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El pacto de la curva descarrila

Sánchez parece decidido a que el PSOE deje de proteger a su antiguo jefe, Blanco, lo que abre la puerta a una comisión ante la que podría tener que declarar la presidenta del Congreso

CON UNA risa leve, breve, pero elocuente. Así reaccionó el miércoles en la Radio Galega la diputada socialista Pilar Cancela ante la pregunta de la periodista Silvia Pereira de si teme que la comisión de investigación del accidente de Angrois perjudique al Gobierno de Zapatero. "Non me preocupa nin que saia malparado o... (je, je) quen fora responsable nese momento do Partido Socialista nin tampouco me preocupan os que foran responsables no Partido Popular no seu momento", respondió Cancela, que preside la gestora, la dirección provisional del PSdeG, y que, tras mucho tiempo en la cuerda floja, se ha fortalecido con el triunfo de Sánchez. 

La risa leve, breve, pero elocuente, de Cancela tiene miga, porque la soltó justo cuando se refería, sin citarlo, a José Blanco López, el último ministro de Fomento de Zapatero y antiguo amo y señor del aparato socialista de la calle Ferraz durante la primera década de este siglo. A la oficina de Blanco se incorporó, a través de la amistad que tenía con el número dos, Óscar López, un economista que cuando se desplazaba a las campañas gallegas en la sede del PSdeG llamaban "el guapo".

Era Pedro Sánchez, quien en enero de 2011, cuando acababa de entrar de rebote en el Congreso, presumía de "fontanero" en una entrevista con Karmentxu Marín en El País. De Blanco afirmaba, al estilo del basket, que era "el mejor entrenador que tiene el PSOE. Y yo soy uno más dentro de su equipo". Hace tiempo que el pupilo y el maestro rompieron relaciones. Blanco, que cuando respira, conspira, jugó un papel destacado en el derribo de Sánchez como secretario general del PSOE, cuyo comité federal pasó a presidir en la etapa de los barones.


Deberá comparecer Blanco, al que las víctimas culpan de cambiar el proyecto para adelantar la inauguración sin evaluar los riesgos


En las primarias Blanco apoyó a Susana Díaz frente a un Sánchez para quien su regreso al liderazgo del PSOE tiene aires de operación venganza contra los que lo defenestraron, como el exministro de Palas, que ahora mismo tiene muy difícil, sino imposible, continuar como eurodiputado tras las elecciones de 2019 y ve como la nueva mayoría del partido quiere apoyar la comisión de investigación del accidente de Angrois. La victoria de Sánchez en las primarias supone el descarrilamiento del pacto de la curva, el que estableció el 25 de julio de 2013 en Angrois el entonces líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, próximo a Blanco, con la ministra de Fomento, Ana Pastor, que le acompañó en su visita. Rubalcaba se reunió después con dirigentes del PSdeG, a los que dio instrucciones para cerrar filas con un PP decidido desde el principio a centrar toda la responsabilidad en el maquinista Garzón, para proteger el prestigio de la alta velocidad ferroviaria española, a fin de lograr el contrato de la línea São Paulo-Río de Janeiro, que nunca se construyó. 

El plan era cerrar el caso juzgando a Garzón como único acusado, a partir del informe técnico que hizo la comisión de accidentes nombrada por el ministerio. Naufragó por la perseverancia de la plataforma de víctimas, con su presidente Jesús Domínguez a la cabeza. Contaron con el apoyo en Bruselas de Ana Miranda, del BNG, para provocar la determinante intervención de la Unión Europea, que obligó a la Justicia a reabrir el sumario, en el que ahora está imputado un alto cargo de Fomento. Si Sánchez no hace de las suyas y cambia de opinión, en otoño habrá por fin una comisión de investigación en el Congreso. 

Deberá comparecer Blanco, al que las víctimas culpan de cambiar el proyecto para adelantar la inauguración sin evaluar los riesgos, y, previsiblemente también, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, a quien achacan la responsabilidad política de la desconexión del sistema de seguridad. Esta comisión debió crearse en 2013, de oficio.

El giro del PSOE abre el debate en el PP sobre la gestión de su soledad
Cuando el PSOE parecía desmarcarse del pacto de la curva, el PP soltaba andanadas disuasorias contra Blanco. Ahora el giro del PSOE ya ha abierto en el PP el debate sobre la gestión de la soledad en la que quedará si Sánchez no hace de veleta. El líder local de Santiago, Agustín Hernández, defiende que el PP se sume a esa naciente mayoría en favor de la investigación, pero Feijóo se resiste.

El alcalde de "pose alternativa" al que toman de "okupa"
Por más evidente que resulte, tiene razón Alberto Núñez Feijóo en que al alcalde de Santiago, Martiño Noriega, le cuesta mantener lo que el presidente de la Xunta denomina como "as poses de partido alternativo ", al hilo del conflicto generado esta semana por el desalojo de una vivienda deshabitada de la zona monumental de Santiago del colectivo okupa Escarnio e Maldizer. 

Esas contradicciones se observan en las diferencias entre las declaraciones de Noriega y el primer comunicado de su formación política Compostela Aberta, en el que, obviando el derecho a la propiedad, se daba respaldo al movimiento okupa, lo que contrasta con la posición institucional a la que obliga dirigir una administración como el Ayuntamiento de Santiago. Pero Martiño Noriega también tiene razón cuando se queja de que a él lo toman políticamente como okupa. "Estoy cansado de que se nos trate como a furtivos, cuando estamos representando a una institución", declaró Noriega al reprochar que no se le hubiese avisado con antelación de la orden de desalojo, lo que le podría haber permitido buscar una solución, sin que se acabase en los altercados callejeros con el uso de la violencia que el propio alcalde criticó, aunque también se quejó del, a su juicio, excesivo dispositivo policial. 

Sus detractores afirman que no se le podía avisar, porque hubiese advertido a sus amigos okupas. Sin embargo, es algo que está por demostrar y por lo que se le deberían pedir responsabilidades en caso de que sucediese. De telón de fondo de este conflicto está la demonización de la que es objeto desde el principio Compostela Aberta, como si fuese un peligroso movimiento revolucionario, pese a que la realidad cotidiana en Santiago señala que su prometida transformación radical de la realidad municipal a menudo se queda en poco más que en gestos simbólicos como el de no acudir a los actos religiosos. 

Si bien los alcaldes de A Coruña y Ferrol cuentan con la plena legitimidad de haber sido elegidos, de acuerdo con las vigentes reglas de juego, por la mayoría de los concejales de sus corporaciones, el de Santiago tiene el plus de que su partido fue la lista más votada, lo que privó al PP de su argumento favorito y dejó tocado al candidato popular, Agustín Hernández, contra el que se volvió el estigma que aplica su partido a "los perdedores " en las urnas. Pese a la gran victoria del PP en las autonómicas del año pasado, las últimas encuestas publicadas señalan, al margen de su controvertida credibilidad, que ahora mismo los populares tienen muy difícil recuperar las alcaldías de Santiago y A Coruña, mientras les quedaría el consuelo de encomendarse al péndulo de Ferrol, que en 2019 debería pararse en el lado derecho del arco político. La de Ferrol es, además, la única de estas tres corporaciones en las que está presente Ciudadanos. 

Y es que si no hay un cambio de ciclo en España, no parece que el PP se halle en condiciones de sacar las mayorías absolutas que tuvo en 2011, por lo que necesitaría sumar con su socio natural naranja, lo que en Galicia hasta ahora solo ocurrió en Ribeira. La otra opción del PP consistiría en que la alianza de En Marea saltase por los aires en los concellos, lo que no parece probable.

El pacto de la curva descarrila
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