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Supervivientes de las calles indias

Algunas de las jóvenes indias en el paseo del Malecón de Sarria. D. M. P.
Algunas de las jóvenes indias en el paseo del Malecón de Sarria. D. M. P.
Un grupo de 21 jóvenes procedentes de Bombay llega a Sarria recorriendo el Camino de Santiago para dar a conocer la difícil situación de los niños en el barrio rojo de Kamathipura

Para una niña, criarse en un barrio donde todas las mujeres se dedican a la prostitución con servicios desde 2,50 euros, crea, al menos, traumas que marcan la personalidad. Ese es el infierno con el que tuvieron que lidiar las 21 jóvenes, de entre 13 y 23 años de edad, que llegaron el miércoles a Sarria procedentes de Bombay. Estas luchadoras recorren el Camino desde Saint Jean Port.

Bombay es la ciudad más poblada la India, el segundo país con más habitantes del planeta, con contrastes socieconómicos muy grandes. Por un lado, el lujo del lado turístico, con monumentos como las Cuevas de la isla Elefante consideradas Patrimonio de la Humidad por la Unesco. En el otro, está el barrio rojo de Kamathipura, donde crecieron las niñas peregrinas y donde mujeres se amontonan a ambos lados de la calle para ofrecerse desde 200 rupias indias, unos 2,50 euros.

Lejos de hundirse psicológicamente, estas adolescentes buscaron un cambio de vida y hallaron una solución en la ONG Krinki, que en hindú (una de las dos lenguas oficiales de la India, junto al inglés), significa "revolución". Esta organización les ayuda a reinsertarse y busca cambiar el modo en que la sociedad ve a las niñas criadas en el barrio rojo.

"Lo más difícil es desprenderse del trauma, dejar la ira contra las personas que nos dañaron y sentirnos positivas", asegura Trina Talukdar, que escapó del barrio rojo y ahora es una de las profesoras de la ONG Krinki.

Otro de los factores donde tienen que incidir es en la personalidad. "Creer en nosotras mismas y darnos cuenta del potencial y la fuerza que tenemos es muy complicado", explica Talukdar.

ESTUDIOS. Para lograr esa reinserción, desde el ente hacen hincapié en la formación académica. Sin embargo, el color de piel ha sido un problema para ciertos colegios indios, recelosos con la procedencia de las niñas. Gracias a "personas generosas y buenos institutos" la mayoría consiguió la escolaridad. Además, cuatro de ellas estudian fuera del país, como Italia o Estados Unidos.

Dentro de las actividades que realizan está la de viajar para que las niñas vean ambientes diferentes al del entorno donde crecieron. En la escuela de Krinki leyeron el libro El Peregrino, de Paulo Coelho, siendo la fuente de inspiración para realizar la ruta jacobea.

"El Camino es una de las cosas más duras que hemos hecho, llegando a pensar muchos días que no acabaríamos la jornada, pero terminábamos. Gracias a él aprendemos que hay veces en la vida que requieren mucho esfuerzo, pero que siempre llega la calma y la felicidad", agrega la joven.

Al final de cada día interpretan varias canciones llamadas Red Light Express, contando el entorno en el que crecieron. Eso sí, con una sonrisa que demuestra que el infierno de Kamathipura no pudo con ellas.

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