Tapices hasta en el suelo de casa

Deborah Pereira triunfa a sus 41 años en la gimnasia rítmica, deporte que practica en el Quicela con sus hijas, Alisa y Mía
Deborah Pereira y sus hijas, Mía y Alisa. M.P.
photo_camera Deborah Pereira y sus hijas, Mía y Alisa. M.P.

Una de las particularidades de la casa de Deborah Pereira es que en el suelo no hay alfombras. Hace tiempo que decidió cambiarlas por tapices. "Estábamos tanto tiempo practicando que me decidí", cuenta la mujer, quien practica gimnasia rítmica junto a sus dos hijas, Alisa, de doce años, y Mía Urdaneta, de cinco. "Hasta ven películas sobre el tapiz", afirma sobre ellas.

Tanto la madre como las niñas forman parte del mismo club, el Quicela monfortino. A las horas de entrenamiento en el pabellón de A Pinguela les suman ejercicios y estiramientos en una casa donde el deporte rey no es el fútbol, ni el baloncesto ni el voleibol. Y eso que este último deporte también está muy vinculado a la familia.

La abuela de Alisa y Mía, suegra de Deborah, es Laida Alvarado, quien llegó hace muchos años a Monforte para formar parte de A Pinguela en los tiempos en los que este equipo jugaba en la Superliga femenina, la élite nacional.

"La abuela me picó muchas veces para que jugara al voleibol, pero me gusta la gimnasia rítmica, porque es el deporte de mi madre y es muy bonito", señala Alisa, que ya presume de una medalla de bronce y otra de plata autonómicas.

Deborah, Mía y Alisa. M.P.
Deborah, Mía y Alisa. M.P.

Tanto ella como su hermana tienen grandes aptitudes para la gimnasia rítmica. "Soy una goma de estirar", exclama Mía, quien no pierde el momento de saltar y hacer piruetas, hasta durante la entrevista con este periódico.

GRAN TRAYECTORIA. Hoy en día, Deborah Pereira es, posiblemente, la gimnasta federada más veterana de Galicia. A sus 41 años fue campeona autonómica en 2020, subcampeona en 2021 y medalla de bronce en el presente 2022. Y eso que, según cuenta, compite contra deportistas a las que saca 21 años. Para añadir más mérito a sus logros, Deborah Pereira volvió a entrenarse de forma regular en 2020. Llevaba desde los 18 sin hacerlo.

Deborah arrancó con cuatro años en la gimnasia rítmica y empezó con siete a competir . Entre esta edad y los 18 llegó a ser internacional absoluta por su país de origen, Venezuela. Luego lo dejó.
"La gimnasia rítmica es un deporte muy rudo y es fácil colapsar pronto, porque empiezas muy joven y desgasta", explica Deborah. A los 23 años ya estaba centrada en su carrera académica. En Venezuela estudió Administración de Empresas.

Su traslado a Monforte fue por amor. Deborah se enamoró de Jimmy, el hijo de Laida Alvarado, y tras iniciar una relación con él decidió seguirlo al otro lado del océano, donde su suegra se hacía un gran nombre gracias al voleibol.

Ya en Galicia estudió el ciclo de Técnico Deportivo y conoció por Jimmy a Jessica Quiroga, propietaria y coordinadora del Quicela. Pronto empezó a trabajar con ella, ayudándola en el club.
"Jessica me animó a competir", recuerda Deborah, federada en categoría máster. Como dice, se entrena "cuando mis obligaciones me lo permiten", pero lo hace con la alegría de estar acompañada por sus hijas. "Me gusta mucho entrenar con mi madre. Vamos juntas a las competiciones y siempre me da consejos", subraya Alisa.

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