Los voluntarios miran al pasado en Cereixa

Cataluña, Madrid, Cantabria e incluso México son algunas de las procedencias de los jóvenes que estos días ayudan en el yacimiento
Voluntarios trabajando en el yacimiento de Cereixa. M.P.
photo_camera Voluntarios trabajando en el yacimiento de Cereixa. M.P.

Es agosto y eso en Cereixa significa excavar, investigar y descubrir. El castro de San Lourenzo es un hervidero de gente estos días. Entre ellos, doce voluntarios del campo de trabajo organizado por la Xunta que ayudaron hasta este jueves con las diferentes labores en el yacimiento. Son ocho campañas de prospecciones en esta parroquia de A Pobra do Brollón y cinco las ediciones de una actividad que trae a la Ribeira Sacra a jóvenes de todas partes del mapa, que este año ha recuperado el carácter de internacional.

El director del proyecto, el arqueólogo Xurxo Ayán, insiste en que en Cereixa debe haber una comunidad viva, aunque hablemos de un pasado creado por personas que llevan siglos sin estar entre nosotros. Por eso atrae la atención de jóvenes interesados en pasar unas semanas de verano colaborando. Saben que no se van a dedicar ese tiempo solo a desbrozar accesos. Será un contacto potente y directo con un lugar y su gente.

En esta ocasión, lo que se hace en A Pobra do Brollón cada mes de agosto ha llegado incluso al otro lado del océano Atlántico. Verónica Nava Maldonado, de 24 años de edad, es de México, más concretamente de Tlaxcala. Su primer viaje a Europa ha sido para formar parte del grupo de voluntarios en San Lourenzo.

Verónica Nava. M.P.
Verónica Nava. M.P.


"Tenemos un programa llamado ‘Apizaco por el mundo’ que está incorporado a otro con el nombre ‘Vive México’, vinculado a muchos campos de trabajo en diferentes países, sobre todo en Europa. Nos dejan elegir entre cuatro opciones. Una de ellas es la de Brollón, donde fueron los primeros en seleccionarme", cuenta Verónica.

No se lo pensó mucho. Se subió a un avión y tras un largo viaje transoceánico se plantó en Cereixa, bandera de su país incluida para lucir en el propio castro. "Estoy muy sorprendida. Al principio me costó por el idioma, sobre todo ciertas palabras que aún no entiendo, pero me gustó mucho. De Europa esperaba edificios enormes y ver esta riqueza natural me causó sorpresa", explica esta estudiante de Ingeniería en Administración que siembre busca "conocer y hacer cosas diferentes".

Cuenta Verónica Nava que donde ella vive en México hay "muchos recursos naturales", por lo que se sintió atraída por la conexión entre ambas tierras. Además, le encanta "el contacto con la naturaleza". Nunca había trabajado en arqueología, pero sí está acostumbrada al voluntariado.

"El mismo programa que me permitió venir aquí nos involucraba para actividades de ayuda a la comunidad como hacer donaciones, recoger colillas, ayudar a gente necesitada o plantar árboles", subraya antes de añadir que está muy contenta con el recibimiento que tuvo en Cereixa. "En México tenemos un concepto raro sobre los españoles, porque hasta creemos que no nos quieren, pero la gente a mí me ha acogido muy bien", asegura.

MÁS TESTIMONIOS. Anna Torres Varela solo tiene 18 años, pero ya posee una dilatada experiencia en campos de trabajo. En su Cataluña natal participó en dos para menores. Eso sí, ninguno de ellos relacionado con la arqueología. Estaban relacionados, sobre todo, con el medio ambiente.

Anna Torres. M.P.
Anna Torres. M.P.


Su familia es una de las muchas de Cataluña que tienen una fuerte relación con Galicia. Y encima en este caso con la Ribeira Sacra, donde tiene parientes en O Saviñao. "Solía venir cada año en verano, pero por la pandemia llevaba tres sin hacer ninguna visita, así que al elegir el campo de trabajo prioricé que estuviese en Galicia", cuenta la joven, quien tiene una prima restauradora que reside en A Pobra do Brollón

Aun así, no conocía lo que se hacía en Cereixa. Supo del yacimiento gracias a las opciones que ofrece la página web de la Generalitat catalana.

