instrucciones de las pruebas que habría que practicarle si una mañana lo descubrían aparentemente muerto sobre la cama. "Aunque otros ordenaban que les cortasen la cabeza o les extirpasen el corazón antes de ser enterrados, para que no hubiese ningún tipo de duda".

La muerte exagerada
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