Toda una vida al servicio de la fe

Sintió la vocación religiosa de niño y ahora, a los 85 años, el palense Tirso Villasante es uno de los curas en activo más longevos de Galicia ► Su entrega lo llevó a Bolivia o Suiza y celebra el sábado su 61 aniversario como sacerdote sin pensar en dejar un oficio que le da "felicidade"
Tirso Villasante, en su cada del centro de Palas. V. BRAN
photo_camera Tirso Villasante, en su cada del centro de Palas. V. BRAN

Dicen que los ojos son el espejo del alma. En ellos las emociones brotan a borbotones y una simple mirada es capaz de transmitir la verdad más pura. La de Tirso Villasante se esconde tras unas prominentes lentes cuadradas, pero refleja a la perfección los recuerdos de toda una vida de vocación sacerdotal. Más de 75 años separan esa pequeña pupila amarronada de la de un pequeño Tirso que cuando apenas levantaba un palmo del suelo decidiría el rumbo su vida.

"¿A quién de los presentes le gustaría ser cura de mayor?", preguntó un buen día el párroco don Eduardo a los niños del catecismo. Casi sin reflexionar, como movido por un resorte, el brazo de uno de ellos se alzaba de inmediato. "Nin o pensei, foi algo que me saíu de dentro", recuerda ese pequeño que acaba de cumplir 85 años. Desde su casa familiar de Palas de Rei, esa en la que se crió junto a sus ocho hermanos, echa la vista atrás con palabras pausadas pero serenas. "Foi unha decisión casual, difícil de explicar, que me cambiou a vida e me fixo moi feliz", dice un párroco que el próximo sábado celebra 61 años entregado a la fe. Ha atendido a generaciones de vecinos en bodas, bautizos y comuniones y ni la pandemia le ha impedido oficiar cuando ha sido posible.

Ordenación de Tirso Villasante (segundo por la derecha en la fila inferior) el 19 de agosto de 1962. EP
Ordenación de Tirso Villasante (segundo por la derecha en la fila inferior) el 19 de agosto de 1962. EP

En una habitación repleta de recuerdos bucea entre las fotos que inmortalizan su historia. "Aquí estamos todos, foi un día moi especial", señala enseñando la imagen de su ordenación sacerdotal, que se remonta al 19 de agosto de 1962 en Lugo. Doce años antes ingresó en el Seminario lucense. "Alí aprendino todo, pois de aquí só levaba as primeiras letras. Estudei humanidades, que era como a Eso e o bacharelato, outros tres cursos de filosofía e catro de teoloxía".

Una bonita etapa en la que conformaría su otra gran familia con la que nunca ha perdido el contacto. "Dos 16 que nos ordenamos só quedamos tres en activo, uns faleceron e outros enfermaron, pero os que quedamos nos xuntamos todos os anos por estas datas para recordar vellos tempos", relata.

A lo largo de su camino de entrega a los demás tantas cosas ha visto y tantas recuerda, como el que fue su primer destino sacerdotal: la parroquia cervantega de Quindous. "Alí dei a miña primera misa, veu toda a familia acompañarme e fíxome moita ilusión", dice mientras muestra una foto de joven rodeado de niños en el campo de Quindous.

Tirso Villasante, con niños en Guindous, su primer destino. EP
Tirso Villasante, con niños en Guindous, su primer destino. EP

Pero su tarea evangelizadora no quedaría aquí, dos misiones posteriores lo llevaron a atender a comunidades extranjeras.

La primera fue a Bolivia: 20 horas de vuelo para llegar a un destino donde vería muchas calamidades. "Enviáronme á diocese de Cochabamba. Vimos moita miseria, non había luz nin auga corrente, pero a xente a pesar de todo era feliz e iso emocionounos". Allí pasó cinco años y tras un parón obligado por un accidente de tráfico que casi le cuesta la vida se trasladaría a Suiza, "un mundo totalmente diferente e cheo de comodidades", señala.

A su vuelta a Palas, a principios de los 80, recuerda con especial cariño su nuevo destino sacerdotal, que aún conserva: San Cibrao da Repostería. "Os fieis recibíronme cos brazos abertos, foi moi bonito volver a casa", resalta.

Tirso Villasante, dándole la comunión a uno de sus hermanos en Palas. EP
Tirso Villasante, dándole la comunión a uno de sus hermanos en Palas. EP

Ya han pasado mas de 60 años de su entrega a la fe pero la vocación de Tirso Villasante sigue intacta. Ahora lleva siete parroquias palenses con la misma ilusión que el primer día, aunque reconoce que el panorama ha cambiado. "Antes as igrexas e as aldeas estaban cheas, agora pouca xente queda no rural e as misas están medio baleiras", lamenta.

Muy estimado en su comunidad, el párroco recibe constantemente visitas de fieles que le piden consejo espiritual. Y no solo en la Iglesia es querido Tirso, que es muy activo en la vida social de su pueblo, lo que queda patente en el aprecio que sus vecinos le profesan día a día. "O labor dun cura non é só estritamente relixioso ou oficiar a misa, senón estar e acompañar tamén á xente en todo o que precise", reflexiona un hombre que encontró su camino siendo solo un niño y a sus 85 años no piensa en la retirada. "Este oficio é o que me dá a felicidade", reconoce.

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