Belén Rueda sufrió un "mareo raro" que resultó providencial

La actriz ha dado detalles sobre el ictus transitorio que tuvo hace unos años. Este posibilitó el diagnóstico de un aneurisma, que precisó una cirugía. El neurólogo le ha explicado que, posiblemente, ese primer accidente isquémico haya salvado su vida.
La actriz Belén Rueda posa a su llegada a la última edición de los Premios Goya. MARISCAL (EFE)
photo_camera La actriz Belén Rueda posa a su llegada a la última edición de los Premios Goya. MARISCAL (EFE)

Belén Rueda ha concedido esta semana una de sus entrevistas más personales. La actriz visitó el plató del programa Col-lapse, de TV3, y dio nuevos detalles sobre el ictus que sufrió hace unos años, el temor que sintió a las secuelas laborales y el rechazo que sufren las mujeres a partir de los 50 años.

Un único síntoma

La actriz explicó que hubo una época de su vida en la que sufría un estrés fortísimo, resultado de un frenético ritmo tanto de trabajo como de eventos sociales, y que dormía solo tres o cuatro horas. Un día, la actriz sintió un mareo cuando estaba sola en casa, llegando a perder el conocimiento "durante un tiempo muy cortito", así que llamó a su hermana. Ella la vio rara y no dudó en pedir una ambulancia.

El dictamen de los médicos fue "ictus transitorio por estrés". Los exámenes posteriores descubrieron también un aneurisma, que precisó una operación para colocarle un stent.

Tras el impacto, Belén Rueda tuvo que aprender a aceptar lo que le había sucedido, como explicó en TV3: "Cuando sucedió solo se lo conté a las personas más cercanas. Pensaba que si lo contaba me quedaba inhabilitada a nivel laboral...". Además, sabe que fue un susto providencial: "Al hacerme pruebas descubrieron el aneurisma. Si no lo hubieran hecho es posible que hubiera sufrido un ictus más grave".

¿En qué consiste?

El accidente isquémico o ictus transitorio es un episodio brusco y repentino, que dura menos de 24 horas, durante el que un vaso sanguíneo del cerebro se bloquea, pero el bloqueo desaparece por sí solo sin causar un daño cerebral permanente, ya que no mueren neuronas o lo hacen en un número insuficiente para provocar cambios detectables en las pruebas de imagen del cerebro.

Los accidentes isquémicos transitorios deben interpretarse como un signo de alarma de un ictus inminente. De hecho, quienes lo han sufrido tienen muchas más probabilidades de sufrirlo.

Los síntomas comienzan repentinamente, duran poco tiempo y después desaparecen. Son las mismas señales que en un accidente cerebrovascular e incluyen:

  • Cambios en la lucidez mental (somnolencia o inconsciencia)
  • Cambios en la audición, la visión, el gusto o el tacto
  • Confusión, pérdida de memoria, dificultad para escribir, para leer, para hablar o para entender a los demás
  • Problemas musculares (debilidad, dificultad para deglutir o para caminar)
  • Mareo, pérdida del equilibrio o de la coordinación
  • Pérdida del control de esfínteres
  • Entumecimiento u hormigueo de un lado del cuerpo

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