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Dos historias llenas de vida

Ariadna Segalà e Iván Quiñoá (segunda y tercero por la izquierda, respectivamente), durante la celebración de la jornada benéfica en la sociedad La Unión. PORTO
Ariadna Segalà e Iván Quiñoá (segunda y tercero por la izquierda, respectivamente), durante la celebración de la jornada benéfica en la sociedad La Unión. PORTO

Iván Quiñoá y Ariadna Segalà, de Sarria, superaron un cáncer siendo unos adolescentes, una experiencia que les enseñó a «valorar as cousas pequenas» y que los lleva a colaborar con asociaciones que luchan contra esta enfermedad

SUFRIERON UN cáncer siendo unos adolescentes, enfermedad que llevó a Ariadna Segalà e Iván Quiñoá, ambos de Sarria, a empezar a valorar salir a la calle o «estar libres». Hace años que superaron esta dolencia y ahora colaboran con diversas entidades que luchan contra el cáncer.

A Ariadna Segalà le fue detectada una leucemia linfoblástica aguda con 18 años, cuando empezó a estudiar en la universidad. Llevaba dos meses sintiéndose «moi cansada, con moratóns nas pernas, sen apetito...», lo que llevó a que le realizaran una analítica y le descubrieran la enfermedad, explica. Supuso «un shock». «Dixéronmo nun box do hospital. Así, sen anestesia. Sabía que non estaba todo ben, pero non me imaxinaba iso», afirma la joven, quien entonces vivía en Barcelona. A través de la página web de la fundación Josep Carreras conoció casos de enfermos y expacientes.

Tras realizarse varias pruebas confirmaron el diagnóstico y estuvo más de dos años en tratamiento, de los que diez meses fueron de quimioterapia «sen saír practicamente do hospital». En los descansos de la quimio viajaba a Sarria, donde vive su abuela, «para desconectar do tema do hospital e a enfermidade», cuenta Ariadna Segalà, quien superó la dolencia hace nueve años.

La leucemia «foi un proceso moi duro, é cando te das conta de quen tes ao teu lado». Lleva a que «valores as cousas pequenas, ir tomar algo a un bar, dormir na túa casa, saír cos amigos ou estar libre, no hospital tes a vía posta». «Valoras as cousas simples», como tener el gusto de la comida, que con la quimio se pierde, añade.

Tras vencer a la leucemia se trasladó a vivir a Sarria para estudiar un máster en la universidad de Lugo y tuvo una hija.

Iván Quiñoá, por su parte, sufrió con 16 años un sarcoma de Ewing, que se encontraba «moi avanzado». Afirma que su cáncer fue «unha lotería», pues hay un 1% de probabilidades de sufrir el sarcoma que padeció. Estuvo cerca de dos años en tratamiento en un hospital madrileño y otro de A Coruña.

Coincide con su vecina en asegurar que con la enfermedad «empezas a valorar as pequenas cousas, que che dea o aire na cara». «O hospital era como estar nunha cárcere. Desconectarse é unha sensación de liberdade incrible», indica el sarriano.

Hace más de dos décadas superó el cáncer y hace tres meses tuvo que someterse por una enfermedad genética a un trasplante de riñón, que le donó su hermana.

Quiñoá cuenta su historia en el libro "¡Quiero vivir! Un enfermo vital" y con los fondos reunidos colabora con «proxectos persoais e de asociacións». Entre los personales figura un campamento infantil que llevó a cabo recientemente en Ortigueira para niños con cáncer. Además, ayuda a todos los colectivos que se lo solicitan.

Propone que las asociaciones colaboren entre ellas, tanto en proyectos o eventos para recaudar fondos como a la hora de utilizar materiales. «Gustaríame que colaboraran entre elas, que non se illaran. Son moi individuais, incluso vexo rivalidade. É maravilloso que teñan os seus obxectivos, pero que cooperen», insiste Quiñoá, quien también reclama que la gente colabore. «Non están axudando aos enfermos, están axudándose a eles. Dúas de cada tres persoas van ter cancro e máis de 100.000 persoas morren ao ano por esta enfermidade», insiste.

También colabora con entidades Ariadna Segalà, en su caso con la fundación Carreras. «Sempre que se poida facer algún acto solidario hai que axudar», asegura.

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