José Ángel Abraldes: "La Red nos abre puertas a la cultura"

Poesía con las yemas de los dedos

Que no puedan ver no significa que no disfruten de los libros. Tres pontevedreses con discapacidad visual explican su relación con la lectura a través del braille u otros sistemas que les permiten escuchar los textos, que se reproducen gracias a las nuevas tecnologías y a dispositivos electrónicos
Abraldes muestra algunos libros en braille
photo_camera Abraldes muestra algunos libros en braille

"La poesía. Eso sí me gusta leerlo en braille. Las novelas prefiero escucharlas, pero la poesía requiere calma, reposo, reflexión...". José Ángel Abraldes utiliza el tacto de la punta de sus dedos para descifrar poemas. Es invidente y esta es una de las formas que tiene de acceder a la cultura, a las historias o al conocimiento. Además del tacto, el oído también le es de utilidad, ya que las personas con discapacidad visual tienen la opción de escuchar las historias mediante un programa que lee los textos en formato digital llamado TLO (con una voz artificial) o mediante grabaciones de la lectura de otras personas (el conocido como sistema Daisy).

Leer con el tacto no es difícil, pero requiere afinar la piel de las manos. A cualquier persona le costaría saber si debajo de sus dedos hay uno o dos puntos, si están a la derecha o a la izquierda, más arriba o más abajo. Pero José Ángel descifra el título de cada libro de la biblioteca del Centro de Recursos Educativos de la Once en Pontevedra (que él mismo dirige) solo con una leve y rápida caricia por la cubierta. Conoce cada palmo del edificio y se mueve por sus pasillos con soltura.

Ya en su despacho, muestra algunas de las herramientas que ayudan a las personas invidentes a acceder a los contenidos. Todo un mundo de aplicaciones informáticas y dispositivos electrónicos que bien adaptan los textos a braille o los ‘leen’, es decir, los transforman en sonido.

Solo un 12% de las personas con discapacidad visual saben leer en braille. Las demás conservan un resto visual que les permite leer textos adaptados (con la letra grande) ayudados de herramientas ópticas como lentes especializadas o lupas. Para los que no pueden ver nada, el braille es fundamental. No solo para recrearse en la lectura y tener acceso al conocimiento. También para coger un ascensor, diferenciar los medicamentos o hacer la compra en el supermercado.

Sin embargo, hay personas que se quedan ciegas por algún problema de salud cuando ya son mayores y a las que les cuesta más aprender a leer. Sin embargo, la Once promueve y defiende el uso del braille entre sus afiliados, ya que lo considera una herramienta fundamental para el día a día de una persona con discapacidad visual. Por el mismo motivo, promueve la implantación masiva de este código de comunicación en todos los productos de uso cotidiano y su etiquetado.

Al mismo tiempo, la entidad produce adaptaciones al braille de los libros de texto que utilizan sus afiliados más jóvenes en los colegios. Desde envases de medicamentos hasta los botones del ascensor, desde champús a cartas de restaurantes, el braille se hace cotidiano. Son muchas las empresas que ya han adoptado la rotulación en braille en sus productos, y la Once pretende que, poco a poco, se vayan uniendo muchas más.

El caso de los medicamentos es quizá el más obvio, por las repercusiones que puede tener tomar un fármaco equivocado -y de ahí que la nueva Ley del medicamento haya hecho que esta medida sea de obligado cumplimiento-. Pero hay muchos otros productos de la vida cotidiana que, si estuvieran correctamente etiquetados en Braille, facilitarían las cosas a las personas ciegas y con discapacidad visual.

La propia Once considera el braille como un sistema vigente e insustituible, por mucho que avance la tecnología. Solo un 12% de las personas con discapacidad visual leen en braille, las demás conservan algo de vista que les permite leer en tinta Leer en braille es leer de verdad y te sirve como práctica para la escritura, porque si no lo haces pierdes soltura»

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