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Dora, la gata de cinco meses que hizo el Camino de Santiago desde Sarria

Dora, Lana y sus dueñas. EP
Dora, Lana y sus dueñas. EP
Dos malagueñas recorrieron la Ruta Jacobea acompañadas de la felina, llamando la atención allá por donde pasaron

La pequeña gata Dora, de tan solo cinco meses, fue una peregrina más en el Camino de Santiago al recorrer los 115 kilómetros que separan Sarria de Compostela acompañando a sus dueñas, las malagueñas Ester Sarmiento García y Lourdes Sanz Linares, y de su compañera canina, Lana.

Dora fue el "show", afirman, de la ruta jacobea, pues no es muy habitual encontrarse con un felino. "Preguntaban si en serio era un gato, le sacaron fotos y la conocía todo el mundo. Si cobráramos por las fotos que le hicieron volvíamos con dinero, era exagerado", dice Ester Sarmiento entre risas.

Lana, de año y medio, y Dora crecieron juntas y son "inseparables". Esto lleva a que cuando sacan a pasear a la perra también la acompaña la gata, quien "está acostumbrada desde chiquita" a salir a la calle con su arnés. Por ello, en el momento en el que las dos malagueñas se animaron a completar el Camino, decidieron hacerlo con Lana y Dora.

La perra caminó los 115 kilómetros de Sarria a Santiago, pero la gata fue un poco más cómoda. Anduvo "a ratillos", pero una buena parte de la ruta jacobea la completó dentro de una mochila o sobre sus dueñas. Por suerte para las dos malagueñas Dora es "chiquitita" y "no pesa mucho" para llevarla en los hombros, en los que "coge una postura, se acopla, y casi se queda dormida", cuenta.

Lana, una perra que consiguió su credencial canina, acompañó a la comitiva

La tranquilidad de la felina sorprendió a los demás peregrinos. "Nos preguntaban cómo conseguíamos que no se moviera de los hombros. Ella está acostumbrada al arnés y no hace por escaparse. Iba mirando para todo y quería subir a los árboles, estuvo muy contenta", explica Ester Sarmiento, quien reconoce que en los pueblos con más tráfico Dora estaba "más nerviosilla" por los coches.

ALOJAMIENTOS. Los dos animales se portaron "muy bien" y no tuvieron problema en estar "seis u ocho horas" diarias en el Camino. A la hora de pernoctar no encontraron dificultades para hacerlo con las mascotas. Según indica, reservaron los establecimientos con antelación para evitarse cualquier contratiempo. En los alojamientos la presencia de Dora también llamó la atención, afirma. Destaca el trato recibido, por ejemplo, en una pensión de la localidad de Sarria, donde les "pusieron sus camitas, comederos y comida".

La gata y la perra también llevaron sus propias credenciales para recibir de la Asociación Protectora de Animais do Camiño (Apaca) sus certificados de la peregrinación. Sin embargo, las dos credenciales son caninas, pues por ahora no existe una felina.

Para Esther Sarmiento y Lourdes Sanz fue una experiencia "muy gratificante y emocionante", por lo que prevén repetir la aventura las cuatro.

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