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Al menos cinco crímenes en la provincia de Lugo similares al de Monterroso en los últimos 30 años

La policía judicial, en la casa donde se produjo el parricidio de Monterroso.J.VÁZQUEZ
La policía judicial, en la casa donde se produjo el parricidio de Monterroso.J.VÁZQUEZ

El perfil del parricida suele ser el de un hombre de mediana edad, desempleado y que vive con la víctima

MONTERROSO. El parricidio de un hijo a su padre o a su madre es un delito poco frecuente, de ahí la conmoción que provoca. En la mayoría de los casos, el parricida es un hombre (en proporción de 6 a 1 con mujeres) de mediana edad, soltero o separado, desempleado, que vive con la víctima y que se entrega justo después de perpetrar su acción. En el caso de Monterroso, el perfil coincide casi punto por punto.

En los últimos 30 años, en la provincia de Lugo se produjeron al menos cinco casos similares. El primero, en 1988, en la parroquia de San Román (Ribas do Sil). Un joven de 25 años acabó con la vida de su padre de un disparo de escopeta. Cuando se entregó a la Guardia Civil confesó que la situación en su casa era insoportable por el carácter autoritario y riguroso de su progenitor, motivo por el cual la madre ya se había marchado años atrás de casa. En el juicio, el parricida declaró que solo había querido asustar a su padre. Fue condenado a 20 años.

En Lugo capital se produjeron otros dos casos, en los años 1996 y 1999, con el nexo común que los inculpados fueron ingresados en centros psiquiátricos. El primero, en la calle Valle Inclán, donde un hombre de 47 años asfixió hasta la muerte a su madre, de 78. El segundo, en la calle San Froilán. En esta ocasión, el homicida, de 65 años, segó con un cuchillo el cuello de su madre nonagenaria. Ambos pasaron alrededor de una década en centros especiales.

En 2002, en la parroquia paramesa de Froilfe, una violenta reyerta familiar acabó con el fallecimiento de un hombre a manos de su hijo, al que había maltratado de pequeño. La Audiencia le impuso 12 años.

El último antecedente ocurrió en 2008, en Monforte. Un joven de 27 años utilizó una escobilla del váter para matar a golpes a su madre, de 50. En el juicio dijo que no recordaba nada y que la quería. Pese a estar lindando la esquizofrenia, fue condenado a ocho años de prisión, eso sí, con vigilancia psiquiátrica.

Pese a que periodísticamente se entiende como parricidio el asesinato del padre o la madre, en realidad se trata de cualquier homicidio sobre ascendientes o descendientes. La modificación del Código Penal en 1995 eliminó la figura del parricidio y a cambio introdujo como circunstancia que la víctima fuese familiar o cónyuge. La pena prevista oscila entre los 15 y los 20 años de cárcel.

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