Ángels Barceló: "Salir de Madrid es fundamental"

"No me imaginaba yo que hiciese este tiempo en Galicia". Àngels Barceló (Barcelona, 1963) llegó este jueves por la tarde a Pontevedra, directa a la sede de la Uned para comprobar que todo estaba preparado para celebrar los 50 años de la universidad desde su programa Hoy por hoy
Ángels Barceló, este jueves a su llegada a la sede de la Uned en Pontevedra. RAFA FARIÑA
photo_camera Ángels Barceló, este jueves a su llegada a la sede de la Uned en Pontevedra. RAFA FARIÑA

La sede de la Uned en Pontevedra abrió sus puertas en la mañana de este jueves para acoger la emisión del programa Hoy por hoy, que dirige  Àngels Barceló. "Vamos a celebrar el 50 aniversario de la Uned con el rector, con alumnos y profesores", avanza la periodista. "Después tendremos nuestras secciones, la Cara B con Sara, la palabra de hoy es puente, que aquí hay muchos,  los discos dedicados o la tertulia, que se hará con público". 

¿Qué significa en el contexto en el que estamos hacer un programa desde la sede de la universidad?

Venir a la universidad, al centro del pensamiento, de la sabiduría, primero, me ha obligado a salir del bucle en el que tengo la sensación de que estamos metidos los que nos dedicamos a esto. Siempre estamos dándole vueltas a lo mismo, no encontramos la salida, parecemos hámsters en la rueda. A veces salir de Madrid es fundamental, y después poder hacer el programa desde un sitio que es lo contrario de lo que yo veo cada día es una satisfacción. ¡Y encima el tiempo que hace en Galicia!

Había estado en Pontevedra en 2010. Entonces estábamos en una crisis económica. Cómo han cambiado las cosas... 

Si de aquella nos dicen lo que nos quedaba por vivir todavía... Porque entonces estábamos en la crisis de 2008, vivíamos momentos muy complicados, pero pensamos que algún día conseguiríamos cerrar esa crisis. Si alguien nos llega a decir: "No, es que además llegará una pandemia, os encerrarán en vuestras casas y habrá otra crisis cuando aún no os habréis recuperado de la anterior". No nos lo creeríamos. Yo tengo una hija de 29 años y tengo la sensación de que son una generación que han vivido de crisis en crisis. No oyen hablar de otra cosa en sus casas. Y, además, ahora ya viven en primera persona la precariedad en el trabajo, los sueldos bajos, la dificultad para encontrar trabajo... No estamos mejor que entonces, al contrario, porque ahora, encima, tenemos preocupaciones de salud.

También ha cambiado mucho el contexto político.  

No existía la ultraderecha. Ahora están gobernando en una comunidad autónoma, influyendo en otra comunidad y en otros ayuntamientos y a punto de entrar en otra más. Y si los sondeos no se equivocan, están a punto de entrar en el Gobierno de la nación. Esto sí que no lo vimos venir. Y si alguien lo vio venir no actuó con suficiente celeridad. Quienes pueden tener responsabilidad de evitarlo no lo están haciendo. Lo que está pasando en España con el papel que se le está dando a la ultraderecha no pasa en ningún lugar de Europa. Me gustará ver a Feijóo cuando vaya a Europa y alguien le pregunte cómo está gobernando con alguien que dice las burradas como las que ha dicho hace dos días el vicepresidente de Castilla y León. El PP tiene mucha responsabilidad en todo esto.
 

¿Cree que cambiarán ahora las cosas?

Veremos.
 

Decía hace dos días en su columna radiofónica que estamos en un momento con un montón de retos mayúsculos, pero nos entretenemos con cuestiones como las nacionalidades o el aborto. ¿Nos hemos quedado en el pasado? 

