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Carles Francino: "Nos creíamos dueños del universo y el covid evidencia que somos algo mucho más flojo"

Francino
Carles Francino. CEDIDA
El reconocido informador hace una parada en Monforte con su programa La ventana para apoyar la candidatura de la Ribeira Sacra a Patrimonio de la Humanidad. Carles Francino llega a Galicia a los pocos días de vivir el momento más emotivo de su carrera tras relatar en antena su dura experiencia con el coronavirus: "Me atropellaron los recuerdos".

Tras más de cuatro décadas detrás de los micrófonos, Carles Francino Mugardes (Barcelona, 1958) se ha convertido en una de las voces estrella de la radio española. Confiesa que quería ser maestro pero se enamoró del periodismo siendo adolescente. Asegura que la radio ha jugado un papel fundamental en esta pandemia y que se ha sentido "más útil que nunca". El locutor está este viernes en la casa de la cultura de Monforte (16.00 horas). 

Hace una parada con La ventana en Monforte, una de las muchas visitas que realizará por todo el país. ¿Por qué ha elegido este municipio lucense? 
Escogimos Monforte para apoyar la candidatura de la Ribeira Sacra a convertirse en Patrimonio de la Humanidad. Cuando sacamos el programa de los estudios siempre tenemos un motivo muy concreto, la semana pasada estuvimos en Albarracín (Teruel) con el discurso de la España despoblada y las alternativas que hay en esos lugares más castigados demográficamente. En este caso nos parece que el hecho de que la Ribeira Sacra sea candidata a convertirse este año en Patrimonio de la Humanidad es un motivo de peso y darlo a conocer al resto de España desde el punto de vista del potencial patrimonial, vitivinícola o ese componente espiritual que tiene toda esa zona es un buen motivo. 

¿Conocía la Ribeira Sacra? 
La verdad es que en Monforte en concreto no he estado. En Lugo sí porque hicimos un programa hace años y una de las cosas que recuerdo es que la tarde anterior salí a correr por la muralla (risas). La Ribeira Sacra creo que es una zona un poco desconocida para los que somos de fuera, que cuando escuchamos Galicia nos viene a la mente las Rías Baixas, A Coruña, Santiago... Yo formo parte de esa legión de gente que todavía no ha pisado ese territorio lucense. 

¿Hacer el programa fuera de los estudios supone una sensación diferente? 
Claro, algo que normalmente realizas en un lugar con tus compañeros lo vas a hacer fuera, lo que te permite ponerle cara a los oyentes y que ellos te la pongan a ti. Al hacer un programa que está pensado solo para ser escuchado, de cara al público, las reacciones y sensaciones que vives son un chute de gasolina impresionante. 

Desde siempre quise ser profesor, pero dos amigos me animaron a hacer periodismo

Carles Francino. CEDIDAEn esta época de incertidumbre y desasosiego para la sociedad, ¿ha tenido la radio ahora más que nunca un efecto terapéutico? 
Yo me he sentido más útil que nunca. La radio tiene unos elementos fundamentales que tienen que ver con la complicidad, con el sentimiento de comunidad, el acompañamiento... En este año tan difícil que hemos vivido ha jugado un papel fundamental. La radio siempre ha estado ahí, España es el segundo país del mundo en consumo del género radiofónico, y en momentos de grandes alegrías, pero también muy complicados, este medio brilla. En este tiempo de crisis sanitaria ha reforzado mucho su rol. 

Precisamente por el coronavirus usted ha vivido uno de los momentos más emotivos de su carrera. ¿Le sorprendió la gran repercusión que tuvieron sus palabras sobre su experiencia tras pasar el virus? 
La verdad es que sí. Me he visto envuelto en un lío que no he buscado (risas). Estoy convencido de que un periodista no tiene que ser nunca noticia, tiene que contar historias de los demás. Lo que pasa es que sin darme cuenta pasé al otro lado. Yo no tenía previsto derrumbarme cuando me atropellaron los recuerdos. La repercusión que tuvieron mis palabras me ha desbordado, tiene una parte de pudor porque no estoy acostumbrado a esto, y tiene otra parte hermosa que es el cariño brutal que he recibido y sigo recibiendo. Hay gente que hasta me ha mandado anchoas y quesos (risas). Todavía hoy sigo respondiendo mensajes, he recibido miles y quiero contestarlos todos. A mí no me ha pasado nada distinto de lo que ha vivido mucha gente en España, por desgracia. Tengo la sensación de que muchas personas se han visto identificadas con el dolor, la frustración, el cabreo y con la sensación de fragilidad que es una de las herencias más claras que nos deja esta pandemia. Nos creíamos los amos del universo y somos algo bastante más flojo. 

