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¿Inmunidad en agosto para la normalidad?

Dos mujeres se abrazan sn mascarilla en Ibiza. G.LAMA (Europa Press)
Dos mujeres se abrazan sn mascarilla en Ibiza. G.LAMA (Europa Press)
¿Se alcanzará en agosto la inmunidad de grupo? ¿Qué implicaciones tendrá? ¿Se podrá decir adiós a las mascarillas?

El pasado lunes, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, puso fecha a la inmunidad colectiva: para el 17 de agosto, 33 millones de ciudadanos estarán protegidos frente al covid-19, pero expertos en epidemiología, salud pública, vacunología e inmunología prefieren no marcarse plazos, cuantificar porcentajes o asociar cifras a demasiadas expectativas.

Lo más importante ahora es seguir vacunando, hacerlo rápido y no dejar una sola dosis sin poner; así lo dicen los presidentes de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), Marcos López Hoyos; de la Asociación Española de Vacunología (AEV), Amós García Rojas; el vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), Óscar Zurriaga; y el facultativo de Medicina Preventiva y Salud Pública del hospital Reina Sofía de Córdoba, José Luis Barranco.

¿Qué es la inmunidad de grupo y cómo se calcula?


La inmunidad de grupo es la protección indirecta que se alcanza frente a una enfermedad infecciosa debido a que hay un alto porcentaje de la población que o bien está vacunado o bien ya la ha pasado, de forma que estas personas actúan de cortafuegos contra el virus frenando su expansión. No es igual en todas las enfermedades. En el sarampión lo ideal es entre un 80% y un 85%. ¿Cómo se mide? Con el número reproductivo básico R0, que calcula a cuántas personas puede transmitir un infectado. En el sarampión llega a 18, de ahí que la tasa de inmunidad colectiva sea tan alta; en el caso de SARS-CoV-2 se estableció entre 2 y 3, con lo que el número de personas que deben estar protegidas debe rondar el 70% ,explica López Hoyos.

No es "a partir de aquí, fetén"


Hay que tener en cuenta multitud de factores, uno de ellos, las va-riantes que van apareciendo que, por su mayor transmisibilidad, pueden modificar el índice R y, con ello, la cifra en la que se fija la inmunidad de grupo.

"Se trata de aproximaciones: no hay un cálculo unívoco que diga que a partir de aquí es fetén", continúa Barranco, y añade que el porcentaje "no es un todo o nada, no significa que cuando alcanzo un 70% sí llego pero al 69,9%, no". Además de que la cifra sea discutible y pueda ser susceptible de cambios, no basta con alcanzarla, sino que debe haber un reparto heterogéneo. "No podríamos estar hablando de inmunidad de grupo incluso si tuviéramos un 90% si el otro 10% estuviera todo junto en otro sitio: eso implicaría que no se ha alcanzado, indica Zurriaga. Pone como ejemplo Israel, donde la comunidad judía ya ha llegado a un considerable nivel de protección, "pero en la parte palestina no tienen nada".

¿Cuentan los contagiados? ¿Y los vacunados parcialmente?


En sus cálculos, el Gobierno cuenta solo con las personas que han completado la pauta (dos dosis en los casos de Pfizer, Moderna y AstraZeneca y una en el de Janssen). "Una persona está primovacunada o correctamente vacunada cuando se han puesto dos dosis aunque se haya visto que una es altamente efectiva", subraya Barranco. No obstante, a la inmunidad de grupo no solo se llega por la vacunación, también por la inmunidad natural adquirida con el contagio.

¿Es realista la previsión?


Para Zurriaga, se puede incluso adelantar antes de agosto: "Todo es posible, pero depende de las vacunas que se tengan y la velocidad a la que se pongan. La capacidad de administrar dosis se puede alcanzar perfectamente porque el cuello de botella viene por la cantidad de dosis disponibles".

Al ritmo de ahora, "evidentemente no, pero el de ahora no es el real ni el que va a haber el mes que viene: con la llegada de vacunas, el músculo que van a demostrar las comunidades en cuanto a capacidad operativa va a ser mucho mayor", opina Barranco, que cree que el principal riesgo puede ser el sistema de citación.

"Hablamos de cientos de miles semanalmente en algunas de ellas, a lo que se une el riesgo de que es tiempo de vacaciones tanto del personal sanitario como de la población. Todo eso hay que planificarlo con antelación", avisa.

Hoyos habla más del inicio del curso escolar, porque las vacaciones van a coincidir además con la vacunación de gente más joven que se mueve más, "y va a costar que acuda a la cita".

¿Y qué pasará cuando llegue?


"No será que de repente llegues a esa cobertura, toques el pito y haya un cambio brutal en las formas que han caracterizado nuestras formas a lo largo de la pandemia. Va a ser un proceso en el que va a haber cosas que se queden para siempre, como el lavado de manos", apostilla Rojas.

Otras como la mascarilla "posiblemente, y en unas primera fase, se eliminarán para las personas vacunadas en los espacios abiertos y ventilados, pero se tendrá que mantener en los cerrados".

El presidente de la AEV insiste en su mensaje de "calma, prudencia y paciencia y hacer caso a lo que recomienden las autoridades sanitarias" porque lo que ocurrió el verano pasado durante la desescalada "fue completamente lamentable". "Lo hicimos sin vacuna y con demasiada alegría por parte de todos, y eso consiguió que lo logrado con el confinamiento desapareciera después del verano. Fuimos bastante descuidados".

Zurriaga estima que a partir del 50% de cobertura vacunal puede empezar a hablarse de una relajación, pero el "problema es crear un precedente que sirva para que todo el mundo se agarre a ello, esté o no vacunado. Evidentemente el que no lo esté no debería estar sin restricciones pero es que además los vacunados también podrían estar transmitiendo virus". Por lo que él abogaría por ser "un poco más restrictivo", aunque entiende que "va a ser difícil hacerlo, porque de cara al turismo interesa que las restricciones no sean muchas, y porque todo el mundo está muy cansado y con ganas de liberarse".

Y está convencido de que la mascarilla va a ser un elemento de negociación, aunque piensa que "debería ser la medida que debería quedarse más tiempo", siempre dependiendo del cómo: "si estás en mitad del monte, no tiene mucho sentido; en un lugar multitudinario, aunque sea al aire libre, convendría mantenerla".

"Hay que poner siempre las medidas más razonables y "cumplibles", si alguien va a ir a bañarse al mar no va a ponerse la mascarilla, es evidente", zanja.

Bajar de 25 casos de incidencia
Zurriaga considera que no deberían plantearse relajaciones hasta llegar a una incidencia de 25 casos por 100.000 habitantes.

"No estamos bien"
"Como venimos de una situación muy mala, decir ahora que estamos a nivel nacional en una incidencia de 130 es verlo bien; pues no, no estamos bien en absoluto, todavía no", advierte.

Sin obsesión
"No nos obsesionemos con los plazos; porque lo importante es que están viniendo muchas dosis y se están poniendo. Y eso es lo importante, que no se quede ninguna vacuna en la nevera", insiste, indica Rojas

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