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Treinta años de una masacre que aún conmociona a Chantada

Uno de los cadáveres. TEJERO
Uno de los cadáveres. TEJERO

En marzo de 1989, Paulino Fernández mató a siete vecinos e hirió a otros siete con un cuchillo y un hacha antes de quitarse la vida

El 8 de marzo de 1989 es seguramente uno de los días más funestos de la historia de Chantada. Una jornada que comenzó normal y rutinaria en el lugar de Surribas, parroquia de Adá, terminó en tragedia. Paulino Fernández mató a siete vecinos e hirió a otros siete con un cuchillo y un hacha antes de suicidarse. En cinco días se cumplen 30 años de un episodio que todavía es un tema tabú en Chantada. Pocos quieren hablar de ello.

El hospital comarcal de Monforte apenas había abierto sus puertas y le tocó recibir a cinco personas heridas durante el desgraciado suceso. Uno de los cirujanos que estaba de guardia aquel día recuerda perfectamente cómo se dieron los hechos.

"Estábamos en la sala de guardias y los ATS nos avisaron desde Urgencias de que había llegado una mujer con heridas muy profundas y graves. Cuando la vimos comprobamos que tenía más de 40 y nos pusimos a operarla", relata el cirujano. Según su testimonio, la víctima tenía varios órganos en muy mal estado y no pudieron hacer nada por salvar su vida. "La trasladamos a la Uvi a Lugo con la esperanza de que una segunda intervención la ayudase, pero no fue posible. Ya fue un milagro que llegase a Monforte viva", indica el médico.

Sí se salvó el siguiente agredido por Paulino Fernández que entró en el hospital. Era un hombre más joven que también presentaba heridas de importante consideración. "Conseguimos curarlo y que sobreviviera. Mientras le operábamos nos informaban de que llegaban más heridos en las mismas circunstancias. En total, vinieron cinco. Llegamos a pensar que era una broma. No dábamos hecho más", comenta el cirujano.

"Morreu moita xente próxima e querida, incluído Paulino, e queremos esquecer a historia", señala un vecino de Surribas

Así vivieron los trabajadores sanitarios recién instalados en Monforte un capítulo oscuro y triste. La mujer operada en el hospital comarcal y que falleció horas después de ser atacada fue una de las siete víctimas mortales de Paulino Fernández.

LOS HECHOS. El inicio del 8 de marzo de 1989 fue como el de cualquier población rural, entre actividades agrícolas y ganaderas. Paulino Fernández se desplazó hasta el casco urbano de Chantada para tratar con su abogado, el entonces alcalde Sergio Vázquez Yebra, unos asuntos relacionados con sus propiedades.

Después de comer, alrededor de las tres de la tarde, comenzó su tenebroso camino por Surribas, Quinzán da Vila y Quinzán do Carballo. Este último lugar se encuentra en Taboada.

Su primera víctima fue un vecino que cortaba leña en un alpendre. Le asestó varias puñaladas, pero el hombre sobrevivió. Tras aquello, Paulino Fernández sacó a sus animales a pacer, como haría cualquier otro ganadero en una jornada laboral, y a partir de ahí se desencadenó la masacre.

"Cuando cerré mi negocio y salí para irme a casa por la noche lo hice con miedo", subraya una comerciante de Chantada

Avelina Moure Soengas, Emilio Ramos Blanco, José Lago García, las hermanas Celsa y Aurora Sanmartín Ledo, Maximino Saa Sánchez y Amadora Vázquez Pereira tuvieron la mala suerte de encontrarse con Paulino Fernández aquella tarde. Estas siete personas perdieron la vida y otras tantas resultaron heridas.

Cuando se dio cuenta de lo que había hecho, Paulino Fernández se encerró en su casa y le prendió fuego. Para entonces, la noticia sobre lo ocurrido ya se había extendido y llegado hasta Chantada. Cuando se pudo controlar el incendio de su casa encontraron el cadáver del homicida calcinado.

Lo que muchos en Chantada se preguntan es el motivo que llevó a un hombre aparentemente normal a llevar a cabo semejantes actos. "El desconfiaba de que os veciños querían mercar unha herdanza que el obtivera", señala un habitante de Adá que prefiere mantener el anonimato. "Paulino fixera unha viaxe a Brasil, onde tiña familia, e ao seu regreso era unha persoa totalmente distinta", añade.

Este vecino define a Paulino Fernández como una persona introvertida y seria, cualidades que se acrecentaron, dice, cuando se bajó del avión procedente del país suramericano. "Aínda que non falaba moito levábase ben con todo o mundo. Non adoitaba pedir favores, pero non tiña problema á hora de facelos. Era tranquilo, un bo veciño. Cando volveu de Brasil xa non era o mesmo", comenta la persona consultada, quien afirma que su máximo deseo es que Chantada pase página.

"Resulta complicado superalo porque cada pouco tempo aparece alguén por alí que nos pregunta como foi aquilo. É unha historia que queremos esquecer, porque significou a morte de persoas moi próximas e queridas. E entre elas inclúo ao propio Paulino", dice.

EL RECUERDO. No hay nadie en Chantada que no conozca esta historia, si bien pocos se atreven a hablar de ella. Los que la vivieron recuerdan el miedo que se propagó por todo el municipio. El terror llegó al casco urbano, pues había corrido el rumor de que Paulino estaba en Chantada armado y matando gente.

"Cuando cerré mi negocio y salí para irme a casa por la noche lo hice con miedo, porque no teníamos noticias concretas de lo que había ocurrido", subraya una comerciante de Chantada. En aquel momento, Paulino Fernández ya había dejado los caminos de Surribas y los dos lugares colindantes repletos de cadáveres y heridos.

Tres décadas después, el episodio aún conmociona a Chantada y todavía hay algún resto de lo ocurrido. "O solar onde estaba a casa segue aí, no mesmo mal estado que o día que ardeu. Os veciños estamos fartos. É unha vergoña que ninguén se ocupe de arranxalo", denuncia el vecino de Adá consultado acerca de los hechos.

Treinta años de una masacre que aún conmociona a Chantada
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