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Las ferias comienzan a resentirse por el encarecimiento del pulpo

Un hombre toma una ración de pulpo el miércoles pasado en la feria de Castro. XESÚS PONTE
Un hombre toma una ración de pulpo el miércoles pasado en la feria de Castro. XESÚS PONTE

En Castro, una de las plazas emblemáticas para comer el pulpo cada semana, la ración ya llegó a los diez euros y la afluencia masiva que se registraba antaño empieza a decaer

Un plato tan típico como el pulpo á feira no ha cogido su nombre en vano. Es algo que está tan enraizado en la cultura gastronómica gallega, que se hace casi imposible no toparse con un par de pulpeiras en cualquiera de las ferias que se celebran a lo largo y ancho de la comunidad. Por pequeñas que sean. Y una de las citas ineludibles en la provincia de Lugo —más allá del San Froilán— es la feria de Castro de Ribeiras de Lea. Pero lo que antaño era un plato asequible para todos los bolsillos, también para los de los muchos tratantes de ganado que se acercaban al mercado y aprovechaban para degustar tan exquisito manjar, ya no lo es tanto y la afluencia masiva comienza a resentirse.

La subida constante del coste del pulpo hace que los pulpeiros se vean obligados a incrementar el precio del plato. "E ademais, agora ninguén leva o seu prato á mesa, polo que a toda esta xente que temos empregada tamén lle hai que pagar", comenta Aurora Gómez, de la pulpería Roberto de O Carballiño, una de las habituales de Castro con más de 33 años con su puesto en la carballeira chairega.

A finales del año pasado, el precio de la ración en feria rondaba los ocho euros, mientras que ahora se sitúa entre los nueve y los diez, "pero todo depende do tamaño, xa que a nós véndennos o polbo entre 15 e 20 euros o quilo", dice Jesús Maciñeiras, de la mítica pulpería Hermanas Maciñeiras.

¿Y la solución? Ambos hosteleros coinciden en mantener la calidad y la cantidad en las raciones que ofrecen, "porque tampouco imos comprar moito excedente se non sabemos o que vai pasar na vindeira tempada", comenta Aurora, a lo que añade Jesús que "hai que esperar ao verán, unha época que acostuma a ser boa en canto a afluencia".

Mientras tanto, entre los consumidores hay opiniones dispares. Los hay que mantienen que "as racións baixaron moitísimo, pero é normal que o fagan, aínda que os clientes cada vez van a menos", como dice José María, uno de los que rara vez falla a su cita con la feria, a lo que añade que "xa é un artigo de luxo".

No en vano, la conformidad es la tónica entre los comensales. La mayoría no tiene pensado abandonar una costumbre tan gratificante para el estómago. "Cada 15 días veño aquí a comer e seguireino facendo, porque hai que entender que todo subiu e isto non ía ser diferente", dice María Socorro, otra vecina asidua en la zona, que intenta mantenerse estoica "aínda que suban algo máis o prezo".

Y las comparaciones con los restaurantes se hacen inevitables, pues la mayoría concuerda en que "nos restaurantes da Coruña está moito máis caro, así que non nos extrañamos e viremos sempre que poidamos", dicen dos amigos, Pepe y Suso, reunidos alrededor de buena comida y vino. Algo que "también sucede en los locales de Lugo, donde en algunos está a más de doce euros", dice Ángeles y su familia, de la capital lucense, que raras veces se acercan hasta Castro, "pero esperamos volver pronto".

La prueba de fuego será en julio y agosto, cuando más se abarrota la carballeira del pueblo. Visitantes, gallegos retornados o familiares de los que siguen residiendo aquí son los que llenan las mesas de los pulpeiros. Habrá que ver si son capaces de enfrentar los diez euros por plato y si la morriña y la tradición, para ellos, valen oro.

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