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Mercedes de Santaló: "Es clave entender que el niño es el reflejo de lo que vive en su casa"

Mercedes de Santaló. XESÚS PONTE
Mercedes de Santaló. XESÚS PONTE
Las familias actuales son una olla a presión. Para ayudarlas está Mercedes de Santaló y su formación en disciplina positiva

Mercedes de Santaló Ossorio es la lucense que está detrás de Supercamuchita, un espacio desde el que esta educadora en disciplina positiva certificada en familias, aula y primera infancia echa una mano en el difícil camino de la crianza y la convivencia doméstica. A través de talleres y sesiones online y presenciales despliega un abanico de alternativas para enfrentarse a las rabietas, proponiendo una educación con firmeza y cariño y al cuidado de las familias.

Empecemos por el principio, ¿qué es la disciplina positiva?
Esto no es un método que sigues unos pasos y todo se soluciona, es un cambio más profundo que se corresponde con una forma de entender la vida y las relaciones humanas de igual a igual. Se trata de abordar la educación y las relaciones sociales desde el respeto. Aborda cuestiones como saber cuáles son mis límites y los tuyos, herramientas para transformar los retos o las situaciones que se presentan en oportunidades para adquirir habilidades en todos los campos. Nace vinculada al hogar y a las relaciones entre padres e hijos, pero también es válida para la escuela, para el trabajo o para la empresa.

No hay una edad para empezar con la disciplina positiva; pero cuanto antes, mejor

¿Hay una edad para comenzar?, ¿con un hijo de siete años o un adolescente estamos a tiempo de incorporar la disciplina positiva?
Siempre digo que cuanto antes mejor, pero no hay una edad. Llegan padres de adolescentes y personas que todavía no tienen hijos. La clave de todo está en entender que en función de cómo estemos nosotros, los adultos, estará el niño. Si estamos equilibrados y nos respetamos, el niño también estará equilibrado y respetará. Los niños son el reflejo de lo que viven en su casa.

¿Podemos hablar de unos pasos de iniciación para padres?
Prefiero no hablar de pasos, porque no es un proceso que haces esto, eso y lo otro y ya está. Aquí hay muchos ingredientes. El primero de ellos es el autocuidado. Los adultos tenemos que mirar a nuestro interior y ver cómo estamos, qué necesitamos. Centrarnos en nosotros y, por ejemplo, si nos vemos saturados hay que tachar cosas de la agenda. Los padres buscamos una receta para poner en práctica con los demás, con nuestros hijos, pero el primer cambio está en nosotros. Cuando nosotros estamos bien podemos mejorar nuestro autocontrol y nuestra capacidad de asumir situaciones complicadas. Es complicado mirar en el interior de uno mismo, pero es básico.

¿Cómo debemos cuidarnos?
Aquí es fundamental el papel, por ejemplo, de la pareja. Que la otra parte detecte nuestras necesidades o hacérselas saber. El padre tiene que darse cuenta cuando la madre necesita descansar, tomarse tiempo, hacer algo que la motive, y viceversa. Reconozco que a veces todo esto, especialmente la parte de autoconocimiento, cuesta y por eso hay talleres para trabajar mucho en esta inmersión interior.

Decía que la disciplina positiva propone herramientas para gestionar conflictos, por ejemplo, las rabietas.
La rabietas son un momento tan complicado que buscamos soluciones y aquí la disciplina positiva aporta varias herramientas. Primero hay que entender que la mayoría de las rabietas son emociones intensas. El cerebro del niño se queda destapado y somos los padres los que tenemos que ayudarle a pasar esa emoción intensa de la mejor manera posible. Lo importante es conectar con el niño, validar su emoción y estar con él. No se trata de darle el caramelo que pidió o cumplirle el antojo que tiene. Se trata de decirle que no puede tomarlo, pero acompañarle en el llanto y el enfado y después redireccionarle. Primero acompañarle mientras se calma, arroparle y cuando pase el momento crítico redireccionarle y explicarle que es normal que tenga esos sentimientos, que a todos nos pasan esos momentos y que tiene alternativas, como llorar o expresarse, pero que no debe golpear ni hacerse daño. Generaciones como la nuestra venimos del "no pasa nada", del "es una tontería o es capricho". Pero es que no les dejamos llorar a los niños: no pueden llorar cuando se lastiman, no pueden llorar en casa ni en el colegio y acumulan una ansiedad intensa que tienen que gestionar, hay que dejarles soltar toda esa emoción.

La rabieta es una emoción intensa que el niño no controla y precisa que le ayudemos

El reloj trae locos a los padres. A la hora de salir de casa, un hijo se mancha y el otro no quiere ponerse los zapatos. ¿Qué se hace?
Para eso también hay herramientas. La disciplina positiva está orientada a buscar soluciones, a establecer límites y valorar consecuencias. Si todos los días se nos complica la hora de salir de casa habrá que pensar alternativas, hacer una lluvia de ideas. Podemos levantarnos antes o eliminar alguna tarea para que no se acumulen tantas cosas en un determinado momento del día. Si nuestro hijo nunca quiere ponerse los zapatos habrá que ver primero la razón por la que no quiere y luego enfocar una solución desde el respeto. Explicarle que salir descalzo a la calle tiene unas consecuencias, pero explicárselo bien.

