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Lola Vázquez: "Mi bisabuelo fue un empresario que no olvidó ayudar a los demás"

Lola Vázquez posa, en las escaleras de Villa Aurelia. VILA
Lola Vázquez posa, en las escaleras de Villa Aurelia. VILA
El chocolatero sarriano Venancio Vázquez (1847-1921) fue uno de los empresarios más destacados de finales del siglo XIX y principios del XX. Un libro recoge ahora la trayectoria de un hombre de fuerte compromiso social y, en palabras de su bisnieta, "adelantado a su época"

El edificio conocido como Villa Aurelia, fundado por Venancio Vázquez y sede de la sociedad La Unión, acoge mañana, a las 19.30 horas, la presentación del libro sobre la figura de este ilustre vecino, quien triunfó en Madrid sin perder nunca el vínculo con Sarria, donde reposan sus restos. Fue, según su bisnieta Lola Vázquez, un empresario ejemplar, de esos que "generan riqueza y la reparten".

¿Cómo fue su acercamiento personal a la figura de su bisabuelo?
Ha sido una serie de casualidades porque no sabíamos apenas nada de su historia en la familia más cercana. A partir de un libro sobre la fábrica de chocolates de su tío, Matías López, en El Escorial, contacté con el autor, Gregorio Sánchez Meco, y me dijo que sí, que se ponía a investigar de cara a este libro. Surgieron las ganas de saber quién era Venancio Vázquez, que llegó a tener industrias muy avanzadas, y a ser una figura también de la política y a nivel social. Descubrirlo fue una alegría.

Fue uno de los empresarios más importantes de su tiempo. ¿En qué medida influyó en él la trayectoria de su tío, Matías López?
Sin duda influyó. En Madrid estaba también otro chocolatero sarriano, de Pintín, Antonio Vázquez López, que había llegado a principios del siglo XIX y que le ayudó mucho al comienzo, igual que su tío Matías. Fue un impulso, porque llegar a Madrid en aquella época me imagino que no era nada fácil. Había una solidaridad entre los gallegos y los sarrianos, porque mi bisabuelo a su vez también ayudó a muchos.

Su bisabuelo convirtió su fábrica, La Fortuna, en una sociedad anónima. ¿Marcaría así un hito?
Totalmente. Empezó con una fábrica en Chamberí y, a finales del siglo XIX, empezó a construir en Pozuelo de Alarcón la fábrica que, en 1902, se constituiría como la sociedad anónima La Fortuna. Era algo muy novedoso. Lo que hizo fue impulsar que unos 600 comerciantes de Madrid se hicieran socios de esta cooperativa. Es su gran aportación a la economía española de ese tiempo, porque en aquel momento no se hablaba de sociedades anónimas.

Se preocupó de las condiciones de vida de los ciudadanos y estableció tiendas-asilo para la gente necesitada

¿Qué papel jugó la publicidad en la difusión de sus productos?
Era muy cuidada. Con las imágenes se hicieron calendarios, tarjetas postales... Incluso contactó con el litógrafo Fortuny. Había muchísimos anuncios en prensa y en la Puerta del Sol había farolillos luminosos donde se anunciaban los chocolates de Venancio Vázquez. Debía ser muy bonito.

Por otra parte, le interesaba el bienestar de los trabajadores. ¿Qué cambios aportó en este ámbito?
Tanto como industrial, entre sus empleados, como teniente de alcalde de Madrid se preocupó de la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos. Estableció lo que se llamaban tiendas-asilo, donde gente necesitada podía recoger lo que precisara. Conceptos que ahora parecen cotidianos, pero que eran muy novedosos.

Su compromiso social le valió, entre otros, un reconocimiento en Granada por ayudar a las familias afectadas por un terremoto.
Sí, él estaba en la directiva de la Cámara de Comercio de Madrid, que recogió muchas ayudas y envió una comisión al lugar. También colaboró mucho en la reconstrucción. De hecho, recibió la Orden de Isabel la Católica por su papel en la ayuda a los afectados.

Como político, ¿cuáles diría que fueron sus contribuciones al Madrid y a la Sarria de la época?
Estaba en el partido Liberal Progresista y muy cercano a las cuestiones sociales. A nivel de Sarria colaboró con aportaciones económicas en todo lo que servía para impulsar la villa, en la traída de aguas, carreteras, la llegada de la electricidad o el ferrocarril.

La creación de la sociedad anónima La Fortuna fue su gran aportación a la economía española de ese tiempo

¿Cuál cree que era su visión de Galicia desde la distancia?
Muy cercano a Galicia. Creó el Centro Gallego de Madrid, que llevó 20 años constituirlo, se consiguió al tercer intento. Siguió adelante por más que hubiera dificultades. Fue el primer presidente y su función era unir, generar vínculos. Su casa era lugar de encuentro de los gallegos para festejar.

Tenía fama de buen anfitrión.
Sí, cuando venía a Sarria era un acontecimiento porque se dinamizaba mucho la sociedad. Villa Aurelia era un lugar de encuentro. Promovió aquí una Cámara de Comercio y generaba mucha vida.

Debió ser una persona muy popular porque incluso recibió en Villa Aurelia al rey Alfonso XIII en 1907.
El rey estaba en unas maniobras militares cerca de aquí y antes de volver a Madrid pasó a saludarle. Venancio le obsequió con una merendola. Luego se hizo una placa conmemorativa de esa visita, que debió impactar bastante a Sarria.

¿Qúe rasgo destacaría usted de la personalidad de su bisabuelo?
Era enormemente trabajador, perserverante, muy innovador. Muy arraigado en la sociedad de la época y, a la vez, con muchas ideas nuevas. Me lo imagino trabajando siempre y queriendo crear lazos. Nunca olvidó que había que ayudar a los demás.

¿Cuál es el objetivo de la familia con la publicación de este libro?
La idea es divulgar estos personajes que no están suficientemente reconocidos. Poner en valor lo que es un buen empresario, que genera riqueza y esa riqueza la reparte. Esos personajes existen y tanta falta que hacen. Queremos darles el lugar que se merecen.

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