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Pintar rodeado de silencio

Pedro Quiñoá. PORTO
Pedro Quiñoá. PORTO

El sarriano Pedro Quiñoá, que tiene sordera, se inició de niño en la pintura, la cual ayuda a expresarse señala. El artista pintó los cabezudos del San Xoán y participó en exposiciones

Las manos son el medio para comunicarse de Pedro Quiñoá González y también para trasladar su imaginación al lienzo. Este artista sarriano tiene sordera y para él la pintura "ayuda a expresarse, sacar lo que tienes dentro y usar la imaginación", afirma.

Se inició en este mundo en su infancia. Dibujaba personajes de Disney y "copiaba" imágenes de revistas de baloncesto, puesto que este deporte era su otra afición. Sus padres vieron su pasión por el dibujo, por lo que a los 11 años comenzó a asistir a clases de pintura con un artista sarriano, Avary. Su discapacidad auditiva impedía que se comunicaran su profesor y él, por lo que "solo le mandaba copiar", explica su hermana, Elena, quien hace de intérprete.

Compaginaba la pintura con su afición por el deporte de la canasta y en la adolescencia acudió a la Asociación Española de Baloncesto de Sordos, tras lo que pasó por el CB Sarria. "Siempre copiaba pinturas y me aburrí de pintar, no me gustaba copiar", relata Quiñoá. Por ello dejó apartada durante un tiempo este arte, al mismo tiempo que comenzaba a trabajar en una empresa en Sarria.

Hace una década recuperó su afición, y con fuerzas. En este tiempo participó en exposiciones, pintó los cabezudos de las fiestas de San Xoán de la villa y realizó una obra para el libro ¡Quiero vivir! Un enfermo vital, que escribió su hermano, Iván Quiñoá.

No quería hacer copias de obras de otros artistas, sino sus propias creaciones. "Estaba asqueado de pintar porque siempre eran copias. Empecé a hacer muchos bocetos, de lo que se me venía a la cabeza. Me imaginaba pasar esos bocetos a cuadros", explica.

Sus obras tienen estilo propio, con colores y llenas de vida. "No quiero nada triste, sino todo muy vivo. Con formas distintas y mucho color", apunta.

Para ello se inspira en figuras, personas, desnudos, árboles, hojas o las manos. "Al usar las manos para hablar eso te da mucha imaginación", opina el artista.

Define su obra como "surrealismo". "Una figura tal como se ve me parece aburrida. Pienso en una, pero en mi cabeza es distinto", indica. De esta forma cada persona que ve el cuadro lo interpreta de forma "distinta". "Hay que abrir la mente", señala.

Para dar vida a sus obras comienza elaborando un boceto, que después va ampliando. Dedica horas y horas a pintar un cuadro, unas 20 en el caso de que sea de pequeño tamaño. En cambio, si son copias, que realiza solo si alguien se las pide, son "rápidas", indica Quiñoá, de 43 años.

El sarriano llevó a cabo alguna exposición, aunque reconoce que no dispone de mucho tiempo por el trabajo y la familia (tiene dos hijos). A pesar de ello "no abandono la pintura, siempre que tengo tiempo pinto, al salir de trabajar o cuando la familia lo permite".

Algunas de sus obras se exhibieron en el Festival Cultural del Día Internacional del Sordo, en la muestra de Artistas e Artesáns da Comarca de Sarria no Camiño o en la Feira de San Lázaro de Antigüidades e Restauración de la villa.

Su trabajo se puede ver también todos los años durante las fiestas de San Xoán, ya que pinta los cabezudos elaborados por la ceramista Verónica Quintela y la asociación cultural Crearte. Pedro Quiñoá asegura que no es lo mismo pintar un cabezudo que un cuadro. "Algunos son más reales que otros. Me encanta la experiencia, me permite hacer algo distinto, es otra técnica. Cualquier tipo de arte me gusta", señala.

Un trabajo del que está especialmente contento es de la obra que pintó para el libro en el que su hermano relata su experiencia con el cáncer, pues cuando tenía 16 años le detectaron un sarcoma de Edwing. En ella refleja la enfermedad, el gorro que usaba su hermano, la cama del hospital, la quimioterapia o los ejercicios de visualización que le ayudaron en el cáncer a Iván Quiñoá, relata. También están presentes las motocicletas o los caballos, dos de las pasiones que tenía su familiar cuando sufrió la enfermedad. Se siente "orgulloso" de poder contribuir en el primer libro de su hermano, que sacó hace dos años.

En los últimos tiempos, Pedro Quñoá también impartió un taller de pintura para niños sordos, actividad que los ayuda "a sacar lo que tienen dentro y que lo expresen a través de la pintura", opina.

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