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Áurea López Lamela: "Los antidepresivos actuales son fármacos con una buena eficacia"

Áurea López Lamela. VICTORIA RODRÍGUEZ
Áurea López Lamela. VICTORIA RODRÍGUEZ
La psiquiatra calcula que unos 300.000 gallegos sufren este trastorno mental, unas cifras que se han disparado con la pandemia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que unos 300 millones de personas podrían sufrir depresión en todo el mundo. Para destacar este problema, muchas veces aún poco visible e incomprendido aunque la pandemia lo haya traído al primer plano de la actualidad, el calendario señala el 13 de enero como el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una patología sobre la que aporta respuestas Áurea López Lamela, médica psiquiatra de la Unidad de Salud Mental del Hula y de la Clínica Concepción Arenal.

Cada 13 de enero se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, una fecha que este año estará de nuevo marcada por las consecuencias de la pandemia. ¿El peso de esta ha sido decisivo en la aparición de nuevos casos?

Lo primero es aclarar que debemos hablar de depresiones, en plural, porque las hay de muy distintos tipos. Hay depresiones en las que intervienen más aspectos biológicos, como las depresiones endógenas; depresiones en las que predominan unas características de personalidad de base que favorecen la aparición de los trastornos depresivos, como sucede con las personas obsesivas, por ejemplo, y depresiones adaptativas, que serían las depresiones situacionales. Según el tipo de depresión que sea puede variar el tratamiento. En general, la pandemia trajo consigo un aumento de las depresiones, sobre todo de las de tipo situacional y ansiosas, porque se intensifican y suman los factores depresógenos —aislamiento, confinamiento, incertidumbre, penuria económica, pérdida de seres queridos, amenaza de enfermedad y desarraigo— ante un nuevo modo de vida y una pérdida de control sobre uno mismo.

A los pacientes que ya padecían esta patología, ¿cómo les está afectando este escenario?

Se está produciendo un mayor número de recaídas y de aparición de nuevos episodios depresivos. Pero también hay casos de pacientes con depresión que se sienten más protegidos por las medidas adoptadas, ya que así pueden evitar exponerse al mundo exterior, a la lucha diaria, que tanto pueden temer.

La OMS estima que podrían sufrir depresión más de 300 millones de personas en todo el mundo. ¿Qué porcentaje se calcula en Galicia?

Se dice que la prevalencia en Galicia está en torno al 10-11% de su población y que es una de las comunidades autónomas donde esta es mayor, junto con Andalucía y Asturias. Los cálculos para Galicia son de cerca de unas 300.000 personas con depresión.

¿Cuáles serían las causas de esta elevada incidencia?

Hay varios factores situacionales que favorecen la depresión: los de pérdida (de un ser querido, del trabajo...), los de sobrecarga emocional (cuidar de un enfermo crónico, estrés mantenido, elevado nivel de responsabilidades...), los de aislamiento (las personas que viven solas o en núcleos sin vecinos) y las situaciones de desarraigo y crisis que rompen el ritmo habitual de la vida. Pues en Galicia están presentes varias  situaciones depresógenas: un clima con poca luminosidad y menos horas de luz, que no favorece el buen funcionamiento de los ritmos circadianos y baja el ánimo; la dispersión poblacional, que provoca aislamiento, y también una población muy envejecida con sus cambios biológicos, necesidad de cuidados y más dependencia.

En los últimos meses varias influencers, como Laura Escanes o Dulceida, han hablado de su salud mental. ¿Diría que este tipo de llamadas de atención son positivas o que pueden frivolizar el tema?

Estas intervenciones o llamadas de atención serán positivas o negativas dependiendo de cómo se hagan. Aquellas que ayuden a desestigmatizar la enfermedad serán positivas. Creo que la desestigmatización debe fundamentarse en la educación y en el conocimiento de lo que es esta dolencia y en hablar de ella como de cualquier otra patología, teniendo en cuenta que es una de las que ocasiona un mayor sufrimiento. Pero hay que evitar el riesgo de que se perciba como una estrategia para ganar popularidad y que termine trivializándose y desinformando.

Una persona que ha tenido un episodio depresivo tiene un riesgo de un 50% de sufrir otro

Desde la óptica profesional, ¿cree que se ha roto el estigma?

Se ha mejorado mucho, pero todavía persiste el estigma. Antes ir al psiquiatra era algo que solía avergonzar y ahora se ve ya como ir a un médico más, que puede ayudarte por problemas de ansiedad, depresión o cualquier otra dolencia psíquica. Pero aún sigue costando y se oculta porque tiene sus riesgos en las relaciones con los demás, te hace sentir más vulnerable. 

Al hablar de depresión esta se suele asociar a la tristeza, pero hay otros síntomas más incapacitantes y menos evidentes. ¿Podría resumirlos?