¿Cómo se explica bien?
Con buen tono, sin crispación. Debemos evitar frases como el "ya estás otra vez, pero no ves que vas descalzo, mira lo que haces…" y optar por el "mira, te ayudo, porque si pisas descalzo en la calle te harás daño, te mojarás los pies...". Plantear la situación como una consecuencia, no como un castigo, porque en la consecuencia está el aprendizaje y en el castido no hay aprendizaje. La diferencia está en nuestra actitud, si en ese momento de puro estrés logramos comunicarnos con él sin perder los nervios lo estaremos haciendo bien.

¿Qué pasa con la disciplina positiva cuando entran en juego los abuelos u otros miembros de la familia, que optan más por una educación convencional?
Esto también hay que gestionarlo desde el respeto. ¡Hay que hacer disciplina positiva con toda la familia! Si alguien hace algo que no nos gusta hay que plantearlo con delicadeza, sin generar conflicto de primeras. Es importante valorar dónde está el problema, si en la situación en sí, que no queremos permitir; o si en nosotros, que estamos hasta arriba y cualquier cosa nos hace saltar. Cuando estamos seguros de que es algo que no queremos permitir, como por ejemplo si no queremos que les den dulces a escondidas, no queremos que los asusten con que va a venir el coco y comerles la comida … pues hay que poner límites de buenas maneras.

¿Y si no funcionan?
Si los límites no funcionan se pueden plantear descansos en las relaciones o evitar esos contextos. ¿Que no queremos que coma tanto chocolate?, pues evitamos visitar a los abuelos a la hora de la merienda y buscamos otro momento. En los temas secundarios hay que tener algo de transigencia y en los prioritarios es conveniente poner límites y tomar decisiones siempre desde el respeto. Nos pasa con los abuelos, pero también nos pasa con la propia pareja. No podemos controlar a los demás ni a nuestras familias, hijos, parejas... y ayuda mucho abordar las situaciones en conjunto.

¿Qué pasa cuando llegan al colegio? Allí no hay disciplina positiva.
Lamentablemente está poco integrada o lo está de manera aislada. Hay docentes, de manera aislada, muy concienciados con ello. En unos años habrá un cambio, pero estamos muy en los inicios.

¿Y qué se puede hacer cuando castigan a un niño en el rincón de pensar y eso no encaja en la forma de educar de los padres?
Si no nos gusta la manera de gestionar los conflictos que tiene el profesor con nuestro hijo podemos acercarnos a este con respeto y aportar soluciones. Como profe sé que la actitud con la que entra un padre en el aula también nos condiciona. Si los padres llegan ariscos, el profesor se pone a la defensiva y no hay punto de acuerdo. Si llegamos en plan, "mira pasa esto a ver si logramos una solución entre los dos", va a colaborar. Si le planteamos, por ejemplo, que en el rincón de pensar pueden sentarse los dos y el profesor ayudarle a pensar al niño, pues es un primer paso.
 

Una nueva forma de relacionarse

→ El origen
La disciplina positiva se basa fundamentalmente en el trabajo de Alfred Adler, psiquiatra, quien creía que el comportamiento de los seres humanos se asienta en su deseo de mejorar su situación en la vida y que todos los seres humanos, incluidos los niños, son iguales, merecedores de dignidad y respeto. Rudolf Dreikurs, discípulo de Adler, desarrolló trabajos sobre la Psicología Adleriana, llevándolos a la práctica y convirtiéndose en un firme defensor de la necesidad de enseñar a padres y profesores medios eficaces para ayudar a los niños y a las familias.

→ En la actualidad
La obra de Adler y Dreikurs fue adaptada y ampliada por Jane Nelsen y Lynn Lott para hacer frente a las necesidades de las familias, las escuelas y los niños de hoy a través de talleres vivenciales. En la actualidad esos talleres los imparten los educadores de disciplina positiva certificados por la Positive Discipline Association, de Estados Unidos.

→ En España
La Asociación Disciplina Positiva España (Adpe) está formada por profesionales certificados en disciplina positiva por la Positive Discipline Association. Es una asociación profesional, sin ánimo de lucro, que nace en 2015 y trabaja para crear relaciones responsables y respetuosas en la comunidad, lo que incluye al hogar, los centros escolares y las empresas.

→ Madre de dos hijos y profesora
Además de educadora en disciplina positiva, Mercedes de Santaló es profesora especialista en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje desde hace más de 17 años pero, según ella misma afirma, "ante todo soy madre de dos niños que me obligan a hacer un máster diario de herramientas de autocontrol»"

→ El punto de partida
"Conocí la disciplina positiva cuando nació mi segundo hijo. Me vi desbordada, tenía reacciones con la mayor en las que no me reconocía y se me hacía duro ser bimadre. No lo estaba disfrutando, así que busqué soluciones. Hice un curso online con Tania García sobre educación respetuosa pero no me convencía del todo porque la educación respetuosa pone al niño en el centro de todo ¿y yo, dónde quedaba? Avancé en autorreflexión y autonococimiento y llegué a la disciplina positiva, que es también educación respetuosa, pero el centro no solo el niño, es el respeto entre tú y el niño, ambos al mismo nivel. Empecé a formarme y encontré la paz que buscaba, y así empezó a desaparecer esa culpa que sentía porque en casa había riñas", explica la profesional.

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