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La contaminación y el cambio climático disparan las alergias

El escaso contacto con determinadas endotoxinas, algunas presentes en animales, puede favorecer la sensibilización ►Uno de cada cuatro españoles tiene ya una alergia y se calcula que para 2050 estará en ese caso el 50% de la población

Uno de cada cuatro españoles tiene al menos una alergia y se espera que, para 2050, esa circunstancia afecte al 50% de la población. No solo hay más casos, además aparecen antes y algunas son mucho más agresivas de lo que lo venían siendo, con reacciones más graves, incluida la anafilaxia.

En diez años, se ha pasado de un 14% de alérgicos a un 25%, un sustancial crecimiento de un 78% recogido en Alergológica, la encuesta que realiza periódicamente la Sociedad Española de Alergología y que recoge resultados solo de los pacientes que acuden a la consulta de los especialistas. Esto implica que, en la realizada en 2005, puede haber una infrarrepresentación porque quizás se iba menos al alergólogo, mientras que en la que se refiere al 2015, presentada recientemente, ya se observa un crecimiento en las consultas. Ese año 1,1 millones de personas pidieron cita por primera vez en el alergólogo y los facultativos asumen que todavía hay pacientes sin diagnosticar.

Todos tienen claro que el crecimiento de la sensibilización alérgica es rotundo y lo atribuyen a cinco motivos: cambio climático, contaminación, higiene, manipulación de los alimentos y la herencia.

Pese a las corrientes negacionistas y al empeño de Donald Trump en considerarlo una especie de invento de China, lo cierto es que el cambio climático se hace visible en el aumento de las alergias, en el que ha jugado un papel clave. Para entenderlo, es fundamental recordar el requisito imprescindible para que se produzca una alergia: hay que estar expuesto al elemento que la provoca y no aparece con el primer contacto. A mayor tiempo de exposición, mayor posibilidad de desarrollarla.

El cambio climático ha extendido el periodo de polinización de plantas y árboles y ha provocado que llueva menos. Así, el polen está más tiempo en suspensión y la población tiene más oportunidades de sensibilizarse y, quien ya lo esté, de sufrir reacciones.

Y no es la única intervención del cambio climático. "Provoca también una situación de estrés para las plantas, que se defienden produciendo unas proteínas que son sumamente alergénicas", añade Francisco Carballada, jefe de Alergología del Hula. Además, algunas de esas proteínas del polen están presentes en algunas frutas y hortalizas (como melocotón, manzana y zanahoria), de forma que también esas alergias aumentan, junto a las de los pólenes.

Ese fenómeno, conocido como reactividad cruzada, se da también entre otras sustancias que igualmente comparten la presencia de determinadas proteínas, como los ácaros y el marisco o la cerveza y las harinas.

La reactividad cruzada parece la excepción a la regla dado que, por ejemplo, un alérgico al polen podría tener una reacción a un melocotón la primera vez que lo probase. Sin embargo, no lo es porque su reacción se produce ante la presencia de una proteína con la que sí entró en contacto antes, a través del polen.

Íntimamente ligados al cambio climático, están la contaminación y el efecto invernadero. Ambos producen un aumento de dióxido de carbono, gas utilizado por las plantas para realizar la fotosíntesis. Si hay una gran concentración, la fotosíntesis se acelera y, en consecuencia, las plantas producen más polen.

Además, las partículas que emiten los motores diésel tras hacer la combustión, o las calderas de la calefacción, también "favorecen la sensibilización alérgica", señala el doctor Carballada. Es decir, el polen es más alergénico si se une a la contaminación y, de hecho, si se expone a un alérgico a polen con esas partículas se observa una mayor inflamación que si se expone exclusivamente a las de polen.

Las alergias, y algunas de sus reacciones como el asma, también han aumentado por la llamada teoría de la higiene. "Se sabe que el contacto con determinadas endotoxinas bacterianas en la infancia modulan la respuesta inmunológica, haciendo que, al responder a la infección, se deprima la respuesta alérgica", explica el jefe de Alergología del Hula.

La teoría queda perfectamente reflejada en un estudio, publicado el año pasado, que comparaba dos grupos de niños de comunidades anabaptistas, uno de amish y otro de huteritas. El perfil genético y las costumbres de ambos son muy parecidos. Las dos son comunidades rurales, tienen origen centroeuropeo, viven de la agricultura, son endogámicas y cerradas, con dietas similares con fuerte presencia de los productos lácteos, con baja obesidad infantil, larga lactancia materna, mínima exposición al humo del tabaco y la polución y en las que las mascotas, aunque están permitidas, no entran en casa. Sin embargo, la prevalencia de asma es cuatro veces superior entre los niños huteritas que entre los amish, al igual que la de la sensibilización alérgica.

MECANIZACIÓN. Una de las escasas diferencias entre el modo de vida de los dos grupos es que los huteritas han dado un paso a la modernización con la mecanización del campo. Los amish siguen trabajándolo con animales y usando carros tirados por caballos como medio de transporte. Los investigadores encontraron en las muestras de polvo recogidas en la casa de los primeros hasta seis veces más endotoxinas que en las de los hogares huteritas y entienden que esa alta concentración logró modular la respuesta inmune de los niños. En concreto, tienen más despierta la respuesta innata, que es la primera línea de defensa ante agresiones externas. Cuando se activa evita que lo haga la inmune adaptativa, que es la que produce la reacción alérgica.

