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Pedro: ''La edad me daba miedo, pero no fue un problema''

Pedro y Silvia nunca se habían planteado adoptar hermanos hasta que Arela se puso en contacto con ellos. "Nuestra idea, como la de casi todos, era acoger a un bebé", recuerda Pedro, que sin embargo un año después se muestra "más que satisfecho" de haber dado un hogar a Aarón y Lena, dos mulatos de 8 y 12 años.

"Al principio lo de la edad te da miedo, pero no fue un problema. Recompensa el riesgo corrido porque no sabes lo que los niños te llegan a aportar", afirma este ourensano de 40 años, que anima a que más familias sigan sus pasos.

Aprender a vivir en familia
En su caso, la mayor dificultad a la que tuvo que enfrentarse junto a su mujer fue enseñar a los niños lo que era la vida en familia. "Estaban acostumbrados a hacer todo por su cuenta sin consultarlo con nadie y traían unos hábitos que costó un poco modificar, pero al final se adaptaron muy bien", explica Pedro, que recuerda emocionado que, a la semana de estar en casa, el pequeño Aarón ya le empezó a llamar papá, algo que a su hermana mayor le costó un poco más -"ella tardó un mes"-.

Y es que, tras pasar cuatro años de sus cortas vidas en un centro de menores, Lena tenía adquirido el papel de madre. "Cuando llegaron era ella la que reñía al niño, hasta que se dio cuenta de que esa labor era nuestra", relata Pedro, que celebra que, un año después, "ella sabe que ya hay quien vele por el pequeño y se ha despreocupado".

Miedo a los besos
Hasta la dificultad que tenían los niños al principio para mostrar cariño, "incluso dar un beso se les hacía extraño", se ha esfumado, lo que lleva al padre a afirmar que "todo ha merecido la pena".

"Ahora somos una familia normal, no son mayores los problemas que tengo yo con mis niños que los que afronta mi hermano con los suyos biológicos", concluye orgulloso este ourensano.

Pedro: ''La edad me daba miedo, pero no fue un problema''
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