Carmen Romero: "La risa es un buen mecanismo de defensa"

La cómica abre la puerta del humor para huir de la realidad, cuando la carcajada es el único grito que la tristeza no logra ahogar.
Carmen Romero. JAVIER OCAÑA
photo_camera Carmen Romero, con su libro. JAVIER OCAÑA

Estaba en casa cuando su hermano saltó por la ventana de un 13º piso. Verlo tirado en la calle no era suficiente para creerlo. Carmen Romero se lo tomó con humor. Su mecanismo de defensa se desató y comenzó a bromear, a luchar por mantenerse a flote en el mar de la locura. En Esto no está pasando cuenta su travesía.

Lo de reír por no llorar en su caso es literal.
Pues sí. Después de lo que vivimos en 2016 con la muerte de mi hermano Miguel y el proceso de duelo, con el tiempo, pensé que era una historia que merecía ser contada a la gente, que podría ayudar. Desde la editorial Planeta me lo proponen y me parece buena idea. Desde niña quería escribir un libro, pero nunca me lo había planteado en serio.

Imagino que no habrá sido fácil revivir los detalles de la historia para escribir sobre ella.
No fui muy consciente de esa necesidad de revivirlo todo porque pensé que yo ya lo había pasado, pero cuando me puse a escribir me tuve que meter de lleno. En medio del proceso me di cuenta de lo que estaba suponiendo para mí. Fueron meses muy duros, pero escribir me ha ayudado. Lo noto ahora, en el momento de las entrevistas sobre el libro. No me había parado a pensar que iba a tener que hablar tanto de ello. Las cosas en mi cabeza se asientan. Todo es más real y está más colocado y organizado. Eso ayuda a aceptar.

Es capaz de afrontar con humor lo que no hace ninguna gracia.
El humor para mí es humanamente útil, forma parte de mi forma de ser. Me río de todo, es mi respuesta ante lo bueno y ante lo malo. La risa es un modo de desahogar, de liberar tensión, mi mecanismo de defensa. Soy de esas que hacen bromas en un momento tenso.

El suicidio de mi hermano era una locura, no lo podía creer y mi respuesta fue hacer chistes

Cuando su hermano se suicida, ¿cómo reconduce la situación hacia el humor?
Desde el primer momento me salía sin pensar. Todo era una locura y mi respuesta fue hacer chistes, no me podía creer lo que estaba pasando.

¿Qué pretende con este libro?
Pretendo ayudar a quien haya pasado por algo así y a quien tenga un problema de salud mental. Quiero llamar la atención sobre las enfermedades mentales a partir de lo que le pasó a Miguel. Pretendo hacer reír y dejar claro que hay esperanza porque, después de todo, aquí seguimos.

Habla de suicidio y de salud mental con humor, pero ya es hora de tomarlo en serio.
Totalmente. No solo la muerte es tabú, también el miedo, el duelo. Las tasas de suicidio no mejoran, algo está fallando. Y en cuanto a la salud mental, hay que rebajar el estigma y tratar los problemas como la enfermedad que son, no como algo malo de lo que haya que avergonzarse. Hay que darle otro significado y hablar es sanador.

Al leer su libro se produce una sensación rara porque suscita la risa en escenas terribles. 
Cuando yo me río de algo que para mí es terrible le doy libertad al lector para hacerlo, le hago cómplice. No me río de mi hermano, no es una burla de su muerte, sino que me río para no volverme loca ante una situación tan dolorosa. Es una forma de liberarme, aunque también he necesitado mucha terapia y mucha ayuda para llegar hasta aquí.

El humor es humanamente útil. Soy de esas que hacen bromas en un momento tenso

Imagino que si usted se puede reír de un tema tan duro es posible encontrar el punto cómico a cualquier cosa. ¿Nos estamos hundiendo en dramas innecesarios?
Creo que a cada uno le afectan las cosas de distinta manera. Yo simplemente apunto que el humor puede ayudar a superar malos momentos. Es cuestión de valorarlo como una herramienta a tener en cuenta y que puede ayudar a restar dramatismo a las situaciones difíciles. En mi caso, forma parte de mi modo de ser, pero para cualquier otra persona lo que propongo es abrirse a esa posibilidad, saber que el humor está ahí y que puede echar una mano.

Usted descubrió que no todo en la vida tiene sentido.
No lo tiene, pero el cerebro está programado para buscar el porqué de todo. Hay explicaciones que no están a tu alcance.

Usted opta por reírse, pero también hay que llorar.
El duelo tiene sus tiempos. Hay cabida para la risa y el llanto. Uno no quita lo otro. Yo sigo llorando hoy, me sigue doliendo. El dolor por la muerte de Miguel no se me pasa, pero he aprendido a llevarlo de distinta manera, ya no me incapacita y vuelvo a tener ilusión.

¿Qué tiene entre manos a nivel laboral?
Estoy con un monólogo que está funcionando muy bien y es un formato de espectáculo que me encanta porque me permite ver la reacción de la gente. Además, tengo el podcast 'Odio a la gente', con Bianca Kovacs, y nos lo pasamos genial.

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