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Un amor de platino

Alicia y Antonio celebrarán este sábado sus 75 años de matrimonio. MARCOS LÓPEZ
Alicia y Antonio celebrarán este sábado sus 75 años de matrimonio. MARCOS LÓPEZ

El 28 de mayo de 1943 Antonio y Alicia se daban el "sí quiero" en la iglesia parroquial de Santa María de Pedraza, en Monterroso. La cercana ermita de San Lourenzo acogerá el próximo sábado, 75 años después, la renovación de votos de esta pareja, por cuyo amor no pasa el tiempo

"Estamos xuntos porque nos levamos ben e porque Deus nos deixa". Así resume Alicia Saavedra Pérez su vida en común con Antonio Saavedra López, el hombre con el que se casó en mayo de 1943, hace ahora 75 años.

Los dos saben que una buena parte del mérito de su duradero matrimonio reside en la longevidad de ambos —Alicia cumplió 95 años el pasado 17 de mayo y Antonio, 94 el 6 de este mismo mes— pero basta observar su forma de mirarse o la complicidad con la que se sonríen para darse cuenta de que el tiempo no ha hecho sino avivar aquella llama que se encendió entre ambos cuando apenas eran unos niños.

Pero detrás de ese aparente cuento de hadas hay la historia real de una pareja de las de verdad, que si consiguió sacar adelante su proyecto fue gracias a una vida de trabajo y esfuerzo.

En su relación tampoco faltaron las dudas iniciales, cuando al poco de conocerse con 14 años decidieron romper la relación para experimentar, cada uno por su lado, otras vivencias de amores y desamores. Lo típico de la adolescencia.

El matrimonio vive actualmente en San Lourenzo, en el mismo lugar en donde nació y creció Alicia. Antonio es natural de Chantada, pero su familia se traslado a la vecina parroquia monterrosina de Cumbraos cuando aún era muy niño. En las ferias y fiestas de la zona fue donde aquellos dos jóvenes empezaron a coincidir. "Iamos todos en pandilla, non era como agora que cada un vai polo seu lado", explica Antonio.

Cuando decidieron retomar la relación, Antonio tenía 16 y, aunque las familias de ambos nunca les pusieron trabas, no todo era fácil. "Para vir vela, eu tiña que atravesar o monte que separaba Cumbraos de San Lourenzo. Non era un camiño fácil e algunha vez tiven que dar a volta por culpa dos lobos", recuerda Antonio.

A pesar de que a lo largo de su vida hubo momentos difíciles, la pareja siempre supo encararlos con dosis de optimismo, mucha unión y vitalidad

Poco tiempo antes de casarse —él con 19 años y ella con 20— descubrieron que eran primos lejanos, por lo que tuvieron que pedir una dispensa eclesiástica para poder pasar por el altar.

Un año y varios meses después de iniciar su vida en común, Antonio tuvo que irse a hacer la mili, que realizó entre A Coruña y Pamplona. 30 meses de servicio militar en los que Alicia se quedó sola en la casa materna al cuidado del primer hijo del matrimonio.

Acabada la mili, Antonio y su mujer continuaron viviendo en San Lourenzo durante un tiempo. Alicia, al cuidado de la casa y los niños, ya que al primero, Suso, se le fueron uniendo con el paso del tiempo Dorita, Luis, José Antonio e Isabel. El hombre, por su parte, empezó a ser conocido por su habilidad como ferreiro y, más tarde, se hizo con una máquina de mallar "coa que ía traballar a onde me chamaban".

Luego la pareja se trasladó a Gontá, donde trabajaron de caseros ,y en el año 1963 emigraron a Bilbao, en lo que recuerda Alicia que fue "unha das etapas máis duras porque foi cambiar totalmente de vida con cinco nenos pequenos. Traballamos moito, pero tampouco me queixo porque a vida nos tratou ben alí", reconoce.

Y es que a pesar de que a lo largo de su ciclo vital hubo momentos más o menos difíciles, la pareja siempre supo encararlos con dosis de optimismo, mucha unión y, sobre todo, con una vitalidad que todavía hoy contagian.

El matrimonio continúa cada día su rutina de un paseo matinal y sobremesas con partidas de tute o a la escoba, que son quizás el momento en el que más discuten, "porque a ningún dos dous nos gusta perder", admiten.

Si la mujer fue la que durante toda su vida se dedicó más a las labores de la casa, ahora es Antonio quien prácticamente se encarga de todo. Va a la compra en el coche que compró hace 34 años y que todavía conserva como el primer día, hace la comida y la limpieza. "Sempre teño algo que facer", admite y reconoce que, aún así, le queda tiempo suficiente para ir A Peneda a pescar, "aínda que nunca collo nada", ríe.

Y mientras Antonio habla, Alicia lo mira con ojos brillantes y sonrisa hermosa. Es entonces cuando uno entiende qué fue lo que lo enamoró de ella. "El tamén era guapo, e aínda o é", se sincera la mujer, a la vez que su marido recuerda "o bailarina" que era.

Ahora, el próximo sábado, los dos volverán a darse el sí quiero. Lo harán rodeados de sus hijos y de la mayoría de sus 11 nietos y seis bisnietos. Sin duda, una buena ocasión para volver a verlos de nuevo sonreír y bailar juntos.

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