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Desde el corazón de la pandemia

Un vacío Paseo de la Castellana a la altura de la Plaza de Castilla, durante las restricciones de movilidad. J.J. GUILLÉN (EFE)
Un vacío Paseo de la Castellana a la altura de la Plaza de Castilla, durante las restricciones de movilidad. J.J. GUILLÉN (EFE)
Los lucenses asentados en Madrid cuentan cómo viven las restricciones y las polémicas de esta segunda ola de coronavirus

EL AUMENTO de los contagios de coronavirus en Madrid (más de mil por cada 100.000 habitantes) obligó a endurecer las medidas de seguridad en la capital. Durante gran parte de esta semana se limitaron los desplazamientos en las localidades de Alcalá de Henares, Alcobendas, Alcorcón, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Torrejón de Ardoz, Móstoles, Parla y Madrid capital. Las restricciones afectaron a todos los sectores y solo se permitió entrar y salir en las áreas señaladas en aquellos casos debidamente justificados. Las nuevas normas llegaron en un momento de gran crispación política y de un elevado nivel de enfrentamiento entre los gobiernos central y autonómico, con un proceso que terminó con la intervención del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Los lucenses asentados en la capital cuentan cómo han vivido las últimas jornadas.

José Ramón Rodríguez tiene sus raíces en la parroquia de Bolaño (Castroverde) pero lleva toda su vida en Madrid, donde su abuelo puso en marcha el emblemático restaurante Manolo 1934. El local está ubicado en la calle Princesa y es una referencia en el sector de la cocina tradicional madrileña y gallega. José Ramón es la tercera generación de la familia en el negocio, al que ya se ha incorporado su hijo Manuel.

Rodríguez argumenta que la situación en Madrid es "desastrosa". Así, sin paliativos. La gente precisa moverse para ir a trabajar y ello provoca que los transportes públicos vayan "literalmente abarrotados y tenemos índices de contagio muy altos".

La situación en la hostelería no está mejor. "Hay que salir solo a lo imprescindible y tomarse una caña o ir de restaurante no lo es. Hay miedo y lo entiendo", dice.

Los aforos en las terrazas están al 50% y en sala también, pero las barras no pueden tener clientes. Además, solo se admiten reservas hasta las 22.00 horas y a las 23.00 debe estar todo cerrado.

José R. Rodríguez. Hostelero
"Llevamos meses de pérdidas. Estamos tirando de ahorros porque queremos aguantar"

El Manolo 1934 es una referencia a la hora de degustar cocido, callos y platos típicos. Sus clientes son los propios madrileños, gallegos y los turistas de interior y de cercanía. José Ramón asegura que llevan "meses asumiendo pérdidas. Nuestro modelo de negocio es conservador, así que llevamos tirando de ahorros todo este tiempo. Intentaremos aguantar al máximo porque queremos salir adelante. Somos una familia de luchadores y en estos 90 años el restaurante ha vivido una guerra, una postguerra y muchas crisis económicas, así que no vamos a tirar la toalla", sentencia.

El Manolo 1934 tiene 18 trabajadores que en un primer momento fueron a un Erte, pero ahora están incorporados a la rutina. "Aquí somos una gran familia y un Erte es una putada para todos, así que decidimos rescindirlo y aplicamos otra política. Ajustamos horarios y salarios y ello hace que la plantilla cobre menos que antes, pero más que en el Erte", añade.

Con todo, está siendo complicado. Están en plena temporada de cocido y en un fin de semana normal tendrían que haber servido unos 200 platos entre sábado y domingo, pero el pasado fin de semana no llegaron a 30. "Con esas cifras nos sobran mesas, nos sobran trabajadores, fuegos, cámaras... Estábamos dimensionados para un volumen de trabajo que ahora se ha quedado en un tercio de lo que teníamos. Contábamos con que en otoño comenzasen a cuadrar los números, pero llegó la segunda ola de covid y estamos soportándola como podemos", apunta.

A eso hay que sumar la situación emocional. "Tenemos amigos que se han quedado en el camino. En los últimos días hemos ido a dos funerales de gente muy querida que se la llevó el covid". Con todo, este hostelero y su hijo pondrán todo de su parte para seguir adelante. "Con mi hijo al frente del negocio, este verano aproveché para viajar mucho a Bolaño (Castroverde) y eso te da un poco de distancia y de fuerza para pensar y para asumir mejor todo lo que nos está llegando ahora. El covid ya lo ha cambiado todo. Ahora Madrid está en un momento durísimo y creo que muchas cosas, especialmente la forma de relacionarse, se quedarán para siempre en nuestros hábitos sociales", concluye.

ESCÉPTICO. El periodista Jenaro Castro, vinculado a Televisión Española y natural de Pol, está de nuevo en Madrid después de una escapada el pasado fin de semana para participar en el foro de A Toxa. Las restricciones que se implantaron en la capital llenaron precisamente ese viaje a Galicia de incertidumbre. "Os días previos non tiña claro que puidese saír de Madrid e, unha vez en Galicia, non tiñamos claro se habería problemas para entrar de novo. Pero todo foi con normalidade", explica.

