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Conductas controladoras

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photo_camera Hay que tratar de promover la autonomía de quienes nos rodean. KAMRAN AYDINOV

PREGUNTA 1

Me considero una persona controladora y eso a veces me lleva a estresarme en exceso, porque hay cosas que siento que no dependen de mí, como por ejemplo cómo actúan ciertas personas, y me frustra.¿Cómo puedo dejar de controlar?

Las personas no son inherentemente controladoras, ya que esa afirmación implicaría que es un rasgo inmodificable. Todo lo que se asocia con la frase «yo soy» es simplemente una etiqueta que nos colocamos, mientras afirmamos que es algo que ese rasgo me define. Desde nuestra perspectiva, esto no es cierto: es posible modificar cualquier característica de control o comportamiento. Al utilizar afirmaciones limitantes con el «yo soy» estamos sosteniendo que siempre seremos así, pero afirmar que poseemos un comportamiento ocasionalmente controlador nos coloca en la posición de poder modificarlo. Esta es la primera premisa para el cambio.

A partir de aquí, debemos tomar conciencia de las características que presenta el comportamiento controlador para poder trabajar en aquello que nos limita, paso a paso, eligiendo los comportamientos más restrictivos como los primeros a tratar. Estas son sus principales particularidades:

Pensamiento de todo o nada: se percibe todo en términos extremos de blanco o negro, sin matices intermedios.

Falta de flexibilidad en los planes. Hay una dificultad para cambiar los planes debido a una adherencia rígida a las propias ideas como perfectas o seguras.

Nerviosismo ante los cambios. Sensación de ansiedad cuando surgen cambios en los planes o cuando las cosas no van según lo esperado.

Pensamiento pesimista y ansiedad, con tendencia a enfocarse en los riesgos y amenazas, lo que dificulta disfrutar del presente.

Control y pensamiento sesgado. Creencia de que ejercer control evita que sucedan cosas negativas, y cuando estas ocurren se considera que el control ejercido estaba justificado.

Control sobre los demás, traducido en tendencia a tratar de influir en la vida de los demás.

Falta de espontaneidad. Ausencia de improvisación y vitalidad, junto con dificultades para vivir el momento presente. 

¿Encuentras similitudes en estas características? No te preocupes, la mayoría de nosotros también nos identificamos con algunos de estos puntos, ya que en gran medida hemos sido educados en un entorno de miedo y nuestra respuesta para afrontarlo y buscar seguridad ha sido el «control». Así que comprende tu situación y luego selecciona las particularidades que más te limitan o molestan para pasar a los siguientes pasos destinados a adquirir otros comportamientos. El primer paso es dejar de definirte como una persona controladora y no permitir que otros lo hagan. Reconoce que a veces actúas desde el control y date la oportunidad de fluir en otros momentos:

¡Improvisa! En lugar de planificar cada detalle, permítete experimentar situaciones sin un plan definido. Esto te ayudará a desarrollar confianza en tu capacidad para adaptarte y resolver problemas sobre la marcha.

No busques la perfección en todo, permite que las cosas sean imperfectas de vez en cuando. Realiza algunas tareas poco importantes de manera intencionalmente incorrecta y fluye con la incomodidad. Esto te entrenará para ser más flexible.

Experimenta el desapego emocional. Practica distanciarte emocionalmente de los resultados de tus acciones y de las decisiones de los demás. Reconoce que no puedes controlarlo todo y aprende a aceptar los resultados con ecuanimidad.

En lugar de intentar controlar a los demás, promueve su autonomía y capacidad para tomar decisiones por sí mismos. Esto aliviará la presión sobre ti y fortalecerá las relaciones.

Practica la rendición. En lugar de luchar constantemente por el control, ríndete y confía en el flujo de la vida. Reconoce que hay momentos en los que es mejor dejar ir y confiar en que las cosas se resolverán por sí mismas.

Cambia tu diálogo interno: observa y modifica la forma en que te hablas a ti mismo en situaciones que te generan ansiedad por el control, y repite algún mantra que te apoye, como «soy una persona flexible y confío en la vida y en mí mismo».

Crea un espacio de juego: dedica tiempo regularmente a actividades lúdicas y creativas donde no haya reglas ni expectativas. Esto te ayudará a liberarte de la necesidad de control y a explorar la espontaneidad y la libertad.
«La pérdida de control es siempre el origen del miedo. Pero también es el origen del cambio», James Frey.  

PREGUNTA 2

Hago amigos con facilidad, pero me cuesta tener conexiones profundas  de amistad. ¿Cómo puedo crear esas conexiones más íntimas? 

Una amistad sólida exige:

Interés genuino. Adopta la sabia máxima de Dale Carnegie: "Para ser interesante, hay que interesarse". Una conexión auténtica se forja al mostrar un sincero interés por los demás. Al demostrar curiosidad y atención hacia sus vidas y emociones creamos un ambiente de confianza y cercanía.

Cultiva el respeto por las opiniones ajenas y evita juzgar, reconociendo que cada individuo tiene su propia perspectiva válida. Evita afirmar que alguien está equivocado, ya que esto puede crear distancia y conflicto en la relación. Valora las diferencias y promueve un ambiente de respeto mutuo.

Reconoce que la mejor manera de salir ganando en una conversación es a veces evitarla para preservar la armonía y el bienestar emocional de ambas partes. Evitar conflictos innecesarios puede mantener la paz en la amistad y permitir que las relaciones prosperen en un ambiente positivo.

Generosidad y afecto. La crítica es contraproducente, ya que pone a la otra persona a la defensiva y la lleva a justificarse. En lugar de criticar, enfócate en expresar afecto y aprecio a través de acciones concretas y palabras amables. Reconoce y celebra las cualidades positivas de tus amigos, mostrando gratitud y apoyo.

Las acciones hablan más que las palabras. Una sonrisa genuina y una actitud cálida pueden expresar: "Me alegra verte, me importas". A través de actos de escucha activa y apoyo emocional demuestras a tus amigos cuánto te importan y se fortalece el vínculo.

Ralph Waldo Emerson afirmó que un amigo es alguien con quien se puede pensar en voz alta. ¿Qué significa la amistad para ti?

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