Viernes. 21.09.2018 |
El tiempo
Viernes. 21.09.2018
El tiempo

Un chivato llamado El Chicle

José Enrique Abuín Gey, El Chicle. FACEBOOK
José Enrique Abuín Gey, El Chicle. FACEBOOK

Trascienden algunas de las conversaciones que José Enrique Abuín mantuvo con la Guardia Civil cuando ya había desaparecido Diana Quer

El confidente responde al nombre de José Enrique Abuín Gey, aunque hay quien le conoce como El Chicle. La conversación tuvo lugar el 24 de noviembre de 2016 y su transcripción trascendió el miércoles, tal y como expuso TVE. Las preguntas, respuestas y confidencias, en las que El Chicle esparce delitos como un aspersor, van desde el marisqueo furtivo hasta el narcotráfico. Pero, en realidad, de fondo está presente, de forma casi palpable, la sombra de un crimen ocurrido tres meses antes en la comarca y que nada tiene que ver con las confesiones de Abuín Gey: la desaparición en A Pobra do Caramiñal de una joven, Diana Quer.

En el balance del operativo que condujo a la detención de El Chicle, el coronel de la Unidad Central Operativa (Uco) de la Guardia Civil, Manuel Sánchez Corbí, explicó que se le seguía la pista como principal sospechoso desde noviembre de 2016, y que ese día 24 fue uno de los hitos que inclinó la balanza, ya que, al percatarse de que estaba sometido a vigilancia, contactó con un guardia civil para tratar de sonsacarle qué podían tener en su contra.

Su estrategia durante el encuentro da bandazos de un lado a otro, repartiendo implicaciones en relación a un puñado de delitos. En media hora, El Chicle etiqueta a una decena de narcos de la ría de Arousa, delata a pescadores furtivos, desvela hurtos de combustible e incluso ofrece en bandeja su culpabilidad en fechorías de bajo perfil. «Mira, yo anduve a las almejas mucho tiempo. Un año que estuvimos mal de pasta y tuve una temporada que anduve al gasoil, las cosas como son», admite. Un recorrido sinuoso que tiene un único destino. «¿Hay sospechas sobre mí?», inquiere tras traer a colación, de forma informal, la desaparición de Diana. «No, hay sospechas sobre todo Dios, claro», le tranquilizan los agentes. 

A El Chicle no se le templan los nervios. «Lo que es raro es que tardaran tanto en encontrar el teléfono, estando ahí», profundiza sin que nadie le pregunte. Andando la charla, termina por ubicarse en las fiestas de A Pobra junto a su mujer y remata aportando sus propias conjeturas. «Al final, se va a saber quién fue, eso está claro. Si el cuerpo estuviera en el mar, ese cuerpo tenía que estar fuera».

Y tenía razón. El cuerpo estaba fuera del mar. Concretamente en un pozo de una nave de Asados, en Rianxo, donde apareció bastante más tarde tras confesar él mismo la muerte de la joven madrileña.

Un chivato llamado El Chicle
Comentarios