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Otero Val (destacado en la imagen), en una foto de familia de la banda de Melide en los años 30. EP
Otero Val (destacado en la imagen), en una foto de familia de la banda de Melide en los años 30. EP

Emilio Otero Val abandonó Melide en 1937, pero su pasión por la música y por su tierra lo convierten en una figura inmortal

EXISTE UNA frase recurrente bastante peliculera, muy de momento límite e ideada por el puro instinto humano que nos convierte en atazagorafóbicos por naturaleza, que viene a decir algo así como que "nadie muere del todo mientras haya alguien que lo recuerde". Con la música sucede algo parecido; las canciones son eternas mientras una sola persona, banda, orquesta o coral la siga interpretando. Y precisamente por estos dos motivos, Emilio Otero Val es y será siempre inmortal.

La huella de este músico se posa con fuerza en A Ulloa y Melide. Una pisada profunda y sentida, pero con los vértices amables de quien hizo las cosas bien y de corazón. Porque a Otero Val, que nació en Antas en un año tan importante para la provincia como 1908, como compositor se le admira; como persona, se le adora.

"Era paciente, culto e cariñoso coa xente de Melide. A xente que foi alumna del ten uns recordos marabillosos. E eu, que tamén coincidín con Don Emilio, só podo dicir que era unha belísima persoa", cuenta Ánxela López, antigua directora de la Coral Polifónica melidá.

La vida llevó a Otero Val por un camino alejado de su casa. De habilidades precoces y una pasión desmedida, a los nueve años ingresó en la Banda Municipal de Antas de Ulla para tocar la trompeta y el bombardino y a los 24 desembarcó en Melide para dirigir su primera Banda. Un proyecto al que tuvo que decir adiós en 1937; la Guerra Civil no perdona y él, militar de profesión, fue destinado a Santander, donde echó raíces y pasó el resto de su vida.

El músico compuso a lo largo de su vida más de 150 obras, muchas de las cuales dedicadas a Melide y a la comarca de A Ulloa

Se trasladó a Cantabria, pero su corazón y su alma de músico seguían viajando por las orillas del Ulla y del Furelos. Respirando el aire de O Castelo, riendo en las romerías y venerando a San Roque y a Nosa Señora do Carme. Las notas surgían de los prados y gentes de la tierra en la que escuchó sus primeras canciones, y no encontró mejor manera de devolver todo el cariño que a través del arte que guió toda su vida. Tanto que uno de sus hijos, Emilio Otero Palacio, y su nieto, Emilio Otero Alonso, siguieron sus pasos desarrollando una carrera musical prolífica en la capital cántabra.

El músico ulloano compuso más de 150 obras a lo largo de su vida, en la que tocó diversos géneros y escenarios musicales. Y en muchas de ellas, el hilo conductor era el universo del que nunca se fue, y al que siempre regresó.

Así nacieron la Foliada de Melide, la Muiñeira de Antas de Ulla, Viva Camba, la Foliada de Palas de Rei o la Muiñeira de Priorada, dedicada al histórico grupo de gaitas melidao Os Garceiras.

La relación de Otero Val con sus orígenes no se reducía solo a su producción como compositor. El ulloano quería, necesitaba sentirse en contacto con su gente. Por eso todos los veranos regresaba a la que nunca dejó de ser su casa.

"El viña sempre moi contento. A pesar de levar moitos anos en Santander, continou pasando aquí os veráns. E cando viña prestábase a todo, todo o que tivera que ver coa música e co pobo, estaba disposto a axudar", narra Ánxela López.

El presente de Otero Val en la comarca -especialmente en Melide- va más allá de la simple veneración de una figura del pasado. "Algunha das súas pezas cantámolas nós agora", cuenta López.

Inma Castro, actual directora de la Coral Polifónica, recuerda que en el año 2013 se le rindió homenaje en la Semana da Música. "Froito Novo e a Coral Polifónica interpretamos conxuntamente varias pezas escritas por el. Foi un momento moi bonito porque acudiu a súa familia e estaban tremendamente emocionados. Foi un momento moi melidense e moi de Galicia", asegura Castro.

Su recuerdo es nítido en aquellos que lo conocieron personalmente, pero no lo es menos en todos los que a día de hoy disfrutan con su música. Y sería muy complicado determinar cuál de los dos casos es más impresionante.

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