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Un peligroso calamar

Atuendo de guardián en 'El juego del calamar'. DON DISFRAZ
Atuendo de guardián en 'El juego del calamar'. DON DISFRAZ

Padres y educadores alertan de que los niños juegan de forma violenta tras ver una exitosa serie no adecuada para su edad

La plataforma Netflix ha vuelto a dar en el clavo y está alcanzando unas audiencias astronómicas con El juego del calamar, una serie polémica porque incluye abundante violencia explícita y ha logrado captar el interés del público infantil. ¿Cómo? Ofreciendo un producto de fácil consumo, con el juego como señuelo y la competición como atractivo.

Un grupo de gente rica organiza una competición en la que personas con serios problemas económicos compiten por un premio en metálico. Deben superar una serie de pruebas que consisten en juegos infantiles tradicionales coreanos. Quien pierde, muere o, para ser más precisos, lo matan.

Niños de todo el mundo han empezado a reproducir en sus juegos los comportamientos violentos que ven en la serie y padres y educadores han entrado en pánico, sorprendidos por una reacción más que previsible.

El juego del calamar es una producción no recomendada para menores de 16 años, por lo que es fácil suponer que pocos beneficios tendrá para niños menores de esa edad. En este punto, el debate está servido: ¿Quién es el responsable de los comportamientos agresivos de los niños: un producto recomendado para mayores o los padres que permiten a sus hijos consumirlo?

La serie se ha propagado como el fuego, avivado por las críticas que ha recibido. Incluso ha llegado a prohibirse, coincidiendo con la celebración del Samaín, el uso en los colegios de disfraces relacionados con la trama en cuestión.

María Valcárcel, periodista y gestora cultural, lo tiene claro: "Prohibir no es la solución porque eso genera todavía más interés, tiene efecto rebote".

El problema no es la violencia de la serie, sino el acceso de menores a esos contenidos

En su opinión, "el problema no es la violencia de la serie, sino el acceso de menores a esos contenidos". María Valcárcel explica que "la serie es violenta, pero no más que otras. He visto cosas peores. El problema de base es social, está en las casas, en el sistema educativo... Se permite que menores tengan acceso sin control a todo tipo de dispositivos electrónicos. Pasa con todo lo que circula por internet. Algunos no tienen edad ni formación suficiente para distinguir entre ficción y realidad y ahí surgen los problemas".

Esta serie sigue los cánones del éxito de la industria audiovisual de estos tiempos. "La clave está en el planteamiento. Es un producto de consumo fácil, no profundiza en nada. Todo es juego y violencia", apunta Valcárcel.

La polémica suscitada en torno a El juego del calamar es suficiente para garantizar su éxito. "La calidad no es buenísima. Si quieres ver crítica social puedes, pero sin profundizar demasiado. Es gente forrada que se aburre e inventa un juego con sujetos, en lugar de objetos. Pero nada nuevo, siempre hubo indios y vaqueros y los niños jugaban a matarse. El peligro es el acceso de menores sin control a contenidos que no pueden entender, no la serie en sí", sostiene María Valcárcel.

Los expertos recomiendan limitar el acceso de los niños a contenidos no adecuados para su edad. Si se sienten atraídos por ellos, darles alternativas de ocio y explicarles los motivos por los que son inapropiados. Evitar el consumo de productos nocivos es la única solución, pero se ha demostrado que prohibirlos contribuye a incrementar la demanda.

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