Irene Mallo Díaz: "Ante un golpe de calor debemos beber y descansar"

El verano también trae picaduras de faneca, quemaduras solares o gastroenteritis. Hay que saber cómo reaccionar en cada caso.

Irene Mallo. EP
photo_camera Irene Mallo. EP

Playas, piscinas, calor, comidas fuera de casa, excursiones y un sinfín de actividades al aire libre forman parte de los planes habituales de estos meses. Nos desplazamos y tratamos de exprimir al máximo el tiempo de ocio para dar forma a un verano inolvidable. Todo eso lleva aparejados pequeños accidentes que, sin llegar a suponer un peligro importante, sí implican molestias. Por eso es recomendable saber cómo actuar ante una intoxicación alimentaria, una picadura de avispa o un golpe de calor, situaciones a las que con frecuencia se enfrenta Irene Mallo, enfermera, que durante los meses de julio y agosto atenderá a los varios centenares de chicos y chicas que pasarán por el campamento juvenil de A Devesa en Ribadeo, organizado por la Xunta. 

Desde su experiencia, ¿cuáles son los accidentes leves más comunes durante estos meses? 
Las heridas y contusiones por caídas, los cortes por pisar conchas en la playa, los esguinces y los dolores de cabeza a causa de la deshidratación resultan muy habituales, y así lo vemos en los chicos que vienen al campamento. 

Estamos teniendo una semana de altísimas temperaturas que propician los golpes de calor, ¿cómo se reconocen y cómo se debe reaccionar? 
Con el golpe de calor empiezas por sentirte cansado y sin energía, sudas y te duele la cabeza. Eso debe hacernos reaccionar y empezar a rehidratarnos: hay que beber agua y descansar. Para el dolor de cabeza tomaremos un antiinflamatorio y, si en unas horas no nos encontramos bien —especialmente si se presentan náuseas o vómitos—, acudiremos al médico. 

Estos también son unos días propicios para las quemaduras solares. 
Sí, y aquí el primer consejo es prevenirlas, buscando la sombra y usando fotoprotectores con un factor de protección elevado. Ante una quemadura leve, de primer grado, lo que hay que hacer es evitar exponerse al sol durante unos días, beber mucha agua para ayudar a la piel a regenerarse y aplicarse after sun, aloe vera... 

Al pasar más tiempo al aire libre son habituales las picaduras de insectos, como avispas y abejas. 
Sí, y son molestas, pero a no ser que exista una alergia no tienen mayor importancia. Estas producen eritema (enrojecimiento o erupción) e inflamación, además de dolor y picor, y se recomienda lavar la zona con agua fría y jabón, aplicarle hielo para bajar la inflamación y también un antihistamínico como el Fenistil. Si la hinchazón ocupa un área más amplia (un diámetro mayor de 10 centímetros) tal vez sea necesario administrar otros antihistamínicos o corticoides. Cuando la picadura desencadena una reacción grave hay que llamar cuanto antes al 061, ya que la rapidez de reacción es clave. 

También resultan molestas las picaduras de mosquito. ¿Qué se puede hacer con ellas? 
Estas no causan alergias peligrosas, pero sí es cierto que a veces producen mucha reacción. La forma de actuar va a ser muy parecida: hielo sobre la zona para limitar la inflamación y aplicación tópica de productos con amoníaco. 

¿Esta debe ser la respuesta ante cualquier picadura? 
Sí, menos con las de faneca o escarapote. En estas, al contrario que en las de insectos, sus efectos se combaten aplicando calor. En los puestos de socorrismo de las playas las tratan sumergiendo el pie afectado en agua caliente, que con su efecto vasodilatador logra diluir el veneno y que deje de doler. Es casi mágico, porque la escala de dolor baja de ocho a tres en solo cinco minutos. Si no tenemos agua caliente a mano podemos caminar sobre una superficie que esté caliente, como las rocas, la arena o el asfalto. 

Golpes de calor, quemaduras solares, picaduras... e intoxicaciones alimentarias, otra de las consecuencias habituales e indeseadas del verano. 
Con el calor proliferan más las bacterias, virus y gérmenes responsables de las intoxicaciones alimentarias, que por eso son ahora especialmente frecuentes. Se manifiestan con vómitos y diarrea y, la primera reacción, debe ser dejar de comer mientras estos duren. El riesgo más grave de una intoxicación alimentaria es la deshidratación, que se previene tomando suero de los que venden preparados o también casero [se puede elaborar con un litro de agua, media cucharadita de sal, media de bicarbonato sódico, dos cucharadas de azúcar y el zumo de un limón], que reponen la carga electrolítica. Al cesar los vómitos y la diarrea se iniciará una dieta blanda y astringente, que incluya alimentos como arroz cocido, patata o zanahoria cocidas, caldos, sopas suaves... Cuando esto se tolere bien se podrán ir introduciendo otros alimentos.

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