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¿Cómo será el covid que nos espera?

Una joven mira por la ventana. PIXABAY
Una joven mira por la ventana. PIXABAY
España cumplió esta semana un hito de la campaña de vacunación y va a por el siguiente. La elevada tasa de población inmunizada cambia el escenario y propicia un otoño e invierno más convencional que el pasado

Haremos una vida más normal, pero aún no vida normal. Empieza una temporada de expectación mientras se avanza hacia el objetivo de inmunizar al 90% de la población. Varios especialistas han contribuido a perfilar las claves de esta nueva etapa.

1. Menos peso de la incidencia y más de la tasa de ingresos

La incidencia acumulada dejará de ser el principal factor para decidir restricciones y pasará a serlo la tasa de hospitalizaciones. En Galicia ya se usa desde hace semanas un algoritmo que combina ambos datos, de forma que la incidencia se ajusta por riesgo de hospitalización y se va actualizando cada cierto tiempo. Es evidente que, a igual número de infectados, hace tres meses ingresaba más gente que en agosto, cuando la mayoría de contagios se registraron entre gente joven que pasa la enfermedad asintomáticos o con síntomas leves. La vacunación ha cambiado el escenario y ese cambio es dinámico, va variando, no se para: a mayor inmunización de la población ese riesgo se reduce más. Las vacunas no evitan la infección, pero la limitan.

El mes pasado el Instituto Robert Koch alemán informó de que también primaría la tasa de hospitalizaciones a la hora de imponer restricciones. El objetivo es evitar el colapso del sistema sanitario y ese es el dato clave ahora. La incidencia era un dato mucho más anticipatorio antes que en estos momentos para poder preverlo.

2. Menos restricciones, una vida más normalizada

Veremos una relajación de las medidas de restricción. Relajación, no suspensión total. Aumentarán los aforos y el presencialismo, se volverán a llenar muchos espacios hasta ahora vacíos o con un acceso limitado. No volverán las aglomeraciones como antes pero no será tan restrictivo como hasta ahora porque, de hecho, este ya es un momento de profundas contradicciones. Una compañía aérea o ferroviaria puede vender billetes para todos los asientos de un viaje largo, pero sigue habiendo centros de salud a los que resulta difícil el acceso. Un restaurante puede celebrar una boda con multitud de comensales, pero se pide a los padres que un solo progenitor acuda a la reunión del colegio. Esas limitaciones seguramente se acaben.

Pero no lo harán otras medidas. La mascarilla en interiores no desaparecerá. En algunos sitios ha llegado para quedarse mucho tiempo, como en hospitales o centros de salud, y en otros, seguirá usándose al menos este otoño-invierno, como en los lugares públicos. ¿Qué pasará con los centros de trabajo en donde todo el personal esté vacunado? También habrá que usarla. Será una medida que se aplique con más facilidad en la empresa pública que en la privada. En esta, si además no se trabaja de cara al público, se encontrarán resistencias pero será complicado que algo vaya a cambiar este otoño.

3. Más diagnóstico y de mayor mayor precisión

Hace un año se creía que solo personal muy formado podía tomar una muestra nasofaríngea para hacer un test de antígenos, por ejemplo. Ahora se venden en las farmacias, son de uso doméstico y, en cuestión de minutos, cualquier persona puede autodiagnosticarse una enfermedad que tiene año y pico de existencia. Es evidente que la capacidad diagnóstica ha cambiado mucho durante la pandemia; a gran escala, con sucesivas compras para nuevos equipos en los laboratorios hospitalarios, y a pequeña, con tests ambulatorios más refinados. Este invierno previsiblemente veremos nuevos avances, como tests más precisos a disposición de los médicos de cabecera, de forma que en un centro de salud el paciente pueda saber si esa tos, fiebre o dolor de cabeza por las que consulta se corresponden a gripe o coronavirus.

4. Menos cuarentenas y quizás de menor duración

Las cuarentenas se reducirán en cantidad y duración. Previsiblemente, los contactos estrechos con pauta de vacunación completa no tendrán que seguirlas (ya ahora no lo hacen si dan negativo en la PCR), tampoco en el caso de los niños. La actividad en un aula no se alterará por la aparición de un positivo, tampoco en los centros de trabajo. Para el personal sanitario, en realidad ya es así desde hace tiempo. Si ha tenido contacto con un positivo se recomienda acudir al trabajo sin prescindir en ningún momento de la mascarilla y manteniendo la distancia.

Al mismo tiempo, al aumentar la capacidad de diagnóstico —y muy probablemente a abaratarse los domésticos— se podrían acortar los confinamientos para los infectados. Si uno deja de tener síntomas a los 6 días, y presenta un test negativo, se podría decidir que se incorporase a hacer vida normal sin esperar a los 10.