La depresión en una enfermedad del estado de ánimo, de la vitalidad, que tiene muchas maneras de manifestarse. Lo que se conoce comúnmente es solo una parte de sus manifestaciones: la tristeza, la falta de capacidad para experimentar placer, el pesimismo, la pérdida de alegría y de las ganas de vivir, étcetera.  Estos, efectivamente, son síntomas depresivos, pero no son los únicos. Hay otras dimensiones menos conocidas. Una de ellas es la pérdida de energía, o anergia, que se presenta como inhibición psicomotriz, apatía, desgana, rumiaciones obsesivas, pérdida de concentración y atención. Otro grupo de manifestación es la falta de sintonización en la comunicación interhumana. Se presenta con irritabilidad, suspicacia, susceptibilidad, hipersensibilidad o tendencia al aislamiento. Y por último están las alteraciones en la regulación de los ritmos circadianos, como las alteraciones en el sueño, la pérdida o ganancia de apetito, oscilaciones anímicas a lo largo del día, empeoramiento matutino o vespertino... Solo con que esté muy afectada una de estas dimensiones se puede considerar que deben tomarse medidas antidepresivas terapéuticas.

El 80-85% de los episodios depresivos remiten con el tratamiento apropiado, ¿pero cómo se maneja a ese 15 o 20% restante?

En ese 15 ó 20 % de personas resistentes a los tratamientos no hay unos motivos homogéneos. Hay diferentes causas de esa resistencia y de eso depende el manejo. Se trata de seguir intentándolo y ensayando nuevas combinaciones y fármacos. Por otra parte, en estos casos es muy importante el cuidado del ambiente físico y emocional: ser tratado con respeto, evitar la condescendencia y la crítica, activar rutinas saludables y todo lo que contribuya a que el paciente tenga mayor control sobre sus síntomas. Esto es, cuidar su calidad de vida y la autopercepción de su enfermedad y, por supuesto, pueden beneficiarse de un tratamiento psicoterapéutico de enfoque cognitivo y psicoeducacional sobre sus síntomas.

Aunque el tratamiento resulte eficaz, las recaídas tampoco son extrañas, ¿hay algún modo de evitarlas?

Una persona que ha tenido un episodio depresivo puede tener otro en un 50% de los casos. Si ha tenido dos episodios depresivos, la probabilidad de recaída aumenta. Se considera que tras el tercer episodio depresivo se debe mantener el tratamiento psicofarmacológico de forma indefinida para evitar recaídas, pero también complementarlo con un abordaje psicoterapéutico.

Los estudios con psilocibina, derivada de un hongo, para casos resistentes son prometedores

En 1988 apareció el Prozac (el nombre comercial de la fluoxetina), que se convirtió en todo un fenómeno social y revolucionó la forma de abordar esta patología. ¿Ha habido algún otro hito en estos 34 años?
 

El Prozac fue más un fenómeno social que un hito revolucionario en cuanto a eficacia terapéutica. Es un tratamiento antidepresivo que supuso una eficacia similar a la de los anteriores antidepresivos, que ya eran eficaces, pero el Prozac tenía menos efectos secundarios por ser más selectivo sobre la serotonina. Esto trajo consigo un uso entre la población general y población no depresiva y de ahí que se lo considere un fenómeno social, ¡todo el mundo tomaba Prozac! En estos últimos años han salido muchos antidepresivos con un mecanismo de acción similar, intentando mantener un equilibrio entre eficacia y tolerabilidad a efectos secundarios; o sea, tratando de mejorar los resultados terapéuticos y de disminuir los efectos secundarios. Se busca diseñar antidepresivos que actúen de forma selectiva sobre determinados neurotransmisores, y eso también es un hito. Entre ellos están los reguladores selectivos de serotonina, reguladores selectivos sobre noradrenalina, duales que actúan sobre ambos, sobre la dopamina, etcétera.

Ahora hay muchas expectativas puestas en la psilocibina, una sustancia presente en los hongos alucinógenos. ¿Podría explicar cómo funciona y los resultados que se están obteniendo con ella?

Ahora no se buscan fármacos blockbuster (que sean un hito), sino combinaciones terapéuticas que actúen sobre perfiles de personas depresivas de forma más individualizada. Los experimentos con drogas psicodélicas no son nuevos, ya que estas se han utilizado en distintas culturas y desde los años 50 o 60 del siglo pasado se hicieron estudios observacionales de estas sustancias tanto a nivel terapéutico como exploratorio del funcionamiento del cerebro. Actualmente, los estudios con la psilocibina son prometedores en la eficacia (junto con otros tratamientos) contra depresiones resistentes, que son pocas. El mecanismo de acción no es del todo conocido pero parece que aumenta la conexión interneuronal, favoreciendo mayor número de dendritas en las neuronas que habían disminuido con la depresión. Pero también puede producir efectos indeseables distorsionadores de la realidad por lo que, de momento, aunque pueda resultar prometedora, hay que ser prudente con las expectativas. Por otra parte, el momento de hablar de la eficacia de la psilocibina será cuando se vean los resultados en la práctica clínica diaria. Los fármacos antidepresivos actuales tienen una buena eficacia y hay que intentar con las opciones terapéuticas que tenemos disminuir la cronicidad de ese porcentaje de depresiones resistentes.

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