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Paliza de los precocinados al 'healthy': los ultraprocesados contra la dieta mediterránea

Productos alimenticios en un supermercado. PIXABAY
Productos alimenticios en un supermercado. PIXABAY
En una década se redujo el consumo de alimentos frescos, pescado, patatas, pan y aceite de oliva

En esta década, los españoles han cambiado su forma de comer en consonancia con cambios sociales, como el mayor número de singles, el aumento de la demanda de productos más saludables, pero también de platos preparados y más información sobre lo que se consume: una revolución que no ha afectado solo los consumidores, sino a toda la industria agroalimentaria.

Los cambios en alimentación son un proceso lento, pero en este periodo se constatado un aumento en el interés por la alimentación, con un consumidor que se informa más de la valoración nutricional y de otros aspectos relacionados con el etiquetado, según la Fundación Española de la Nutrición (FEN).

También van en consonancia con lo que se vive desde los 2000, con la reducción en la compra de pan, patatas, aceite de oliva y naranjas en los hogares españoles, "alimentos característicos de la dieta tradicional Mediterránea", explican a Efeagro fuentes de la entidad.

Ha cambiado la propia pirámide nutricional, con un mayor hincapié en la actividad física, el equilibrio emocional, el balance energético, las técnicas culinarias saludables y la ingesta de agua, todo ello para enfrentar unos retos que "no han cambiado mucho, ya que una gran parte de la población sigue sin tener los recursos necesarios para confeccionar y llevar a cabo una dieta saludable". 

Pero los cambios de alimentación no solo afectan a nuestras mesas, también a la industria agroalimentaria, que ha tenido que adaptarse a los cambios de demanda que generaban los consumidores.

La Asociación Interprofesional Española de Carne Avícola, Avianza, explica a Efeagro que esta última década ha vivido "un doble fenómeno" entre los consumidores, que no solo afecta a la carne de ave -la más consumida en España, con más de 1,7 millones de toneladas producidas-, sino a todas, en general.

El secretario de la entidad, Jordi Monfort, detalla que, por una parte, "se ha reducido el consumo de carne fresca en los hogares españoles, con un descenso en torno al 17 %", debido principalmente al aumento de dietas con más ultraprocesados y menos frescos, pero, por otro lado, se ha registrado una tendencia "en parte de la población a volver a consumir productos más naturales". 

Esta segunda tendencia está ligada al movimiento healthy (saludable) y al descubrimiento del trabajo de los productores locales, a los "que ven como un representante de lo auténtico". 

También han tenido que combatir bulos, que compaginan con el cumplimiento de una "regulación actual muy estricta al respecto" en España y la Unión Europea, la investigación en genética y el impulso de campañas para visibilizar las acciones del sector por la salud humana y el bienestar animal.

La Federación de Asociaciones Detallistas de Pescado (Fedepesca) define como "auténtica revolución" el cambio en la alimentación, que "no necesariamente significa que haya ido hacia mejor", como explica su directora, María Luisa Álvarez, ya que en el país "presumimos de una dieta que vamos abandonando". 

Un abandono cada vez mayor de productos frescos, aumentan los platos listos para el consumo y la comida online son, para Álvarez, tres de los grandes fenómenos que ha generado el consumidor.

Y también pone el acento en que un mayor acceso a internet tampoco ha sido sinónimo de una población más informada, sino de la aparición de muchos bulos: "Es curioso que en la era de la superinformación no hay tanta comprensión", lo que genera la proliferación de bulos que van en detrimento del consumo de pescado, al contrario de lo que recomiendan las autoridades.

"El descenso del consumo de productos pesqueros es incesante", sentencia Álvarez, quien recuerda que los españoles han reducido cinco kilos al año la ingesta de pescado en el hogar -que con los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación es de en 22,5 kilos al año-.

Aunque recuerda que la reducción es menor entre personas mayores o en parejas de "cierto nivel económico, pero muy preocupante" en parejas con niños pequeños.

"Es un problema porque los hábitos alimenticios se fijan en la infancia y en la juventud", recuerda la directora, y es un consumo que va a la baja y no se compensa con el consumo fuera de casa.

Por su parte, la Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados (Asefapre), confirma que esta década ha supuesto un aumento en su consumo, del 8,7 por ciento en volumen en el año pasado.

Su secretario general, Álvaro Aguilar, resalta que "pese a que, durante los últimos años, las cifras han ido en crecimiento constante, sí que es cierto que el cierre de la hostelería tuvo un impacto importante para el sector el año pasado". 

Esta década también ha supuesto un reto para la cadena alimentaria, que se ha adaptado para ofrecer "soluciones rápidas, cómodas, y saludables" para los que no tienen mucho tiempo para cocinar mientras trabajan, viven solos, quieren comer de forma sana, seguir dietas veggies o experimentar con nuevos sabores.

Las fuentes coinciden, eso sí, en que aunque la pandemia ha devuelto el interés por lo fresco y los productos locales todavía hace falta más comunicación sobre la importancia de una dieta equilibrada para evitar problemas y enfermedades como la obesidad, que sigue aumentando. 

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