"Es necesaria la implicación de todos para hacer un buen uso de los antibióticos"

Las bacterias resistentes son una de las mayores amenazas para la salud pública, ya que se calcula que estas causan 33.000 muertes al año en Europa, según explica la doctora en Farmacia Susana Carril.
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photo_camera Susana Carril. X. PONTE

El descubrimiento de la penicilina en 1928 por el médico y científico escocés Alexander Fleming revolucionó la medicina. Hay un antes y un después en este campo, ya que los antibióticos son un factor esencial en muchos tratamientos e intervenciones médicas. Su valor va aún más allá, pues resultan cruciales en ámbitos como el de la investigación científica o el alimentario. Una importancia que se puede calibrar con datos como los que aporta un estudio publicado en la revista The Lancet, que estima que cada año se producen entre 100.000 y 200.000 toneladas de antibióticos para tratar a animales destinados al consumo humano.

Pero, casi cien años después del providencial hallazgo del hongo penicillium, un uso antibiótico sostenido y abusivo está provocando que los microorganismos se adapten a ellos y muten, generando nuevas cepas resistentes. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció en 2015 la Semana Mundial de Concienciación sobre el uso de los Antibióticos, entre el 18 y el 24 de noviembre. En el año 2020 se cambió este nombre por el de Semana Mundial de Concienciación sobre el uso de los Antimicrobianos, ya que la resistencia se está extendiendo a una gama más amplia de medicamentos. El objetivo es hacer un uso más racional de estos preparados, como explica Susana Carril, doctora en Farmacia y responsable de calidad del Hospital Ribera-Polusa.

¿Qué pasa cuando no se hace un uso adecuado de los antibióticos?

El antibiótico es un fármaco que tiene la capacidad de actuar sobre una bacteria, destruyéndola o impidiendo su multiplicación, contribuyendo así a su eliminación por parte del sistema inmunitario. Los antibióticos han permitido el tratamiento eficaz de la mayoría de los procesos infecciosos bacterianos de nuestro entorno, pero al igual que ocurre con cualquier medicamento, para garantizar su eficacia y seguridad es preciso utilizarlos de un modo racional. Con un uso inadecuado existen tres grandes riesgos: pérdida de eficacia, aparición de reacciones adversas y la selección de microorganismos resistentes. Los dos primeros riesgos afectan únicamente a ese paciente, mientras que la selección de microorganismos resistentes es un riesgo colectivo, un problema de salud pública de primer orden, ya que implica el riesgo de selección y diseminación de bacterias resistentes.

¿Cuándo hacemos un mal uso de los antibióticos?

El mal uso puede llegar a través de diversas vías: con la automedicación o una medicación excesiva, con la toma incorrecta o incompleta de las dosis, a través del atiborramiento de bactericidas a los animales y con los residuos de las farmacéuticas.

¿Cómo se desencadena la resistencia bacteriana frente a estos fármacos?

La resistencia no es otra cosa que la supervivencia del más apto: cuando las bacterias se enfrentan a los medicamentos mueren, pero las mutaciones de algunas les otorgan inmunidad ante los fármacos. Así están surgiendo nuevas superbacterias resistentes a los antibióticos, que suponen un enorme problema sanitario al que es preciso dar respuesta, debido tanto a la aparición y diseminación de bacterias multirresistentes como a la reducción de los tratamientos antibióticos disponibles eficaces frente a estas.

Es un problema que necesita ser atajado de forma urgente.

Sí, desde luego, y además debe abordarse de forma transversal, ya que son múltiples los factores que intervienen en su desarrollo. La lucha frente a las resistencias debe realizarse desde el punto de vista del One-Health, considerando de la misma forma la salud humana y la veterinaria, y en ella deben tomar parte activa todos los profesionales sanitarios, así como todos los ciudadanos, ya que al igual que todos somos parte del problema, igualmente todos formamos parte de la solución. Se puede hacer siguiendo las directrices establecidas en el año 2014 en el primer Plan Estratégico y de Acción para reducir el Riesgo de Selección y Diseminación de la Resistencia a los Antibióticos (Pran) por la Agencia Española del Medicamento y el Consejo General de Colegios de Farmacéuticos.

¿Cuáles son esas líneas de actuación?

El primer objetivo es sensibilizar a la población sobre la necesidad de realizar un uso prudente de los antibióticos, usándolos únicamente cuando el médico o el odontólogo los pauten. Se tomarán respetando las pautas indicadas por los profesionales sanitarios: sin olvidar ninguna dosis ni suspenderlo antes de lo indicado porque nos encontremos bien. También hay que potenciar otras medidas de gran utilidad en la prevención de las infecciones, como el lavado de manos o la vacunación.

En el mundo animal, aunque el problema está en los grandes productores, la población también puede contribuir a un consumo más racional.

Sí, se puede contribuir evitando la administración a los animales sin que exista una prescripción veterinaria, tanto a mascotas como, muy especialmente, al ganado. La OMS recomienda la reducción del uso de cualquier tipo de antibiótico en los animales destinados al consumo, y su restricción total con el fin de estimular el crecimiento o de prevenir enfermedades sin que exista un diagnóstico previo. Solo se debería administrar antibióticos a animales sanos para prevenir una enfermedad si esta ha sido diagnosticada en otros animales de la misma cabaña o población de peces.

Más información en: riberasalud.com/polusa

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