5. Rastreo más selectivo y optimizado, menos universal

En un contexto de movilidad absoluta y de casi normalidad como ahora, con poca capacidad para imponer medidas coercitivas para cumplimiento de cuarentenas, el rastreo indiscriminado de todos los brotes empieza a perder sentido. Precisa, además, cantidades ingentes de recursos para unos resultados escasos. El rastreo, para ser eficaz, necesita de mucha colaboración de los infectados. No es solo que muchos no quieran hacerlo es que, además, es más fácil hacerlo cuando hay menos movilidad e interacciones sociales por las restricciones que cuando se sigue la rutina convencional. los contactos se multiplican de tal manera que es complicado informar de todos. Por tanto, no desaparecerá, pero es probable que con el tiempo vaya ajustándose y optimizándose, dedicándose a los brotes que se consideren prioritarios, como los de residencias, hospitales o los más explosivos.

6. Efectos para pacientes frágiles como la gripe...

¿Cuando la inmensa mayoría de la población esté vacunada quién será hospitalizado por covid? La mayoría de especialistas creen que pacientes frágiles y vulnerables por otras patologías a los que la infección descompensará. Ya lo ven ahora: pacientes crónicos mayores, con pauta de vacunación completa, que se ven desestabilizados cuando se contagian. No ingresan por covid, ingresan con covid. Lo mismo ocurre con la gripe todos los años (salvo este último, que no hubo casos), un pico de ingresos de enfermos con patología descompensada a causa del virus. Al igual que con la gripe, las personas hipertensas u obesas tienen más probabilidad de padecer una forma grave de la enfermedad.

Evidentemente, entre la población que no se vacune el riesgo de hospitalización es mayor. También se verá cierta proporción de ingresos entre gente joven, vacunada y sin patologías porque las vacunas no son efectivas al 100%.

7...Pero no estacional y con enfermedad más grave

Puede que en la manera en la que afectan a pacientes crónicos y pluripatológicos las dos enfermedades se parezcan, pero también cuentan con importantes diferencias. El covid es más grave que la gripe, y, además, no es una enfermedad estacional como esta.

Eso supone un serio problema organizativo porque no se puede prever un incremento de recursos para un momento determinado del año. Hay que tener capacidad de respuesta para un pico de ingresos en cualquier momento.

Pese a todo, es verdad que el otoño invierno propicia las interacciones sociales en interior, donde los contagios son más fáciles, sobre todo si se trata de un espacio con mala ventilación y donde se hace un uso precario de la mascarilla. Con todo, cabe recordar que, por ejemplo, en esta última ola muchas infecciones se produjeron aparentemente en exterior, en fiestas y botellones.

8. Una vacuna mejor y la posibilidad de un antiviral

Hay unas 300 vacunas contra el covid en diferentes fases de estudio. De ellas, algunas se aprobarán, lo que contribuirá a aumentar el acceso a la vacunación, también en países en desarrollo. Pero, además, los especialistas confían en que alguna sea efectiva para impedir la infección, en similar proporción en las que las actuales impiden formas graves de la enfermedad.

Mientras no lleguen las vacunas esterilizantes, previsiblemente se contemplen también nuevas combinaciones con las actuales. Los inmunodeprimidos (y muy probablemente los ancianos, acto seguido) recibirán una tercera dosis, pero puede que después se opte por administrar otra dosis de una distinta. Un ensayo en el que los participantes recibieron la dosis única de Janssen y una de Pfizer arrojó resultados prometedores.

Al mismo tiempo, se están estudiando distintos antivirales. No hay resultados concluyentes por el momento pero podría llegar a encontrarse un tratamiento adecuado.

9. Más y mejor ventilación, incluso con normativa

Los medidores de CO2 y la ventilación eficaz se generalizarán en los lugares públicos, desde locales de hostelería hasta centros de trabajo o colegios. No resultaría extraño la aprobación de normativa exigiendo que se cumpla con unos determinados parámetros de concentración de CO2 o de garantías de renovación de aire en nuevas construcciones. De la misma forma que cualquier espacio de uso público tiene que cumplir ciertas medidas de seguridad, la ventilación se exigirá.

10. Un ojo puesto en los niños menores de 12 años

Mientras que paulatinamente se recuperará cierta normalidad, en convivencia con subidas y bajadas de casos, se vigilará al grupo de población que quedará sin vacunar por el momento: los niños menores de 12 años. Al contrario que el pasado curso, este será enteramente presencial, por lo que tendrán más interacciones sociales tanto en las aulas, como fuera de ellas. Cierto es que lo harán en un ambiente de creciente tasa de vacunación, pero igualmente se deberá seguir cómo evolucionan los casos entre ellos.

Al margen del covid, los pediatras también están alerta por el virus respiratorio sincitial (VRS), del que el curso pasado apenas hubo casos al reducirse los contactos y gracias al uso generalizado de mascarillas. Resulta imposible prever el comportamiento de este año y temen que se incrementen mucho los contagios.

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