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"Los hijos son como una pastilla de jabón: si los aprietas o aflojas mucho, se te escapan"

La lucense Marta Vidal Pardo.EP
La lucense Marta Vidal Pardo.EP
La adolescencia es una etapa que trae de cabeza a muchos padres y sobre la que no hay tantas publicaciones como para edades más tempranas. Este miércoles sale a la venta Una madre que lo putoflipa (ya disponible en Amazon), una novela que retrarará y enganchará a estos sufridos progenitores, que podrán aprender de muchos de los tips que ofrece su experta autora.

¿Es fácil ser una "madre cuarentañera de una adolescente", como se define en su blog?

No, es muy difícil. Hay una brecha generacional muy importante porque el mundo de ahora no tiene nada que ver con el mundo de cuando las cuarentañeras éramos adolescentes. Prueba de ello es Instagram, la red de moda entre los adolescentes y donde lo comparten absolutamente todo en las stories.

¿Cree que es positivo o negativo?

Lo que creo que es negativo es la exposición que hacen de su vida. Como se suele decir, no creo que ahora hagan cosas que nosotros no hacíamos, pero esas cosas van a quedar ahí para toda la vida, muchas veces ante miles de personas. La hija de Jesulín [y María José Campanario], por ejemplo, sale con uñas a lo Rosalía, mostrando su físico, con chicos... cosas que son normales para su edad, pero lo que no es normal es que lo vean un millón de personas sin ningún filtro.

¿Y cómo se puede gestionar esto?

Es muy dificil remar contracorriente. Aunque tú quieras ser diferente a los demás y educar de otra forma, el mundo va a estar en contra tuya. Los cantos de sirena están por todas partes: "A sus amigos les dejan, todos lo hacen, la madre de la otra más...". Hay que aprender a ceder en cierto modo y manejar las seis palabras mágicas: "Porque soy tu madre y punto". A veces no queda otra. Y es un poco de lo que hablo en mi libro.

¿Es el primero que escribe?

Sí. Debuto el 2 de junio, cuando sale físicamente en Amazon y en ebook en Kindle. Se llama ‘Una madre que lo putoflipa’. Una expresión muy adolescente... Curiosamente hay muchos blogs y libros de educación sobre niños, casi todos de mamás treintañeras, guapas y perfectas, vestidas a juego con hijos, pero pocos de madres de adolescentes. Y eso me llevó a escribir el libro, que además era un sueño que tenía, porque siempre quise ser periodista y escritora. De hecho comencé escribiendo en El Progreso. En la pademia lo empecé y gracias a Amazon y la autoedición me lancé a publicarlo.

¿Qué género es?

Es una novela que narra las historias de una madre cuya hija se vuelve adolescente. A ella le da un ataque de nervios y acaba en un psiquiatra, y a partir de ahí va pasando por varias etapas. Al final un psicólogo le dice: "Señora, tiene una hija de 15 años, lo que le pasa es normal, lo que no es normal es ir al médico por tener una hija de 15 años". En este sentido, descubrí que hay un negocio alrededor de la adolescencia con mucho vendehumos: hasta naturópatas que te dicen que la educación tiene que ver con la digestión, con lo que comen... O chicas de 20 años, poco más que tu hija, que te dicen cómo educarla.

En este sentido, ¿cree que hay un target de padres y madres de adolescentes un poco perdidos al educar a sus adolescentes?

Completamente, muchos están desesperados y los vendehumos juegan con eso. El problema es que hemos demonizado nuestra propia educación. Y es cierto que a los cuarentañeros nos educaron con una falta de gestión de las emociones. Teníamos respeto e incluso miedo a nuestros padres y algunas cosas que es normal vivir con tus padres no las hemos vivido. Pero hemos pasado al extremo opuesto, al del niño emperador, con los padres colegas, y eso es un error.

¿El punto ideal es el medio?

