Un poblado a base de madera

El samonense Antonio Arza, uno de los fundadores del hotel restaurante A Veiga de Samos, decora el exterior del establecimiento en Navidad con variadas figuras creadas por él mismo
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photo_camera Antonio Arza, junto a las figuras que elabora y que llaman la atención de numerosas personas. VILA

Renos, cerdos, conejos, ardillas, cigüeñas, perros, flores y hasta un tren. Todos tienen cabida en el poblado de madera que el samonense Antonio Arza González muestra en el exterior del hotel restaurante A Veiga, establecimiento que fundó junto a su cuñado hace ya 40 años. Son figuras a las que él mismo da forma y que constituyen todo un reclamo para clientes y demás visitantes que se acercan hasta Samos en las fechas próximas a Navidad.

A sus 67 años y después de toda una vida dedicada al sector de la hostelería, Antonio encontró en el trabajo con la madera el pasatiempo perfecto tras alcanzar la jubilación. Según cuenta, él fue siempre el encargado de cortar la leña y, tras finalizar su etapa laboral, comenzó a verla de un modo diferente. Con ayuda de una motosierra convierte los troncos en multitud de figuras, muchas de animales, pero también con forma de margaritas, árbol de Navidad, muñecos de nieve o vagones.

"Fago o que se me vén a cabeza", explica Antonio, cuyas creaciones son "piezas únicas". "Aínda que intentes facer outra igual non che sae, porque todo depende da forma do tronco e do que encontres", comenta. En su caso, utiliza madera de abedul, además de ramas de chopo o de higuera, así como restos de leña que se emplea en la parrilla del restaurante.

Comenzó con esta afición el pasado año, cuando expuso por primera vez su trabajo a modo de decoración en la entrada del local. La acogida fue tan buena que este año decidió repetir, pero ampliando la muestra y con piezas nuevas. Inició el montaje del poblado el pasado mes y lo mantendrá hasta febrero, cuando reabra el negocio tras un descanso por vacaciones.

"A xente sácalle moitas fotos", constata Antonio Arza, quien también donó al Concello de Samos ocho de los figuras que creó el pasado año (cuatro muñecos de nieve, tres renos y una vaca).

Con esta distracción, se le pasa el tiempo volando. "A veces paréceme que levo cinco minutos e ao mellor son tres horas, pero ata que me sae a figura non paro", señala el samonense, quien confiesa que disfruta con esta afición después de cuatro décadas entregado en cuerpo y alma a la hostelería.

"Antes non tiña tempo. Dende os 25 anos, que abrimos A Veiga, o único que fixemos foi traballar dende as seis da mañá ata as tres da madrugada. Non había vacacións e nin tempo para durmir", rememora el veterano hostelero, quien recibió reconocimientos por su dilatada trayectoria por parte de la Asociación de Comerciantes e Artesáns de Samos y en la gala de la hostelería de la comarca.

Según recuerda, fue en diciembre de 1983 cuando él y su cuñado crearon el establecimiento A Veiga, tomando el nombre de la finca junto al río en la que habían construido el edificio y que antes estaba dedicada a maíz. Empezaron con un bar y al cabo de unos meses abrieron un pequeño comedor, al que seguiría después otro más grande. Con el fruto de su trabajo fueron ampliando el negocio al tiempo que levantaban nuevas plantas del edificio, donde prepararon habitaciones en 1991.

A Veiga continúa funcionando como uno de los referentes hosteleros de Samos, que ahora suma el atractivo de las figuras de madera de Antonio Arza, quien ya piensa en darles continuidad. "Para o ano que vén teño que facer algo distinto, porque se poño os mesmos bonecos non ten graza", dice.

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