¿Le ha dejado secuelas el virus? 
Físicas creo que no, tuve un ictus mientras estaba ingresado, pero parece que está todo bien. Ahora estoy pendiente de las pruebas poscovid, pero me he tomado a rajatabla la recuperación. Siempre he hecho deporte y sigo haciéndolo desde que me dieron permiso. En el terreno emocional es posible que tenga alguna secuela. Considero que hay una vida individual y colectiva antes y después de la pandemia y creo que de la misma forma que nos ha hecho mucho daño a todos los niveles se pueden extraer lecciones sobre las cosas que son realmente importantes en la vida. Más allá de que ha quedado demostrada la importancia de la ciencia, de reforzar la sanidad pública... No me cansaré de repetir que nunca podremos agradecer bastante lo que los sanitarios han hecho y siguen haciendo por nosotros. Es una pena que dé la sensación de que nos hemos olvidado. 

El coronavirus no me ha dejado secuelas físicas, pero sí emocionales. Hay una vida antes y después de esto

¿Qué les diría a los negacionistas? 
Les diría que se lo hagan mirar. Si no confías en la ciencia, si no eres solidario con la gente que te rodea, si te crees cualquier cosa que te cuenten sin hacer ningún esfuerzo por comprobar nada... Tienes que hacértelo mirar. 

¿Se ha perdido una buena oportunidad para que los políticos se pusieran de acuerdo? 
El espectáculo que ha vivido España a nivel de polarización política no tiene parangón. No lo he visto en ningún otro país de Europa. Del mundo posiblemente sí porque pilló de refilón la etapa de Trump en Estados Unidos, está el perturbado de Bolsonaro en Brasil, Uganda es un país negacionista... Pero en Europa, que es nuestro referente, yo no he visto un espectáculo tan lamentable como el nuestro. Cada uno podrá repartir las culpas como vea, pero no todos han actuado igual, aunque el resultado general ha sido pésimo, con un ambiente tóxico y desasosegante. Una parte, no pequeña, del desánimo que en momentos de esta pandemia nos ha asaltado como país tiene que ver con el espectáculo que nos ha dado la gente que nos representa. No han estado a la altura de las circunstancias. Los sanitarios han pasado con matrícula de honor una prueba durísima. Los políticos han suspendido, unos más que otros, porque un país en el que un Gobierno, del color que sea, no tiene desde el primer minuto el apoyo del resto para salir adelante es bochornoso. El Gobierno la ha cagado, pero la actitud de la oposición ha sido mezquina y absolutamente inapropiada. 

Lleva desde los 20 años vinculado al periodismo, sin embargo, en una ocasión dijo que lo que de verdad quería era ser profesor...
Cuando era adolescente tenía bastante claro que quería estudiar magisterio porque me atraía mucho dar clase. De hecho tengo dos hermanas que se han dedicado a la docencia. Sin embargo, en el último año de COU dos amigos míos me convencieron para que probase la carrera de periodismo en Barcelona. Era el año 1975 y en primer curso empecé a hacer prácticas en una emisora de radio pequeñita y me empezó a gustar muchísimo. Y ahí me quedé, estuve más de dos años compaginando el trabajo con la carrera, pero no llegué a finalizarla, no soy licenciado, me falta un curso y un par de asignaturas. 

El espectáculo vivido en España no tiene parangón. El Gobierno la ha cagado, pero la actitud de la oposición es mezquina

Se inició en la radio (Radio Popular de Reus), dio el salto a la tele (Canal +) y volvió al género radiofónico. ¿Mejor delante de las cámaras o del micrófono? 
No son cosas tan distintas, para mí la diferencia es que la radio admite muy pocas trampas y a un impostor se le pilla muy rápido. La tele tiene la potencia de la imagen, que es imbatible, pero admite más maquillaje, nunca mejor dicho. Requiere además muchos más recursos para movilizarse y la radio es más inmediata. Cuando me puse por primera vez delante de una cámara llevaba mucho tiempo detrás de los micrófonos y simplemente tuve que hablar mirando a un punto en concreto, no noté mucha diferencia. 

En 2009 fue el presentador de los premios Ondas y se ausentó para no entregarle el galardón a Jorge Javier Vázquez. ¿Hacen mucho daño ciertos programas de hoy en día? 
Yo soy de la opinión que cada uno puede ver lo que considere conveniente. Yo tomé esa decisión en un ámbito privado, que después trascendió. En ningún momento quise hacer campaña contra nadie, que cada uno vea lo que quiera. Lo que pasó es que yo no quería estar en una foto que promocionase un tipo de programas con los que no comulgo para nada. Podría hacer campaña en contra de la telebasura, yo tengo mi propia opinión, pero no quiero convencer a nadie. 