Sí, totalmente. Yo tengo una frase: "Los hijos son como una pastilla de jabón: no puedes apretar demasiado, ser muy estricto, porque entonces se te escapa, pero no puedes abrir la mano y decir la vida es maravillosa porque también se te escapa». De todos modos, no se trata de ser autoritario, pero sí de tener autoridad. Todos los educadores están de acuerdo en que los hijos necesitan padres con autoridad, un faro que los guíe. Entonces, los de la generación de los setenta vamos de guays, de colegas, pero es un error habernos alejado de esa disciplina. Y se ve en todo: en las casas y en el sistema educativo. Creo que educamos a niños para que no se frustren y cuando salen a la vida se frustran más todavía. Decía Pedro Aguado, de Hermano Mayor, que educamos a los niños para Disney, pero la vida es The Walking Dead.

Precisamente compartió charlas con él. ¿Cómo fue la experiencia?

Pedro Aguado me encanta. Cuando tienes que dar charlas, la experiencia es la madre de todas las ciencias. Él sabe lo que es andar perdido y tiene un bagaje vital muy importante. Transmite que todo lo que quieres cuesta un esfuerzo, y eso es lo que hay que transmitirles a nuestros hijos.

Hablemos de su blog. ‘Marta está harta’ es todo un éxito tanto en redes sociales como en El Correo Gallego y esta casa, El Progreso. ¿Cuál es su receta?

Marta está harta nació precisamente en El Progreso hace unos siete años. El éxito es que todas las madres opinamos lo mismo: a todas nos horrorizan ciertas cosas, no nos parece bien que salgan con 12 años. Pero por miedo a que nuestros hijos se frustren, cedemos. Uno de los posts con más éxito es uno que habla del enfado de cuando fui a la graduación de mi hija y ella tenía cuatro asignaturas suspensas. Le dije a la tutora: si tiene cuatro para septiembre no puede graduarse. Y ella me dijo que tienen que graduarse tantos. El resto de madres me dijo que tenía razón. ¿Cómo te sientes estando allí sabiendo que tu hija tiene que volver en septiembre? A veces nos engañan, a nosotros y a ellos mismos. Por otra parte, intento contar las cosas desde un punto desenfadado y de risas.

Su blog es muy visitado en Instagram, precisamente la red adolescente por antonomasia.

Sí, es donde más interactúo con otras madres, y además de reflexiones nos damos apoyo. Siempre digo que es como Alcohólicos Anónimos. Es llegar y decir: "Hola, soy mamá de un chico que suspendió 5 y quiere ir a Ibiza con solo 16 años". O peor: "Tiene 17 y quiere hacer interraíl y luego pasar un año sabático".

¿Sus orientaciones y reflexiones se basan en su propia hija?

Hay una parte que es muy personal, muy autobiográfica, pero yo soy profe de instituto y aprendo mucho de mis alumnos.

Usted se dedicaba al márketing. ¿Por qué decide dar un giro profesional hacia la educación?

Yo quería ser periodista. De hecho empecé en El Progreso y luego en la televisión. Por circunstancias, estuve diez años en márketing en un laboratorio farmacéutico, pero no tenía nada que ver conmigo. Sabía que lo mío era la docencia. Y ya como profesora y con una hija adolescente, me hice coach y empecé a ir a talleres.

"Plantear que los adolescentes accedan a bachillerato con dos suspensos me parece un error"

Como profesora de Bachillerato, ¿ve a los alumnos de ahora muy distintos a los de su generación?

No en todo, pero en algunas cosas los adolescentes de 17 o 18 años parece que tengan 30: los ves con tarjetas de crédito, hablando de cómo vas a salir mañana. Y que valoran poco las cosas. Por ejemplo, dicen: "Pero esto solo son 300 euros". O que dejan un móvil de cualquier forma porque "solo vale 500". Se lo he oído a alumnos. Eso es porque lo hemos hecho mal, protegiéndolos demasiado.

¿También desde el sistema educativo?

Sí. Por ejemplo, no me gusta la idea de pasar de Eso a bachillerato con dos asignaturas pendientes, porque creo que educamos a niños para que no se frustren y cuando salen a la vida es peor. Y no estoy a favor de etiquetar a los niños, pero igualar a todo el mundo hacia abajo es un error en las aulas.

"Los hijos son como una pastilla de jabón: si los aprietas o...
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