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Una historia de amor al Camino de Santiago

Los dos peregrinos, acompañados del burro Óscar y del carro, a su paso por Triacastela.
Los dos peregrinos, acompañados del burro Óscar y del carro, a su paso por Triacastela.
El hospitalero Jato y la artista Irene García-Inés peregrinan con un burro para reivindicar la esencia de la ruta

Al hospitalero de Villafranca del Bierzo Jesús Jato y a la artista Irene García-Inés les une el amor por el Camino de Santiago, que definen como "un viaje iniciático", "muy distinto a cualquier itinerario turístico". Con el objetivo de reivindicar la verdadera "esencia" de la ruta jacobea y el valor de la hospitalidad, ambos han iniciado una peregrinación a Compostela acompañados de un burro y un típico carro de arriero.

Partieron de Villafranca (León) el día 19 siguiendo el Camino Francés y este jueves se encontraban en Lousada (Samos), en la Casa del Alquimista, tras pasar dos días en el albergue Oribio de Triacastela.

Caminan junto a Óscar, un burro que les prestó un amigo de Bembibre y que representa "la espiritualidad, el poder y la humildad". Como parte del simbolismo que rodea esta peregrinación, tiran de un carro del año 1963 que les facilitó el cura Blas Rodríguez de Fuenterroble y donde portan una paca, alforjas con castañas, una tienda de campaña para imprevistos y una pequeña cocina.

Según cuentan, la crisis del coronavirus "ha paralizado el turismo y eso está permitiendo que se viva la autenticidad del Camino". Los albergues que encuentran abiertos se mueven "por vocación al peregrino" y las pocas personas con las que se cruzan "lo están haciendo con un sentido muy auténtico". "Estamos descubriendo justamente la verdadera espiritualidad del Camino de Santiago", afirma Jato. "De alguna forma, el Camino ha perdido afluencia y, sin embargo, nosotros lo que estamos experimentando es una libertad total, una sensación de seguridad y de apoyo", añade Irene.

Esta artista plástica es la fundadora del laboratorio cultural La Maya Lab, nacido con el fin de "mantener la esencia sociocultural de los lugares que la están perdiendo", algo que en parte también ocurre con el Camino, dice.

Comparte esta aventura con un gran conocedor de la ruta jacobea como es Jesús Jato, del albergue Ave Fénix de Villafranca, quien lleva décadas ejerciendo como hospitalero, siguiendo así con una tradición familiar que se remonta en el tiempo. «En el año 1933 mi abuela ya acogía a peregrinos y les hacía una pota de caldo. Era una obra de misericordia», relata el berciano, quien alojó en carpas a multitud de caminantes cuando todavía no había albergues.

Aquella hospitalidad la pagó cara. El 18 de abril de 1990, cuando regresaba de una peregrinación de Roma a Santiago en bicicleta se encontró con su refugio destrozado. "Me lo quemaron para que no acogiera a gente", cuenta Jato, quien resurgió de las cenizas y pudo reconstruirlo con la colaboración de muchos peregrinos.

A sus 80 años asegura que su dedicación al Camino es una "afición espiritual". "La satisfacción de hacer algo por los demás es lo que me llena", reitera.

Esta peregrinación a Santiago, que está siendo grabada en parte, forma parte del plan de acción cultural Por amor al Camino, que se compone de tres documentales, dos libros, unas jornadas y un encuentro internacional de artistas audiovisuales. "Todo el plan tiene el objetivo de reivindicar la esencia del Camino porque veíamos que estaba perdiendo algunas de sus mejores atribuciones", expone Irene García-Inés, quien se encuentra "coescribiendo" un libro sobre la ruta junto al hospitalero.

"Queremos transmitir que el sentido de la hospitalidad es compatible con el Camino contemporáneo. Por mucho que se haya vuelto más comercial, el valor de la hospitalidad tiene que permanecer", insiste la artista, para quien la experiencia de la ruta jacobea "no puede ser un patrimonio hiperadministrado, tiene que conservar esa parte libre de aventura y autoconocimiento".

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