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Cuando no hay nadie para guardar distancia

Una mujer y su perra salen a la ventana para combatir la soledad del aislamiento. ÁLVARO CABALLERO (EFE)
Una mujer y su perra salen a la ventana para combatir la soledad del aislamiento. ÁLVARO CABALLERO (EFE)
SOLEDAD EN EL ENCIERRO ►En España hay unos 4,7 millones de personas que viven solas, lo que supone más del 10% del total, a las que hay que sumar otras que, por distintas circunstancias, se han quedado sin compañía y aislada en sus hogares por la pandemia

Durante la cuarentena surgen unos particulares "náufragos", como Robinson Crusoe, que pasan el encierro en "islas" de cuatro paredes, en las que internet es casi el único mar por el que enviar un mensaje, y que no tienen que preocuparse por guardar con nadie la preceptiva distancia de seguridad de medio metro para evitar el contagio.

Para combatir esta soledad, en las ciudades y los pueblos con buena cobertura, los chats de amigos y familiares se han convertido en la mejor compañía. Así que, la estadística personal de uso diario del móvil puede arrojar una balance de doce horas.

Anna, una funcionaria de 32 años que vive sola, ha incrementado su uso del Whatsapp, no solo en el ámbito personal sino sobre todo laboral, ya que teletrabaja todas las mañanas.

Ella tiene la desventaja de vivir este encierro en un apartamento pequeño, pero lo compensa con la cercanía de los vecinos con los que puede hablar de vez en cuando, "manteniendo las distancias", puntualiza. Asegura que, por ahora, lleva bien esta soledad porque está "acostumbrada" aunque ya nota que busca más interacción con los demás.

Un caso parecido le ha ocurrido a David, un empresario de 47 años, que se está recuperando de una lesión y que llevaba tiempo "atrapado" en casa. Ahora que empezaba a "ver la luz" ha tenido que adaptarse y realiza fisioterapia por su cuenta.Su receta para soportar esta soledad se basa en "mantener las rutinas" y "ralentizarlas", es decir, dedicar más tiempo a cada una de ellas para que se pase antes el día.

ANCIANOS. Las personas mayores son las que se consideran más vulnerables ante la pandemia del coronavirus. Pero también los que saben llevarlo con más estoicismo porque la vida ya les ha hecho adaptarse a múltiples circunstancias. Sin embargo, la soledad es muy dura entre cuatro paredes con tiempo para recordar no solo a los que no pueden venir de visita sino a los que ya no están.

Eso le pasa a Carmen, una jubilada de 81 años que se quedó viuda hace tres, e intenta no dejar del todo aparcada su rutina diaria. Pasa las tardes practicando "un poco de inglés y francés", ya que no puede ir a sus clases.

Aunque de momento lo lleva "bien", reconoce que "no se le saca provecho al tiempo" como cuando se puede salir al exterior, porque empiezan las llamadas y casi todo el mundo se pasa más tiempo hablando que antes.

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