"Me ha encantado. Es de destacar cómo se acoge la gente, tanto otros voluntarios como arqueólogos y vecinos. El ambiente que se genera es lo mejor. Aquí se hacen cosas y hay mucho movimiento, además de un gran catálogo cultural", explica Anna Torres, quien hasta se está planteando volver. "Quizá regrese para la vendimia, en septiembre", afirma.

Jorge Martín Cardenal, de 20 años, llegó desde Cantabria, cerca de Santander. Como reconoce, el de San Lourenzo debió ser su segundo campo de trabajo, pero al que iba a asistir el año pasado se suspendió por el covid-19. "El tema científico nunca fue mi fuerte. No fue la arqueología, sino la cultura de Galicia, tan distinta a la de mi tierra, lo que me atrajo", cuenta el voluntario.

Jorge Martín. M.P.
Jorge Martín. M.P.


De San Lourenzo no sabía nada más que lo que leyó en las hojas informativas. "Investigué un poco y comprobé que el propio pueblo acoge muy bien a la gente del campo y el proyecto. Reconozco que llegué de rebote, pues mi primera opción fueron las islas Cíes, pero era muy difícil conseguir plaza", indica Jorge, contento de que las casualidades le hayan llevado hasta a A Pobra do Brollón. "No me arrepiento para nada", dice.

Jorge Martín creyó que les llovería, pero les recibió un calor sofocante la mayor parte de los días. También se marcha encantado con la estética del lugar. "Vivo en una ciudad, desconectado de la cultura tradicional, así que vivir la de Galicia tan de cerca ha sido muy enriquecedor", destaca.

De su etapa en Cereixa se queda con el trato con los vecinos. "El primer día fuimos a cenar a A Avenida. Había gente en la terraza y nos aplaudieron. Fue una acogida muy bonita y cuando participamos en una gincana por Brollón con preguntas sobre el ayuntamiento y Cereixa, nos trataron muy bien, respondiendo con amabilidad y hasta abriéndonos la iglesia", recuerda.

Michaela Orechica. M.P.
Michaela Orechica. M.P.

Michaela Orechica, de 18 años, llegó desde más cerca. Es de O Pino, cerca de Santiago, y accedió a San Lourenzo a través del campo de voluntariado de la Xunta.

"Investigué para ver qué se hacía aquí y desde ese momento fue mi primera opción. Me gusta cómo integran el patrimonio en la comunidad, sin elitismo. Si quieres venir a dar un paseo y ver qué pasa, vienes", apunta.

Por su parte, Yousra Hazim, también de 18 años, se decidió desde Madrid. "No investigué mucho. Solo leí por encima y me llamó la atención la parte medioambiental de este proyecto arqueológico", relata.

Yousra Hazim. M.P.
Yousra Hazim. M.P.


Para Yousra, lo más destacado es que en el castro "te sientes como en casa". Concluye que todo el mundo "tiene acceso y puede hablar con la gente que trabaja aquí, que está disponible para resolver cualquier duda".

Hallazgos: una nueva tumba con restos humanos
El trabajo da frutos en Cereixa. Esta temporada se han excavado nuevas tumbas que estaban pendientes, dos de ellas infantiles, y se ha descubierto otra con restos humanos en su interior, aunque muy deteriorados. También se está documentando la cara interna de la muralla del castro, una construcción monumental que defendía todo el asentamiento de la que se conservan como mínimo tres metros de altura y que en algunos tramos llega hasta los cinco metros, como explicaron los arqueólogos Candela Martínez y Carlos Otero.
Más detalles
Gracias a las prospecciones de este año se sigue documentando el pasado del yacimiento. Según parece, una parte del castro, que es anterior a la llegada de los romanos, fue destruida para extraer bloques usados en la construcción de la capilla medieval del asentamiento.

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