Durante el confinamiento de marzo, Jenaro Castro y su equipo teletrabajaron, pero en esta segunda ola, por el momento, mantienen el trabajo presencial. Están con un documental sobre covid, con entrevistas y el formato presencial les aporta mayor calidad.

Jenaro Castro. Periodista
"Vexo que a xente acata as medidas de seguridade. Os cidadáns cumpren, os políticos non"

En los días que duraron las restricciones de movilidad, Jenaro Castro encontró el mismo tráfico que en cualquier otro. "A xente estivo saíndo a traballar coma antes", indica.

El periodista lamenta las restricciones del Ministerio de Sanidad, ya que cree que se tomaron "sin agardar os resultados das anteriores medidas que xa mostraban unha tendencia a diminuír o número de contaxios". También le duele la disputa política a la que se asiste, "porque non axuda nada ao cidadán" y resalta la responsabilidad social y colectiva como la clave para controlar la pandemia: "Vemos que a xente está acatando, en xeral con dilixencia, todas as medidas de seguridade. A xente cumpre, pero os políticos non o fan".

En su familia han sido especialmente estrictos con los protocolos y han minimizado los contactos al máximo, ya que su madre tiene una edad avanzada. Por el momento no han sufrido ningún caso entre los parientes más cercanos. "Antes do peche de marzo estiven nun par de actos con xente que se contaxiou, compartín mesa con persoas que despois ingresaron en uci, pero non cheguei a contaxiarme", relata. Y también está pendiente de las vacunas, aunque se mantiene escéptico con las fechas. "Aínda falan de 2021, creo que é unha data máis orientada a abrir unha fenda de esperanza ca unha data real de vacinación masiva con garantías, porque, por xemplo, coa gripe estándar aínda non hai unha vacuna eficaz ao 100%", reflexiona.

LEJOS DE LOS SUYOS. La chantadesa Silvia Cervelo reside en Aranjuez y trabaja en una clínica veteriaria en Seseña (Toledo).

Su lugar de residencia está fuera del radio en el que hubo las restricciones más fuertes, pero estas también le afectaron. "Puiden ir traballar e facer vida normal, pero non puidemos entrar en Madrid, onde está toda a familia do meu home", explica Silvia.

"Os días libres sempre nos achegabamos ao centro para ver á avoa del, pero a pasada fin de semana xa non puidemos ir", añade.

Silvia Cervelo. Veterinaria
"Durante varios días non puidemos achegarnos ao centro de Madrid, onde temos a familia"

Explica que también han notado el efecto contrario. "Notamos que moita xente se estivo escapando das zonas con máis restricións. Estes días e a pasada fin de semana había moita máis xente en Aranjuez, nos restaurantes e nas rúas".

También perciben cambios en la clientela de la clínica ubicada en Seseña "dende o primeiro confinamento xa mudou un pouco o público e a xente parece que se despraza menos. Agora tamén notamos clientela nova, supoño que as clínicas ás que ían están dentro das áreas pechadas e acoden a nós, que estamos en zona sin limitacións", concluye.

EN EL HOSPITAL. El lucense Héctor Castiñeira (que tiene el perfil @enfermera_saturada en Instagram y @EnfrmraSaturada en Twitter) llegó a Madrid hace tres años y trabaja en el hospital 12 de Octubre. Vive y tiene su actividad laboral en zona de restricciones máximas y se desplazó con un permiso de movilidad. Él, que conoce de primera mano la situación sanitaria, es crítico con las medidas: "Estuvimos encerrados en Madrid, pero los metros y los trenes de cercanías iban a tope de gente que tenía que ir a trabajar. Ahí se producen los contagios, hasta que no pongan más medios para que la gente no tenga que ir así apretada no habrá eficacia". Asegura que en los hospitales empiezan a estar apurados. "En el 12 de Octubre tenemos tres ucis dedicadas a covid llenas y otras tres unidades habilitadas en áreas como despertar. Además, cirugía está parada, solo se opera lo urgente, las demás intervenciones se aplazan. Tenemos más de 300 pacientes de covid en planta y se cuenta llegar a 400", añade.

Héctor Castiñeira. Enfermero
"A los políticos no les importan los pacientes. Solo quieren echarse la culpa unos a otros"

Aunque también hay mejoras sobre la primera oleada. "Tenemos epis y la edad del paciente infectado ha bajado mucho, por lo que hay menos casos graves y se dan más altas", dice este profesional. En lo personal reconoce que él y sus compañeros están "cansados", también de la pelea política que se está viviendo. "En esta oleada ya no importan los pacientes ni las personas, solo echarle la culpa a los otros partidos y gobiernos".

Para este profesional hay una serie de medidas que deberían ponerse en marcha de inmediato. La primera, la de los rastreadores. "Falta mucha prevención, mucho personal para que cada vez que haya un caso positivo localice y ponga a todos sus contactos en aviso y cuarentena. Los famosos rastreadores de los que todos hablan y que nadie sabe de ellos. Además, hay que arreglar lo del transporte público, aumentar frecuencias y poner medidas alternativas para evitar ese gran foco de contagio", afirma.

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