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Monja benedictina: "Hay un concepto equivocado de la vida religiosa"

Sor Paquita frente al monasterio de Samos. FIDALGO
Sor Paquita frente al monasterio de Samos. FIDALGO

Francisca Pérez Mayo, que ha cumplido la cincuentena en el monasterio, será la pregonera de la vigésimo segunda edición de la Feira de Produtos Artesanais de Samos

ELLA MISMA reconoce que es una monja "atípica". Francisca Pérez Mayo, a la que todo el mundo conoce como sor Paquita, desborda alegría y vitalidad. Esta religiosa benedictina, dicharachera y espontánea, dará mañana el pregón de la Feira de Produtos Artesanais de Samos. La Asociación de Comerciantes e Artesáns de la localidad la escogió a ella por cumplir 50 años en el monasterio samonense.

Usted no es de Samos, ¿verdad?
No, yo no soy de aquí, pero llevo un montón de años. Este año va a hacer 50. Soy de San Pedro de Ceque, en Zamora.

¿Y cómo llega a la localidad?
Había un colegio en el monasterio y venían muchas chicas de mi pueblo. Entonces yo dije "¡pues yo también voy!". Lo decidí con un margen de un día o dos. Mi madre no estaba muy por la labor, porque yo era la hija mayor y le ayudaba en los quehaceres de casa, pero mi padre me apoyó. Finalmente vine, y de todas aquellas niñas, fui la única que se quedó. ¡La más ‘trasta’!

¿Su familia es muy religiosa?
Bueno, sí. En aquellos tiempos lo era casi todo el mundo. Mis padres son de misa de domingo… ¡Pero también son de baile! ¡Ojo! Tengo en mi familia gente que canta, que toca instrumentos, que baila… Mi padre siempre nos lo dice: "Hay que valer para todo. Si tienes que ir a rezar, vas a rezar; si tienes que ir a bailar, vas a bailar".

Son cosas compatibles, ¿no?
Claro que sí. Pero hay gente que es mucho de iglesia, y no es de baile. Y otra gente que es de baile y no es de iglesia. "Un santo triste, es un triste santo", decía Santa Teresa. ¡Y es que Santa Teresa era muy alegre! Y muy chistosa.

"Yo soy monja y también me gusta bailar. Santa Teresa, por ejemplo era muy alegre y, además, muy chistosa"

¿Es usted ‘de baile’?
Yo sí. A mí me gusta mucho. Ahora ya, bailo pocas veces, pero si hay alguna celebración, sí. Es que la gente tiene un concepto tiene un concepto de la vida religiosa muy distinto de los que es.

¿Y cuando le empezó la vocación religiosa?
Es un misterio. Yo me acuerdo que cuando era pequeña, en la escuela, nos preguntó un día la maestra: "¿Tú de mayor qué quieres ser?" y una decía azafata, otra médico… Y yo, ya de pequeñita, 
dije que quería ser monja. Entonces la profesora me pregunto que por qué, y yo le dije "es que las monjas no trabajan".

¡Por vagancia, entonces!
¡Pero si yo no puedo estar quieta! Ella ya me dijo: "tú es que no sabes lo que es ser monja, las monjas trabajan muchísimo". Yo realmente no sabía si trabajaban muchísimo o no, pero yo quería ser monja. Lo tuve claro desde el principio ya.

¿Y es verdad? ¿Trabajan muchísimo?
¡Muchísimo! Ayer me lo decían unas visitantes que vinieron al monasterio: "donde las cosas funcionan con monjas, funcionan mucho mejor". Y efectivamente, donde hay monjas las cosas se hacen con más amor, más entrega, sin tanto egoísmo y amor al dinero. Es distinto totalmente. 

¿Y qué rutina tienen?
Ahora ha cambiado, porque ya no trabajo para el monasterio. Aunque hago casi lo mismo. Nos levantamos, vamos a rezar laudes, desayunamos, limpiamos y ordenamos la habitación, cocinamos, fregamos, luego damos un paseo, a las 17:00 vamos a rezar, después lecturas y luego más trabajo.

¿Y cuando estaba trabajando para el monasterio hacía lo mismo?
Sí, lo mismo, pero más. Cocinaba para más, fregaba para más. Normalmente dábamos de comer a veintitantos comensales, y en verano 30 o 40.

Y en el monasterio, ¿no hay hombres que cocinen, frieguen, que se encarguen de la limpieza…?
(Ríe) Yo no sé ahora cómo funciona… Creo que tienen cocineras. ¡Pero deberían hacerlo! De hecho, San Benito lo decía: que pasen todos por la cocina, para que sepan lo que es. Abogaba por la igualdad. ¿Por qué no van a poder hacerlo ellos?

¿Cómo se sintió cuando le dijeron que sería la pregonera de la feria de Samos?
Cuando me lo dijeron les pregunté que si no tenían a otro mejor… Ya les he pedido que que nadie lleve tomates ni huevos (ríe). ¡Más que nada, porque si me los lanzan, luego no se pueden aprovechar! ¡Y me mancharían el habito!

Ahora se tiene que preparar un discurso…
Sí, bueno. Está ya hecho. Una cosa cortita, no voy a dar una conferencia teológica. Es una feria de artesanía, así que hablaré sobre eso y sobre mi vida aquí en Samos.

¿Y está nerviosa por lo de hablar en público?
No. Tenía preocupación antes de haber preparado el texto. Ahora que lo tengo escrito y me va gustando, estoy tranquila.

Estará orgullosa.
Es que es un motivo de orgullo. Es como que el pueblo me considera una vecina más de aquí. Seguro que hay cantidad de gente que lo merece más que yo, y ya ves, se han acordado de mí.

¿Tiene pensado quedarse aquí el resto de su vida?
Yo no pienso en el mañana. El ayer no nos pertenece, no lo podemos comprar ni con todo el oro del mundo. Y a mañana, no sabemos si llegaremos. Hay que vivir, y eso lo tengo muy claro, el momento presente. Solo el momento presente. Mañana, Dios dirá

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