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Un agridulce paso de ecuador

Se han cumplido dos años de las elecciones municipales, Lara Méndez está a punto de cruzar el ecuador de su mandato al frente del Ayuntamiento y toca hacer balance y definir la línea de acción para los dos años que faltan.

Con lo arriesgadas e injustas que a veces son las comparaciones, porque las condiciones de gobierno nunca son las mismas y en el día a día de una ciudad influyen muchos factores, también externos, se puede decir que si los últimos años de Orozco fueron un dejarse ir, sin apenas inversiones ni proyectos pero con lo más básico bajo control (cuentas saneadas, pagos al día...), el mandato de Méndez se ha caracterizado hasta el momento por lo contrario: ha tomado decisiones, pero no ha podido evitar que, en algunos aspectos, el funcionamiento municipal se haya descontrolado y que el día a día en la ciudad sea más complicado en algunos aspectos debido a decisiones, como la suspensión de la Ora, que no fueron acompañadas de alternativas. Un ejemplo de ese descontrol es la deriva administrativa y política que provocaron el atasco en la tramitación de facturas y el aumento del número de contratos caducados. Son problemas que venían de atrás pero que se agravaron y que a Méndez le está costando encauzar.

VALENTÍA. Por la contra, con las ganas propias de quien empieza, obligada por la justicia o, las más de las veces, por una oposición que la rodea, Méndez ha tomado decisiones valientes y arriesgadas tanto desde la perspectiva ciudadana como política. Desde la anulación de la Ora cuando no llevaba ni dos meses en la alcaldía y la reciente limitación de velocidad en la Ronda a 30 hasta la finalización de la batalla judicial de O Garañón y el anuncio de tirar las torres y de negociar con el propietario del terreno otra solución urbanística.

Gestión y oposición. A Méndez y a su equipo les sigue costando desprenderse de la presidencialista forma de hacer de la Diputación



Méndez no busca el titular diario, no tanto porque no quiera sino porque no puede, ya que los resultados del trabajo político y administrativo se hacen esperar. Sin embargo, prácticamente a diario la oposición municipal la hace protagonista de noticias que con gusto evitaría. Con cinco grupos políticos enfrente no hay tregua. Aunque bastante más duros podrían ser si quisieran o si hilaran más fino. A veces hay motivos y otras se los da el trato que reciben del gobierno.

La frase "siguen sin darse cuenta de que están en minoría" parece más que un latiguillo de la oposición. A Méndez y a su equipo les sigue costando desprenderse de la presidencialista forma de hacer de la Diputación, institución de la que procedían y que el PSOE gobernaba en mayoría. Solo así se entiende la manera en que afrontaron la negociación del presupuesto municipal de este año, tarde y fiándolo todo al apoyo de Lugonovo, quien hasta entonces era su socio más fiable pero somete las decisiones más importantes -y el gobierno lo sabe- a su anárquica asamblea. Las negociaciones fracasaron y el Concello funcionará con presupuesto prorrogado, con las limitaciones que eso conlleva para afrontar inversiones nuevas.

DIALOGAR O GOBERNAR. El gobierno suele alegar que la oposición confunde el diálogo con la toma de decisiones, que le corresponden a él, dice. Sin embargo, dos años deberían haber bastado para darse cuenta de que, con la minoría que tiene, en muchos asuntos no puede ir muy lejos sin la oposición.

Por voluntad, por incapacidad para hacer más o por la inviabilidad de algunas iniciativas, el gobierno obvia compromisos plenarios promovidos por la oposición. La municipalización de servicios que ahora prestan empresas es un ejemplo. Pero también es una realidad que, en otros casos, el gobierno intenta cumplir, a veces simplemente por coincidencia programática. Y eso que en algún caso le sale caro, como le ha sucedido con la revisión de la relación de puestos de trabajo del Concello, la llamada RPT. Era una demanda sindical, necesaria para poner coto a sentencias judiciales lesivas para el Concello y una condición de la oposición -sobre todo de Lugonovo- para negociar el presupuesto municipal de este año. El gobierno se puso a ello y logró un respaldo sindical que parecía imposible, pero el documento no solo encontró reparos de Intervención y Persoal sino que soliviantó al personal de oficinas y dividió a la plantilla, fundamentalmente por las diferencias salariales.

La plantilla ya arrastraba problemas que condicionaban el funcionamiento municipal, fruto de la descuidada política de personal de los últimos mandatos y de las investigaciones judiciales, con imputaciones de funcionarios incluidas, pero con la RPT la situación no ha mejorado.

POCO EQUIPO. Méndez cuenta con un equipo muy reducido. Son ella y siete concejales, pero dos compatibilizan la labor municipal con sus profesiones. Tres ediles nunca habían estado en política y para ella misma era su primera experiencia de gobierno municipal. También hay concejales veteranos (alguno de trayectoria controvertida) pero, como los nuevos, no eran su gente, sino la que le dejó Orozco. Y quizás falta pedagogía de equipo. Méndez sí pudo elegir a algunos colaboradores.

Sombras y luces. El gobierno ha tenido muchas dificultades en los dos primeros años y algunos logros, como la captación de fondos


El año pasado por estas fechas, la posibilidad de una ampliación del gobierno con la entrada de Lugonovo parecía bastante real, pero la enfrió la querella que CSIF presentó contra la alcaldesa en relación a una antigua provisión de un puesto que ocupó la funcionaria Ana Sáez, que justo iba a ser nombrada directora de recursos humanos del Concello. Fue esta otra decisión arriesgada. Contó con el respaldo de Lugonovo, pero no fue bien acogida por otros partidos políticos y por sectores de la plantilla. Sáez es, junto al concejal del personal, quien dirige la revisión de la RPT.

Los acontecimientos del último año, como algunos de los relatados, no ayudaron a mejorar la relación del gobierno con la oposición y este está más solo que nunca. Para evitar una mayor visibilidad de esa soledad, Méndez optó por mantener la prórroga del presupuesto antes que ligarlo a una cuestión de confianza que, salvo cataclismo, estaba llamada a superar. Es una carta que se guarda.

RETOS. Esa falta de apoyos no constituye el mejor escenario para sacar adelante la infinita lista de asuntos pendientes que tiene siempre cualquier ciudad y que en Lugo no son menos. La mejora de la movilidad, y especialmente del aparcamiento, es quizás uno de los más demandados por los vecinos. Aprobar la parte pendiente del PXOM, abrir el auditorio y, en general, mejorar las dotaciones y los servicios del municipio son otros retos. La falta de inversiones y de soluciones a problemas de la ciudad es una queja que se escucha con frecuencia en la calle y que contrasta con alguna encuesta reciente, según la cual Méndez subiría un concejal en este momento. Aunque el estudio también aporta otras valoraciones contradictorias de la corporación que deberían llamar a la cautela.

El gobierno municipal ha tenido muchas dificultades en estos dos primeros años y algunos logros. Siguió captando financiación externa (solo el plan Dusi de la UE supone diez millones), mejoró ordenanzas fiscales e inició el camino para derribar O Garañón, por ejemplo.

Aunque quizás el mayor logro de Méndez haya sido político: llegar a mitad de mandato en la alcaldía, con tanto viento en contra. No optaba a ser alcaldesa -y no quería serlo, dicen-, pero quien la conoce un poco puede ver que ha asumido la responsabilidad desde el primer día y que se está dejando la piel. Otra cosa es que ese esfuerzo se vea más allá de su despacho y, sobre todo, que dé resultados. Suele decir Lara Méndez que los balances se hacen a los cuatro años. Habrá que esperar.

Un agridulce paso de ecuador
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