Lorena Gascón: "La voz interior nos miente, no nos podemos fiar"

La psicóloga sostiene que la autocrítica hostil es siempre falsa y enseña a poner límites a ese yo nocivo que daña la autoestima.
Lorena Gascón.
photo_camera Lorena Gascón.

Lorena Gascón es conocida en las redes como @lapsicologajaputa y se dedica a incomodar por una buena causa. En su libro Deja de tratarte como el culo zarandea al lector para hacerle dudar de sí mismo y de la autocrítica innecesaria.

Ha publicado dos libros en menos de un año. Primero, Querido cerebro, ¿qué coño quieres de mí? y ahora Deja de tratarte como el culo. El protagonista se repite: el yo cabrón tocando las narices.
Sí, es mi lucha constante para que la gente deje de tratarse mal.

¿Ha detectado la necesidad de poner esto por escrito?
La necesidad la veo por todas partes. Es necesario desmontar creencias porque hay mucha gente que está atrapada por la forma que tiene de ver las cosas y se hace daño sin ser consciente. La autocrítica es necesaria, pero lo que nos decimos muchas veces no se ajusta a la realidad. Pensar que soy idiota, gilipollas o que lo voy a hacer fatal tiene consecuencias y siempre está fundado en una falsedad. La clave está en la importancia que se le da a esos pensamientos, el caso que les hacemos. Yo de adolescente me lo creía. Ahora no.

¿Influye la edad?
Mogollón, en la adolescencia somos más vulnerables, pero no es algo que se corrija con la edad. Hay que trabajarlo.

La adolescencia es un período de dudas, inseguridad y hormonas que confunden, pero pasar de lo que digan los demás debería ser obligatorio para un adulto.
Menudo melón has abierto. Así debería de ser, pero por desgracia hay muchos adultos que le dan mucha importancia a lo que piensen los demás y que tienen poco pensamiento crítico. Por eso con la niñez o la adolescencia no se acaba el problema porque hay personas que no han logrado esa evolución hacia la seguridad en uno mismo. Es normal que ocurra en quien siempre recibe críticas negativas. Acaba creyéndolas.

Si no voy a la piscina para que no me vean en bikini hay que trabajar la autoestima

En su libro pone como ejemplo la aceptación del cuerpo, de la imperfección, de la forma de ser diferente.
Aceptar nuestro físico cuesta más de niños, de adolescentes, pero también hay adultos que tienen una relación nefasta con el cuerpo. Una de mis profesoras citaba un estudio que decía que el 97% de las mujeres ven su cuerpo distorsionado en el espejo. No sé si ese estudio es fiable, pero el dato es llamativo. La presión estética es cultural. No voy a la piscina para que no me vean en bikini o no me lo pongo y llevo bañador. Eso lo piensa mucha gente y hay que trabajar la autoestima. Mi idea es que la gente se reconozca en el libro, en los ejemplos que pongo del día a día, de personas normales, para que pueda identificar dónde está el fallo y corregirlo.

Frenar al yo cabrón.
Entender lo que pretende y ponerle límites. El fin es eliminar la autocrítica destructiva y que nos podamos cuestionar esa voz interior y mejorar desde la amabilidad. Nuestra cabeza repite como un loro lo que ha escuchado en algún momento. No es que el cerebro quiera hacernos daño, es que recuerda que hemos sufrido en otro momento por eso y nos lo recuerda para protegernos. El problema es creer el contenido sin darnos cuenta de la intención.

¿Hasta nuestro yo nos engaña?
No nos podemos fiar de nosotros.

Puedo pasar de cualquiera, pero a mí me tengo que soportar toda la vida. ¿Qué hago?
No hay que evitar el yo cabrón, sino saber que nos quiere proteger y escucharlo como a ese amigo pesado que no para de hablar. Lo queremos, está ahí y le dejamos que hable, pero no le hacemos caso. Cuando el yo cabrón es crítico y destructivo hay que poner límites siempre porque nada hostil es verdad. Si mañana tienes un examen y te dice que lo vas a hacer mal, probablemente no duermas, vayas nerviosa y lo hagas fatal. Eso no significa que no sepas la materia, que no valgas o que seas un desastre, sino que has ido mal por creer en tu autocrítica.

¿Cómo se frenan esos pensamientos negativos?
En el libro hay propuestas de ejercicios. Una de ellas consiste en escribirle una carta a ese yo, dándole las gracias por protegernos, pero dejándole claro que no permitiremos que se pase. Es una forma de cambiar la relación, de crear distancia y poner en duda lo que dice.

La voz interior es como ese amigo pesado que no para de hablar. No hay que hacerle caso

Pero algo de autocrítica hace falta. Hay gente que parece encantada de conocerse y actúa con una seguridad envidiable.
No me dan envidia porque esas personas tienen baja autoestima y esa pantalla es un mecanismo de defensa. Quien se quiere a sí mismo no necesita exhibir su superioridad ni enseñar sus títulos en las redes sociales. Ese comportamiento es común en personas que buscan una posición de poder, por ejemplo los líderes de sectas, que actúan con una seguridad que los hace magnéticos, atraen, quieres estar cerca de ellos.

Me alegra leer en su libro que se pueden dejar cosas para mañana sin fustigarse.
Eso es muy español y también sano. No pasa nada, somos humanos. A veces es mejor permitirnos descansar sin remordimientos que atascarse al intentar se productivo todo el tiempo.

Aparece siempre la culpa.
Hay que ser responsables, pero sin culpa. Es necesario aceptar la imperfección y cultivar el amor hacia uno mismo. Otro de los ejercicios que incluyo en el libro es una meditación para verte como te ve quien te quiere mucho. Ofrezco herramientas simples para que cada uno las utilice como necesite y voy sembrando semillitas en el cerebro, pero lo primero que hay que hacer es eliminar la culpa.

Echa mano del humor para hablar de cosas serias.
Es un libro para llegar a esas personas que no van a leer un manual de psicología. Yo intento enseñar psicología de forma divertida y accesible para cualquiera. Los ejemplos que pongo son de gente normal. El libro va dirigido a personas mayores de 16 años y también a más jóvenes para que lo lean con sus padres y aprovechen para hacer algo juntos. Incluye ejercicios, no es un libro pasivo. Es un libro para escribir porque así se asimila mejor la información y te comprometes más. Es un libro para aprender haciendo.

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