Sí. Son debates que habíamos abordado y cerrado, que había un consenso político y social. Te pones a ver todos los retos que tenemos por delante como humanidad, algunos de ellos inaplazables, como la emergencia climática o la guerra de Ucrania, y aquí andamos discutiendo si somos nacionalidades, países... Además, todo este ruido muy a menudo tapa cosas que está haciendo este Gobierno y que son muy buenas. Los ERTE, por ejemplo, permitieron que mucha gente pudiera sobrevivir económicamente durante la pandemia. La reforma laboral se ha demostrado con números que es un éxito rotundo, pero nadie habla de eso porque andan enredando en cuitas que ya estaban superadas y nosotros les ponemos el altavoz.
 

Ha dicho que el periodismo está en peligro de extinción. ¿Lo sigue pensando?

Sí. El periodismo, como lo he entendido siempre, está en peligro de extinción. Se lo digo muchas veces a la gente joven que trabaja conmigo. Podría decir que a mí me da igual, porque yo voy de salida, pero me sabe mal por toda la gente que empieza ahora y que no conocerá el periodismo como lo conocimos nosotros. Primero, con medios, sin precariedad, por lo que nos afecta en los sueldos y en el modo de vida. Y, después, la forma en la que se ejerce ahora el periodismo no tiene nada que ver a cómo era antes y como lo entendía y lo entiendo ahora. Hay una serie de vicios y costumbres en los que me niego a entrar.
 

¿Qué papel deberíamos tener los periodistas en este momento?

Los periodistas tenemos que ser incómodos, fiscalizadores. Tenemos que preguntar e insistir para que nos den las respuestas. No tenemos que tener connivencia con ninguna fuerza política. No podemos convertirnos en portavoces de ninguna fuerza política. Eso es otra cosa, no son periodistas. Pero hemos caído en el bucle y lo vemos sobre todo en las tertulias televisivas. A veces te encuentras a periodistas que defienden argumentarios de partidos políticos, confundes al periodista con un diputado. Y después vemos periodistas que han sido diputados y han vuelto a su profesión...
 

"Me mojo porque no entiendo la vida de otra manera"
¿Hay mucha opinión y poca información?
Sí. Hay demasiada opinión. Yo creo que tiene que haber expertos y buenos analistas que hablen. La opinión de la gente en la que confío, sea de derechas o de izquierdas, que tiene la cabeza armada, que ha vivido y ha leído, me ayuda a conformar mi propia opinión. Yo no tengo opinión de todo. A veces llego por la mañana y hay un tema sobre el que no puedo opinar porque no lo sé. Pero nosotros tenemos que dar opinión para ayudar a los ciudadanos a que ellos configuren la suya. El problema es cuando ya todo se vuelve ruido, gritos, insultos... No puedo entenderlo.

¿Opinar pasa factura?
Sí, claro. Es una de las cosas que más cansa, porque una cosa es opinar tomándonos una caña y otra cosa muy distinta es opinar ante tres millones de personas en un programa que tiene influencia en la sociedad y en la política. Tú sabes que cuando dices «Son las ocho las siete en Canarias» la gente está esperando a ver qué dices y esa es una responsabilidad que a veces me abruma. Sí soy muy contundente y me mojo mucho con las injusticias, la desigualdad, la emigración... En algunos campos me mojo porque no entiendo la vida de otra manera. En otras cosas a veces no soy segura.

¿Ha sentido alguna vez el síndrome de la impostora?
No, pero tengo muchas inseguridades. Necesito apoyarme en gente, porque no estoy en posesión de la verdad absoluta. Lo que digo es porque me lo creo. No diré algo que no me crea. No sabría hacerlo.

¿Con qué noticia o qué entrevista le gustaría abrir el programa 'Hoy por hoy'?
Lo mejor son las historias de la gente. Cuando llevas poco en esto sueñas con entrevistar a personajes y políticos, pero llega un momento en el que lo que quiero es seguir contando la vida de la gente. 

Ha contado en directo el atentado de las Torres Gemelas...
Sí. Y me gusta mucho salir y hacer coberturas, de una guerra, pero también de un acontecimiento feliz... Con los años me he dado cuenta de que es mucho más agradecido entrevistar a gente anónima que te cuenta cosas, que no a los grandes personajes y, sobre todo, no a los políticos, que ahora no responden a nada.

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