Decidí no entregarle el premio Ondas a Jorge Javier Vázquez porque no comulgo con este tipo de programas

¿Qué se puede hacer para que los medios de comunicación recuperen su credibilidad? 
Tenemos que entonar el ‘mea culpa’, algo mal habremos hecho. Con los medios me pasa como con todo, no me gusta generalizar. Es obvio que todos nos hemos dejado comer terreno y hemos regalado muchos minutos a la política espectáculo que parece el modelo de ‘Sálvame’. Sin embargo, considero que en esta pandemia, tras la contaminación de noticias falsas, la gran cantidad de bulos que circulan con el envoltorio de noticias pero no lo son y de prácticas que se presentan como periodismo sin serlo la gente ha aprendido a discernir entre lo que es un medio de comunicación con profesionalidad y ética de lo que es ruido y basura. Ahora tenemos una gran oportunidad, pues frente a este alud de confusión podemos seguir presentando a la ciudadanía un producto basado en la confianza y en cumplir las normas fundamentales de este oficio. Si rompemos el vínculo de confianza con los ciudadanos los periodistas estamos muertos. Tenemos que buscar historias que sean atractivas, que permitan que mucha gente se sienta reconocida, que les ayuden a entender el mundo que los rodea. Todo el resto de elementos propagandísticos no sirven para nada. 

¿Considera que hay más presiones políticas ahora que hace años?
Hoy están más extendidas. Lo que han hecho en los últimos años ha sido profesionalizarse. Yo defiendo que no solo los partidos políticos, sino también las empresas, las entidades culturales, los clubs de fútbol... tienen derecho a intentar colocarnos su mensaje. La dificultad está cuando los profesionales de la comunicación no tienen mecanismos para tomar libremente sus decisiones. Esto además si ocurre en un medio público es mucho más grave. Sabemos que cada medio tiene su propia línea editorial, en Cadena Ser, por ejemplo, defendemos valores en materia de derechos sociales, economía, cultura... que no son mejores ni peores que otros, pero eso es opinión, no información. Cuando haces información lo fundamental es aportar todos los puntos de vista posibles. Las cosas no son blancas o negras, hay un montón de matices. Si como medio quieres dejar claro tu punto de vista sobre una cosa, es respetable, pero cuando haces información no puedes mezclarlo.

El fútbol es una filosofía de vida; ahora lo he cambiado por la bicicleta por una lesión

En su juventud compaginó los micrófonos con el fútbol. ¿Se ha perdido a un buen futbolista?
La verdad es que no he dejado de practicarlo. Para mí es una filosofía de vida. Desde hace dos años he tenido que cambiarlo por la bicicleta por una lesión de rodilla, pero no descarto retomarlo. Tengo una relación excelente con este deporte porque además yo empecé haciendo información deportiva. 

¿A lo largo de su trayectoria se le ha resistido algún entrevistado? 
(Risas) Seguramente sí, ahora mismo no lo recuerdo, son muchos años de oficio. 

¿Qué consejos le daría a los nuevos periodistas? 
Lo fundamental que tienen que saber es lo que es este oficio: el periodismo es poner en contacto a la gente con el mundo que les rodea, consiste en contar historias que les ayuden a entender este mundo. Si alguien cree que esta profesión es un instrumento de poder, un camino a la fama o que sirve para hacerse rico, que se dediquen a otra cosa. Además tienen que saber que las dos grandes amenazas de este oficio son la confusión, tratar de hacer pasar por periodismo cosas que no lo son; y la precariedad, con una situación laboral pésima no se consiguen periodistas independientes. 

¿Piensa Carles Francino en la retirada? 
Yo sigo disfrutando muchísimo con este trabajo y aprendo algo todos los días, pero más pronto que tarde hay que dejar paso a las generaciones que vienen.

Toda una vida detrás de los micrófonos
Carles Francino (1958) inició su carrera profesional en Radio Tarragona cuando aún estaba cursando periodismo en la UAB. Con solo 20 años obtuvo su primer trabajo fijo en Radio Popular de Reus. A lo largo de su trayectoria formó parte de Canal +, se incorporó a la Cope y fichó en 2005 por Cadena Ser, donde estuvo al frente de Hoy por hoy casi 7 años.

Premios
En el año 2012 asumió la dirección de La ventana, programa de la misma emisora del que sigue al frente actualmente. Su dilatada carrera fue premiada con dos Antenas de Oro (años 2015 y 2016).

Carles Francino: "Nos creíamos dueños del universo y el covid...
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