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Tolerar la frustración

Niños jugando al fútbol. EFE
Niños jugando al fútbol. EFE

Los niños deben aprender a aceptar que no siempre se puede tener lo que se desea

CON LA LLEGADA del verano, el buen tiempo, las vacaciones y las incontables horas muertas a las que se enfrentan los niños, se hace más evidente que nunca un problema tremendamente actual: la baja tolerancia a la frustración de los pequeños.

La frustración es una emoción normal en los seres humanos que aparece cuando no se satisfacen los deseos o no se cumplen las expectativas. Como cualquier otra emoción, se debe permitir que los niños la experimenten y aprendan de ella, pues va a formar parte de su repertorio emocional durante toda su vida y es necesario que desarrolle las estrategias adecuadas para enfrentarse a ella.

La tolerancia a la frustración es la capacidad aprendida de aceptar que no siempre se puede tener lo que se desea y que no siempre va a ocurrir lo que se quiere, lo merezcamos o no.

No entrenar la tolerancia a la frustración puede desencadenar falta de madurez y personalidad caprichosa en los hijos

Como cualquier capacidad es entrenable, por lo que, si se les consiente a los niños todo lo que quieren, independientemente de si lo merecen o no, se acabarán convirtiendo en personas carentes de esta capacidad. Esto se traduce en pataletas y berrinches cuando son más pequeños, y en fragilidad, falta de madurez y personalidad caprichosa cuando crecen.

La frustración debe ser canalizada y transformada en algo positivo, de modo que les sirva para esforzarse más a la hora de alcanzar sus metas, en lugar de aceptar el primer impulso de tirar la toalla cuando no se cumplen sus expectativas.

Pero no siempre se conseguirá obtener lo que se quiere o se merece, porque vivimos en un mundo inconstante e incierto, que muchas veces no es necesariamente justo. Esto es una de las cosas que se deben transmitir a los pequeños, siempre combinando el positivismo y la realidad.

Buscaremos momentos de calma para hacerles saber que hay frustraciones inevitables, que no se alcanza todo lo que se desea

CÓMO HACERLO. En primer lugar, debemos ser un buen modelo para nuestros hijos. Si no aceptamos la demora, si queremos todo inmediatamente, si nos enfadamos porque las cosas no van como queremos... les demostraremos nuestra baja tolerancia a la frustración. En segundo lugar, hay que aceptar sus emociones de tristeza, rabia o enfado cuando no alcanzan lo que desean y ayudarles a recuperar el bienestar a pesar de no tener lo que quieren.

En tercer lugar, no se debe ceder a pesar de sus manifestaciones emocionales y sus ruegos. Necesitan encontrar nuestra fortaleza, eso les da mucha seguridad y les ayuda a calmarse antes.

En cuarto lugar, buscaremos momentos de calma para hacerles saber que hay frustraciones inevitables, que no se alcanza todo lo que se desea ni se resuelven con éxito todos los problemas, pero aún así debemos seguir.

En quinto lugar, procuraremos marcarle objetivos, caminos o maneras de alcanzar lo que desea adaptados a sus capacidades y edad. Darle recursos para hacer el camino y llegar a la meta, enseñándole a ser perseverante. A veces es difícil alcanzar las metas, pero más difícil es si las abandonamos a medio camino.

Y por último, debemos enseñarle a pedir ayuda y cuándo deben hacerlo. Tenemos que jugar entre lo que él es capaz de hacer por sí mismo y lo que puede alcanzar con pequeñas ayudas, para que así aprenda nuevas habilidades que le ayuden a canalizar la frustración que pueda sentir.

Como educadores, es imprescindible saber decir "no" a los niños
Como educadores es necesario saber decir "no" a los niños cuando es necesario, y esto en muchas ocasiones se convierte en una tarea difícil que genera culpabilidad en los padres, pero esto no debe ser así.

Podemos decirle a los hijos o hijas "no te puedo comprar esto", "no podemos ir a este sitio al que tienes ganas de ir", "hoy no tengo tiempo de jugar contigo", "no puedes comer helado antes de la cena"... aunque ellos se vuelvan insistentes y midan nuestras fuerzas y resistencia. Porque esta es la idea que se debe transmitir a los niños: no siempre se puede tener lo que se desea.

En ocasiones es necesario explicarles el porqué de no poder obtener lo que quieren para que no interpreten nuestras negaciones como faltas de afecto o como hechos injustos.

Sin embargo, no se pueden convertir las obligaciones como padres o educadores en justificaciones constantes o en chantajes, porque hay ocasiones en las que simplemente los niños no obtendrán algo porque no se puede o no es conveniente para ellos.

Pero querer educar a unos niños sanos, estables emocionalmente y con tolerancia a la frustración nunca debe traducirse en un estilo de crianza autoritario ni en una negativa a la hora de cumplir las demandas de afecto.

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