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Lola Álvarez: "Tenemos que saber qué es lo que ocurre en la vida de nuestros hijos"

Lola Álvarez. ANTONIO NAVARRO WIJKMARK
Lola Álvarez. ANTONIO NAVARRO WIJKMARK
Esta psicoterapeuta ofrece a los padres una guía en positivo para entender la adolescencia y sobrevivir a esta etapa

La psicoterapeuta Lola Álvarez lleva casi treinta años trabajando con niños y adolescentes —y con sus familias, por supuesto—, en distintas clínicas de salud mental y colegios de Londres. Y por eso sabe que, cuando a esas edades aparece un síntoma, debe interpretarse como una bandera roja de que algo no está bien. Muchos de esos síntomas se presentan o agudizan en la adolescencia, una etapa especialmente convulsa.

Con sus más y sus menos, pero la mayoría de las familias viven en armonía hasta que irrumpe la temida adolescencia.
Hasta los diez u once años nuestros hijos tiene unas vidas casi transparentes, abiertas a nosotros, que sabemos dónde están, qué hacen... Pero cuando llega la adolescencia se produce un gran salto y es fácil que surjan desencuentros. Implica un auténtico desafío para los padres, que se sienten con pocas armas para afrontarla, pero yo los animo a que traten de entender a sus hijos y que aprendan a gestionar esas nuevas situaciones, pidiendo ayuda si creen que lo precisan.

¿Para quién resulta más complicada esta etapa, para los padres o para los hijos?
Para los dos, sin duda. Los chicos empiezan un desarrollo físico muy visible, con cambios hormonales que se reflejan en su conducta y que llevan aparejados un desarrollo cerebral radical, solo comparable al de la etapa fetal. El joven no controla su cuerpo ni sus emociones y no sabe por dónde va a ir su comportamiento. Y si ellos no lo saben, ¡imagínate sus padres! Los padres les van a pedir explicaciones que los jóvenes no les pueden dar, porque no las tienen, y esto se puede interpretar como un desafío, cuando no es así. Hay que darles tiempo y saber elegir el momento adecuado para hablar con ellos.

Para que exista un tiempo de calidad es necesario disponer de cantidad de tiempo

¿Cree que el cambio al instituto acelera la entrada en la adolescencia?
El sistema educativo está organizado en función de las diferentes fases del desarrollo de los menores, pero dicho esto sí es cierto que la infancia se ha ‘encogido’, en gran medida por los cambios sociales de estos últimos años y en gran parte por la irrupción de las redes sociales. La transición al instituto pone a prueba a nuestros hijos, que pasan de ser los mayores del colegio a los pequeños de este nuevo hábitat, y esto los impulsa a querer crecer más rápido.

LOLA_ALVAREZ-15-NAWI0088¿Qué responsabilidad tienen las redes sociales en ese acortamiento de la infancia al que se refiere?
La tecnología nos arrastra a todos, es algo innegable. Los niños tienen acceso a muchos contenidos, pero no están preparados para distinguir cuáles les convienen. Y, por la tecnología, están dejando de jugar, que es una necesidad. El juego les ayuda a madurar porque lo que ellos hacen cuando juegan es un ensayo para la vida.

¿Qué consejo les daría a los padres en la supervisión de la relación de los menores con las redes sociales?
Es necesaria supervisión parental y comunicación: enterarte de qué hacen, qué redes usan... y pensar que esta también es su ocasión para aplicar esos valores que les has inculcado desde la primera infancia. Porque es cierto que ellos pueden entrar donde no deben y meterse en un pequeño lío, pero se darán cuenta y se verán obligados a solucionarlo. Y, cuando digo que hay que saber qué redes usan y qué hacen, no me refiero solo a los 12 o 13 años, más adelante también tenemos que saber qué es lo que ocurre en su vida porque solo así lograremos disminuir las situaciones de riesgo.

Cuenta en su nuevo libro ‘Pero ¿qué te pasa?’ (Editorial Planeta) que, un día, los padres descubren que su pequeño ya no está y que en su lugar hay un individuo al que no acaban de entender. Y que ahí hay un duelo inconsciente.
Sí, totalmente, porque para los padres, perder ese vínculo que tenían con sus hijos, algo tan puro y tan estrecho, resulta muy difícil. Yo pongo el ejemplo del perro y el gato: tú tienes un perro y este sale a recibirte cuando llegas y te demuestra su cariño; pero si tienes un gato, no te recibe y sale de la habitación cuando entras tú. Pues los padres, en esta etapa, deben aceptar que un día tienen un perro en casa y al día siguiente, un gato, pero que el perro volverá cuando pase el tiempo. Lo que sucede es que este cambio se produce de una forma tan radical que resulta una sorpresa para todos.

Cuando los niños crecen, para sus padres es un duelo perder ese vínculo tan puro que tenían

Cada etapa del desarrollo exige que los padres adquieran unas habilidades específicas, ¿cuáles son las más importantes en esta?
Lo más importante, desde el principio, es comunicarse con los hijos, que ellos sepan lo que piensas tú sobre las cosas y tú, lo que piensan ellos. Contarles lo que está pasando en nuestra vida —por supuesto, sin descargar en ellos nuestros problemas— y hablar de todas esas minucias que conforman el día a día. Si creamos ese hábito de comunicarnos, y sentados a la mesa es una ocasión excepcional, nos llevaremos muchas menos sorpresas desagradables en el futuro. Este es un modo excelente de crear un vínculo fuerte que siempre será importante para reconducir cualquier problema. Y aquí también les daría otro consejo a los padres: que reconozcan sus errores, porque eso no les va a hacer perder autoridad.

