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Un cuadro

DESPUÉS DE CASI treinta años de profesión trabajando los fines de semana, sigue sin gustarme. Al final te acostumbras, qué remedio, pero de ahí a gustarme queda un trecho largo. Y los domingos aún los llevo mejor, en el periódico es un día más relajado, más tonto, pero lo de los sábados es que no lo trago. Hoy, claro, es sábado.

Elías está enganchado a la última temporada de La casa de papel. Creo que la estrenaron el viernes y teníamos la idea de verla todos juntos, pero no le ha valido la paciencia. A estas horas es fácil que ya se la haya ventilado. Por lo que dice, le está gustando, pero como se le ocurra hacernos el mínimo spoliler va a pasar el resto de la cuarentena en el rocho. Igual empiezo a verla esta noche, si a María le apetece.

Me ha llamado Guerreiro. Sigue pintando, a su ritmo, que es lento, y es de suponer que tan bien como siempre. Seguro que han leído por ahí teorías a cual más loca sobre el origen de la pandemia de Covid-19: que si fueron los chinos para hacerse con el liderazgo económico, que si se escapó de no se qué laboratorio, que si es culpa de la tecnología 5G... Yo también tengo mi teoría: el virus lo creó y lo liberó Guerreiro.

guerreiro

Arrastrado por esa pulsión enfermiza de todo artista de llevar un paso más allá su obra y su cabezonería de paleto de Xove, decidió convertir toda la ciudad, todas las ciudades, en uno de sus preciosos y desasosegantes paisajes urbanos vacíos de toda presencia humana. Cada calle, cada rincón de Lugo convertido en un Guerreiro listo para enmarcar. Se le fue un poco la mano, sí, pero le ha vuelto a quedar una exposición de coña, como la que supongo que saldrá de su estudio después de este confinamiento. Seguro que Jorge Espiral ya se está frotando las manos.

Una de mis llamadas de trabajo me llevó a una farmacia. Cuando me identifiqué, el farmacéutico me habló con tanta cercanía que me quedé un poco cortado y por un momento pensé que mi memoria me la había vuelto a jugar, como habitualmente, que nos conocíamos y que lo había olvidado. Mi pausa debió de ser tan evidente que él la notó: "Disculpa la familiaridad en el trato, pero es que como te leo en el periódico desde hace tiempo, y estos días más, pues es como que te noto cercano". Se llama Santiago y es un profesional sanitario como la copa de un pino: cura.

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