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Diez años sin John Balan

John Balan, recogiendo un premio. DP
John Balan, recogiendo un premio. DP

Marín y Pontevedra dijeron adiós a uno de sus artistas más peculiares y queridos hace exactamente una década, en la madrugada del 19 de marzo de 2008 Su legado sigue latiendo en su parroquia, especialmente en el Cine Seixo, donde se despidió de su gente siete meses antes de fallecer

 

La soledad del adiós y la permanencia en el recuerdo no siempre son cuestiones incompatibles. En las páginas de este mismo periódico, decía saber Manuel Jabois en 2006 que de John Balan "se acuerda mucha gente en Pontevedra. A distancia. Y los abrazos, con el mando", en referencia a las pocas visitas que recibía cuando ya languidecía en el asilo Virgen del Camino de Pontevedra.

La histórica figura que se alzaba frente a las puertas y que las convertía, como un mago de la música, en bajos y baterías, falleció hace diez años. Sus boleros y esa personalidad inconfundible y complicada resuenan ahora en la memoria de Marín y especialmente en la de su Seixo natal. Fue en el cine de esta parroquia donde barría a cambio de poder ver los western que le permitían viajar dentro de cuatro paredes y que le hacían imaginar una vida al más puro estilo americano que él, gallego hasta la médula, se negó a abandonar.

Xosé Vilas, del Grupo Cultural Ronsel, siempre tuvo "unha relación moi fonda" con Balan por una cuestión de vecindad y recuerda los "horarios ingleses" del artista. "El comía sempre ás 12.00 horas, e ás 13.30 xa saía ca súa faria tocando polo camiño, buscando como ir a tomar café a Pontevedra, Bueu, Vigo ou a onde o levasen, porque moitas veces por diante da parada do autobús pasaba a xente co coche e levábano".

John Balan1No todos los motes por los que era conocido Manolo Outeda se los pusieron bocas ajenas. Él mismo fue quien se definió como o gran papador de fanecas. Este vicio gastronómico fue otro de los lazos que le mantuvo unido con Vilas hasta el final de sus días. "O meu avó pescábaas e vendíaas, por iso sempre viña pola casa", rememora.

Como una suerte de cápsula del tiempo, el Cine Seixo llenó sus butacas el año pasado con la proyección de un documental realizado por la organización del Son de Marín, el evento musical más grande de la villa, en el que Vilas y Wladimir Dragossan, otro de sus grandes amigos y autor de una biografía del artista, configuran a Balan a través de una conversación teñida de nostalgia, anécdotas e historias que harían temblar a un buen literato. La pieza revela, incluso, algunos secretos patrimonio del círculo íntimo de Balan, como su faceta de dibujante. Parece, pues, que la definición de hombre-orquesta no le hacía justicia. Aún era más.

El americano de Marín
Xosé Vilas recuerda que 'o gran papador de fanecas' incluso comía siguiendo el horario inglés. Siempre a las 12.00 horas

El 5 de agosto del 2007, siete meses antes de fallecer, fue también en este cine donde Balan se subió por última vez a las tablas de un escenario. Su estado de salud, después de haber pasado por un ictus, fue la razón por la que ya no estaba su puerta, ni tampoco esa alegría desbordante de los boleros que cantaba en los 80. "Foi un momento moi emotivo, porque o concerto converteuse nun monólogo sobre a súa vida", relata Vilas, que se encargó de confirmar con el asilo la presencia de Balan ese día en Seixo, "a derradeira vez que estivo ca veciñanza da parroquia".

La fama de Balan se dividía de una manera compleja, tal y como era su personalidad. Era respetado como artista por muchos, seguido de cerca por otros, pero también repudiado por algunos. Su forma de vivir no siempre fue entendida por aquellos que se cruzaban en su camino y su peculiar forma de comportarse dejaba, a veces, posos de incredulidad entre los vecinos de la parroquia.

John Balan2Gestionar el dinero que ganaba nunca fue su fuerte, según apunta Vilas, que considera que "nos anos 80, que foi cando tivo o seu máximo apoxeo, de ter contado cun manager ou cunha persoa que mirara por el, tería sacado moita máis pasta". Con su vitalismo y sus pies a medio pisar la tierra como único gestor de beneficios, el dinero se le escurría entre los dedos, sobre todo cuando se iba a Madrid, donde por una noche ganaba entre 20.000 y 25.000 pesetas, "o que gañaría aquí durante un mes tocando para unha orquestra".

Pasados sus años dorados, Balan empezó a entrar en una época taciturna de su vida, bohemia, como él decía, en la que apenas actuaba y en la que acabó estancándose. "Nos últimos anos non evolucionou nada", reconoce Vilas, que comprende que con el tiempo las actuaciones de Balan fuesen perdiendo su cariz anecdótico y novedoso.

Así las cosas, con poco dinero en los bolsillos, una salud que le traicionaba y con pocas oportunidades para salir de nuevo a cantar y a repiquetear en la puerta, Balan ingresó en el asilo pontevedrés, dispuesto a envejecer. Se le realizaron varios homenajes, tanto en Pontevedra como en Marín, y su figura siguió siendo recordada en Seixo a pesar de que la parroquia se sumiese en el silencio una vez se acabaron sus ensayos por las bocacalles del lugar.

La última vez que o home da porta actuó más allá de la provincia fue gracias a Miguel de Lira. El actor, que siempre ha reconocido que su recuncho favorito de Galicia es Santomé de Piñeiro, tenía en gran estima a Balan y siempre respetó su trabajo. Un día llamó a Vilas. Quería que el artista de Seixo actuase en una de las Ultranoites que el Grupo Chévere, del que es miembro De Lira, representaba con cierta frecuencia en la Sala Nasa. "Balan díxome que si, e incluso me dixo: Se me contratan, douche 1.000 pesetiñas", ríe Vilas.

Los últimos escenarios
Actuó en Seixo siete meses antes de fallecer, y unos cuantos años antes en Teo, en una 'Ultranoite', de la mano de Miguel de Lira

La casualidad quiso que el día del entierro de John Balan no se pudiese oficiar ni misa, ni funeral. Era Jueves Santo. Como revolución contra los cánones del más allá, los del más aquí rindieron homenaje "ao artista máis importante da parroquia". Sus restos descansan en el cementerio de Santomé y su velatorio contó con la presencia de casi todos los vecinos, así como de diversas personalidades del mundo de la cultura y de la televisión, que le tenían un cariño especial después de su paso por la TVG y TVE.

"Tiempo es ya de que Galicia esté orgullosa de los suyos y de personas como Balan, que dedicaron su vida entera al arte. Nuestra tierra pierde un artista irrepetible, un icono que conforma las páginas más afables de la historia de nuestro tiempo, una leyenda de superación de dificultades que pasó de la nada a lo más alto". Las palabras de Wladimir Dragossan resonaron seguidas de un aplauso sostenido, de un adiós colectivo a un hombre que vivió siendo lo que quiso ser, que consiguió viajar a Nueva York después de años convirtiendo Marín y Pontevedra en el Oeste de la ficción más añeja, un hombre al que "por suposto que é importante lembrar" para que así nadie se quede sin saber que un día hubo un cowboy en Pontevedra, que nació siendo Manolo Outeda pero vivió y murió encumbrado como John Balan.

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