Además, hace falta dedicarles tiempo a nuestros hijos, tiempo real y no ese «tiempo de calidad» que ahora está de moda.
Es que, educativamente, para tener un tiempo de calidad es necesario disponer de cantidad de tiempo. Un padre o una madre que le hace el bocadillo a sus hijos, escoge con ellos la ropa para el día siguiente, los lleva a actividades... está compartiendo muchas horas con ellos y ahí, en ratos sueltos por el medio, está el tiempo de calidad. El tiempo de calidad está repartido en la cantidad de tiempo.

A los hijos también hay que contarles lo que está pasando en nuestra vida, qué pensamos

Las normas, el tiempo compartido... todo eso cambia cuando se produce un divorcio y entonces los adolescentes se encuentran con que tienen dos hogares, dos códigos de normas... ¿Cómo se debería actuar en este caso?
Voy a decir algo que sé que es muy difícil, porque en una separación hay muchas emociones complejas, pero los padres tienen que procurar que su relación no sea mala, aunque solo sea en lo relativo a sus hijos, que deben tener unas normas consensuadas. Como padres tenemos que pensar que cuanta más disparidad de criterios exista, más nos van a manipular nuestros hijos y a crear situaciones contraproducentes para ellos. Mi consejo a una pareja que inicia caminos separados es que esperen a que las aguas se calmen antes de tomar decisiones para poder educar de una manera conjunta.

¿Cuál es el mejor modo de comunicarles a los hijos la ruptura de la pareja?
Siempre con honestidad, porque así los chicos lo van a aceptar mejor. Puedes explicarles que «hemos decicido divorciarnos porque nunca estábamos de acuerdo. Yo pensaba una cosa y él, otra distinta». Y nunca hablar mal de la expareja a nuestros hijos, porque es a ellos a quien dañamos. Si hablas mal del otro, es como si los atacaras a ellos. Déjalos, porque cuando sean adultos ya se formarán su propio criterio.

Si un amigo de tu hijo no es una buena influencia no lo ataques, pero deja clara tu opinión

Sobre los adolescentes tienen una influencia decisiva los amigos, ¿pero qué pasa cuando esta no es beneficiosa?
Es cierto que tienen una influencia muy grande pero, por ejemplo, la primera vez que yo tengo un encuentro con un paciente adolescente le hago una batería de preguntas, entre la que está: "Si tuvieras un problema muy grave que no supieras resolver, ¿a quién acudirías". Pues un porcentaje altísimo dice que a uno de sus padres. Con esto quiero decir que los chicos tienen amigos y a veces parece que su vida gira en torno a estos, pero no es así: sus padres siguen siendo importantísimos, porque precisan ese referente. Así que si crees que algún amigo no es una influencia positiva no debes atacarlo personalmente, pero sí dejar clara tu opinión sobre lo que hace: "Ese comportamiento es preocupante, no me gustaría que tú lo tuvieras". Así le das una alerta sobre que ese amigo puede causarle un problema y le dejas la puerta abierta para que acuda a ti.

Algunas reflexiones de la autora

Protagonista o espectador, dos visiones dispares
"El adolescente es como un surfista que se desliza sin esfuerzo aparente por la cresta de una ola gigantesca. Al estar dentro de la ola no ve su magnitud, ni lo que puede llegar a barrer a su paso. Los padres son esos espectadores que hay en la playa, que ven con claridad la enormidad de ese cuerpo de agua de diez metros y su capacidad destructiva. El surfista, en cambio, solo se ocupa de su equilibrio, de mantenerse sobre la tabla. Gran parte de los conflictos vienen de ahí: lo que los padres ven desde fuera, anonadados o asustados, los adolescentes lo viven sin alarma y de forma natural. Eso no quiere decir que su visión sea la correcta, pero sí que es la que tienen en ese momento".

Plenitud frente a declive
"El paso del tiempo es inexorable y los adolescentes van hacia su plenitud, mientras que la generación anterior va hacia el declive, aunque no sea de forma inmediata. Para las madres, la adolescencia de sus hijos puede coincidir con su menopausia, un momento delicado en la vida de una mujer. Algunos padres se resisten a este ‘cambio de marcha’ y se empeñan en infantilizar a sus hijos, quizá de forma inconsciente, por querer prolongar su propia juventud. Todavía se ve en muchos hogares a madres que continúan atendiendo a su hijo de 25 años como a un niño".

El espejo en el que se miran
"Los adolescentes que no respetan la autoridad ni los límites de su hogar rara vez van a respetar los del colegio. Otro punto importante es pensar qué tipo de modelo son los padres. En mi larga experiencia trabajando con familias he conocido a muchos que no respetan los límites de nada: hablan por teléfono mientras conducen, fuman y beben en exceso, son violentos… Todas esas conductas que justifican de alguna manera es lo que aprenden los hijos, que absorben lo que viven como esponjas".

Y debutan en el sexo
"Para muchos adolescentes, el sexo se ha convertido en algo transaccional, un encuentro físico con alguien que les puede gustar físicamente, pero con el que no tienen por qué tener ningún otro lazo afectivo o incluso de amistad. Algunos se enorgullecen de tener relaciones sin que haya nada más de por medio, como si eso fuera algo de lo que estar orgulloso. Tiene aspecto de ser el triunfo del narcisismo imperante en la sociedad de hoy: No necesito una relación de verdad con nadie, tomo lo que necesito de cada uno, pero no me comprometo, así no me arriesgo a que me hagan daño. Esto no es nuevo, es más bien el miedo a ser rechazado o abandonado que existe en todo ser humano y que ahora muchos creen poder paliar con el uso de las redes y del ligoteo superficial".
 

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