El equipo dio a a inhalar a ratones polvo recogido en casas amish, que se comportaron de la misma forma, presentando pasadas unas semanas mayor protección ante el asma que los ratones que habían aspirado las muestras tomadas en las casas huteritas.

El estudio apareció el año pasado en la revista The New England Journal of Medicine y, aunque se centró exclusivamente en niños a partir de 7 años y el grupo analizado se redujo a 30 niños, su valor es indiscutible porque afina mucho una teoría que lleva décadas desarrollándose: la que atribuye una menor incidencia de asma alas poblaciones rurales. En realidad, la clave no está en el entorno rural -ya que tanto amish como huteritas son comunidades rurales y los segundos presentan una prevalencia de asma similar a la de la población en general- sino en la exposición temprana a determinadas endotoxinas. Y, por encima de todo, el estudio está en condiciones de señalar a la respuesta inmune innata como responsable de la protección ante el asma.

Los estudios sobre cómo afecta la convivencia con animales al sistema inmunológico de los niños se extienden ahora también a las mascotas. Por el momento, hay más referidos a perros que a gatos y apuntan a que la convivencia en la primera infancia con esos animales hace a los niños menos proclives a padecer posteriormente asma o alergias, al igual que otras enfermedades autoinmunes. Ya hay quien empieza a preguntarse, tal y como recogía The New York Times en un reciente artículo, si serán las mascotas los nuevos probióticos, incrementando el espectro de bacterias presentes en los hogares y el contacto de sus dueños con ellas.

El doctor Carballada es cauto. "Hay estudios dispares al respecto. Algunos parecen confirmar que la exposición durante la infancia a una mascota puede prevenir alergias al aumentar la presencia de endotoxinas, sin embargo no me atrevería a aconsejar de forma generalizada tener mascotas en casa", apunta.

Una cosa sí tienen clara todos los especialistas, puede prevenir pero no curar. Cuando se ha desarrollada la alergia, no desaparece por incorporar una mascota. La encuesta Alergológica 2015 recoge una mayor sensibilización a los perros que la realizada en 2005, mientras que la de los gatos no varía.

MADURACIÓN. Otra de las razones que contribuyen al aumento de las alergias es la manipulación de alimentos. En algunos casos, forzar la maduración de algunas frutas, por ejemplo, cambia su expresión alérgica. Resulta más alergénico un plátano que se obliga a madurar rápidamente en cámara, que otro que se recoge cuando ha llegado a su punto.

También cómo se consumen algunos alimentos tiene su importancia. Ocurre, por ejemplo, con los frutos secos, una de las alergias que ha aumentado en los últimos años tanto en niños como en adultos, según el informe realizado por los alergólogos españoles. El fruto seco que produce más alergias varía de un país a otro, en función del consumo, pero observando China y Estados Unidos, donde la ingesta de cacahuete por habitante es similar se observa que, mientras que en Estados Unidos esa es una alergia frecuente, en el país asiático es rara. Los chinos toman cahahuetes fritos o cocidos, fundamentalmente. En su dieta se utilizan para cocinar y el fruto seco forma parte de un plato, de forma que se prepara como el resto de los ingredientes. Los americanos, sin embargo, los consumen mayoritariamente tostados y esa forma de prepararlos cambia la expresión de las proteínas, que resultan más alergénicas.

Finalmente, el último factor clave para comprender por qué se dispararon las alergias en los últimos años hay que buscarlo en la herencia. "Si dos personas son alérgicas la probabilidad de que cada uno de sus hijos tenga una alergia es del 80%. Si lo es solo uno de ellos, esa probabilidad baja al 50%", explica Francisco Carballada, que señala que el peso de la herencia en el desarrollo de una alergia es del 69% y el del ambiente, del 31%, según un estudio realizado con gemelos.

Prevenir una alergia se ha probado muy complicado y los investigadores han visto que ni la modificación de la dieta de una embarazada ha impedido que un niño acabe desarrollando una determinada alergia a cierto alimento cuyo consumo su madre evitó durante la gestación sino que, a lo sumo, retrasa su aparición.

GALICIA. La comunidad gallega no presenta disparidades con respecto a la situación de las alergias en España. Sigue la tendencia creciente y con reparto por sensibilizaciones similar. Quizás una de las pocas disparidades que presenta es, según admite el doctor Carballada, el hecho que se presenten más casos de alérgicos a abeja y avispa. Como la sensibilización se registra a los elementos a los que se está expuesto, la del veneno de himenópteros se da en todas las provincias, pero especialmente en Ourense y Lugo. donde hay más actividad vitivinícola y apícola.

Finalmente, en Lugo también se da una sensibilización de forma más prevalente que en otras provincias gallegas u otros puntos de España: la de la galactosa alfa 1,3 galactosa, un tipo de oligosacárido presente en células de mamíferos no primates. Estos pacientes son alérgicos a la carne de mamífero y contrajeron la sensibilización después de ser picados por una garrapata.

Se trata de una alergia poco frecuente, que no se da sistemáticamente cada vez que se produce la picadura de ese arácnido, sino solo en determinadas ocasiones y que fue diagnosticada por primera vez en España precisamente por alergólogos del Hula, unos casos que constituyeron a su vez los segundos que se presentaban en Europa.

Una de sus posibles consecuencias, la de alergia al líquido amniótico de los mamíferos, fue descrita por primera vez en el mundo por el equipo del hospital lucense, después de que algunos pacientes, todos dedicados a la ganadería, presentaran urticaria de contacto tras echar una mano al veterinario en el parto de una vaca.

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