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LLEGABA EL CD Lugo a Zaragoza en busca de los 44 puntos. Llegaba en una semana en la que Francisco ya advertía de que al final iba a ser una especie de suerte estar entre los seis primeros.

Cierto. Por presupuesto, límite salarial, aliento de la afición y apoyo social ya roza lo milagroso que el CD Lugo ya no acabe entre los cuatro o seis primeros sino que se haya mantenido sin problemas en el fútbol profesional.

Con lo que no se contaba era con que Francisco, en un arrebato de entrenador de esos que puso tan de moda el ‘Flaco’ Johan Cruyff y siguió en la época más reciente Pep Guardiola, se marcase un tótum revolútum de esos cuyo objetivo es mantener la dinámica grupal y modificara casi por completo la alineación que había funcionado en los anteriores partidos del campeonato. Una mezcla de harakiri con gaseosa, hermano. De una tacada, y como decía la canción ‘hago ¡chas! y aparezco a tu lado’, saltaron al estadio de La Romareda cinco jugadores en el susodicho cambio de cromos: Luis Ruiz por un Kravets que parecía volver por sus fueros en las anteriores jornadas del torneo y que unas molestias dejaron en su casa en Lugo; Lemos, que venía de dos meses en estado de ‘standby’, en lugar de Leuko; Josete por un Luis Muñoz que estaba haciendo olvidar por momentos al ahora malaguista Ignasi Miquel; Carlos Pita, que del ostracismo del banquillo suplía de inicio a un Azeez de lo más regular de este año, y arriba Chuli, que debutaba tras la convalecencia y su postoperatorio.

En Lugo se quedaron para ver el partido por la tele Mario Barco. E Iriome partía desde el banquillo. Los máximos goleadores de un equipo que acusa en demasía la falta de puntería no estaban ni se les esperaba. En definitiva, demasiados cambios para probar en un campo y ante un equipo de Primera que circunstancialmente está en Segunda y donde cuenta con un delantero que, o mucho nos equivocamos o lo veremos en breve en la máxima categoría del panorama nacional, el santiagués Borja Iglesias, supo hurgar como nadie en la vía de agua que tenía toda la línea defensiva lucense.

En Zaragoza solo hubo pinceladas y destellos de Jaime Romero, una de las sensaciones de este mercado invernal, y el omnipresente Juan Carlos, con paradón y penalti —‘penaltito’ de esos que los colegiados solo pitan a equipos como el nuestro— incluidos en el nivel que nos tiene acostumbrados. Todo esto no empaña la notable temporada del CD Lugo, pero en la que vivir de rentas con la saca de puntos en la buchaca y el horizonte cercano de la salvación con partidos como el del domingo no cundan en desánimo de la afición a la que se invita a soñar —y dado el nivel que se ve en la Liga 123 donde salvo el Huesca nadie mantiene una constante regularidad…—primero con mantener la categoría y luego, por qué no, con un play off… aunque sí sabemos que será milagroso pero no inalcanzable. En definitiva, el resumen del encuentro lo dio el apellido del jugador que anotó el segundo gol del Real Zaragoza: "buff".