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¡Ave, César!

UN GRUPO clandestino de guionistas, llamados El Futuro, llevan a cabo un plan para desestabilizar el capitalismo en plena edad dorada de Hollywood insertando mensajes subversivos en sus superproducciones. El sistema de los estudios es un microcosmos caótico pero aparentemente homogéneo. Eddie Mannix (Josh Brolin), asalariado en Capitol Pictures, trabaja como pegamento de la industria y como solucionador de problemas. Su labor es ocultar escándalos, arreglar conflictos y eliminar los posibles discursos antiamericanos o contrarios a la moral que puedan llevar sus películas. Mannix actúa zarandeado por los acontecimientos. Va y viene de un lugar a otro; desde una reunión con líderes religiosos de las cuatro creencias mayoritarias hasta visitas nocturnas a fiestas desmadradas antes de que se presente la Policía. Todo en un Hollywood amenazado por el futuro, el de la televisión como entretenimiento aniquilador del cine, y el de unos guionistas marxistas que se reúnen en una casa en Malibú para estudiar el materialismo histórico y ganar adeptos en el selecto grupo de las estrellas.

‘¡Ave César!’ es una película dentro de la película. George Clooney encarna a un actor que protagoniza un peplum en el que, como historia paralela, aparece el origen del cristianismo. Su secuestro por El Futuro llega a la mesa de Mannix en forma de petición de rescate. Siempre a contrarreloj, Mannix visita los platós donde se ruedan otras películas de género de la época: un musical donde los marineros bailan y cantan una canción con subtexto homosexual; una escena de natación sincronizada protagonizada por una Esther Williams en traje de sirena (Scarlett Johansson); o un melodrama de emoción contenida dirigido por el exquisito Laurence Laurentz (Ralph Fiennes). Mannix escucha quejas, arregla problemas, mira el reloj, discute con periodistas al acecho de exclusivas, cena con su mujer y, al final del día, como si le oprimiese la culpa, se confiesa ante un sacerdote.

Los Coen representan el Hollywood dorado en tonos pastel y con la comicidad ridícula de su cine habitual. Todo lo que ocurre parece tan estrambótico que acaba disimulando la inspiración real de sus personajes. El Futuro es, posiblemente, el único elemento de ficción en ‘¡Ave César!’. Una ficción creada por la paranoia macartista y el Comité de Actividades Antiamericanas que parecen fruto de la mente de los Coen. Pero no, ellos también ocurrieron. Son actores secundarios en esta farsa donde Hollywood es un escenario de la Guerra Fría.

¡Ave, César!
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