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Sober, el paraíso de los centenarios contra el coronavirus

Pura Díaz, de 102 años, en la casa que comparte con su hijo y su nuera en Sober. ELISEO TRIGO (EFE)
Pura Díaz, de 102 años, en la casa que comparte con su hijo y su nuera en Sober. ELISEO TRIGO (EFE)
En un municipio en el que 14 de los 2.300 habitantes han superado el siglo de vida, y varios más se acercan, se extreman las precauciones ante la pandemia

De los 2.300 habitantes de Sober, catorce han sobrepasado el siglo, once mujeres y tres hombres. La mayor del grupo soplará 106 velas en mayo. En el conocido como el paraíso de los centenarios, este colectivo extrema las precauciones ante la mayor emergencia de salud pública.

El psiquiatra Jesús Fraiz, especialista en longevidad reconocido internacionalmente, sostiene que Galicia "reúne muchas de las condiciones" contempladas por el periodista estadounidense Dan Buettner para identificar las conocidas como "zonas azules" porque "tiene un índice de envejecimiento muy alto" y habitantes que alcanzan cifras inusuales, de hasta 107 primaveras.

La isla japonesa de Okinawa es la región con más centenarios del mundo y posee altas coincidencias con Galicia, prosigue el experto, al ser "una zona muy húmeda", con lluvias frecuentes, con "gente del campo" que trabaja desde la mañana hasta la noche pero sin empleos "estresantes" y en la que se come "mucho pescado" y carne de cerdo.

Y, desde luego, si hay un punto en tierra gallega que destaque por su concentración geográfica de esos seres humanos agraciados con mayor tiempo de vida es Sober, en plena Ribeira Sacra. Allí hay población de riesgo y todos portan sus mascarillas.

Heroes con bastón: un agasallo aos usuarios da residencia Virxe do Carme de Sober

Además, por prevención, la residencia de la tercera edad del lugar, con 60 internos, prohibió las visitas el primer fin de semana del estado de alarma, el sábado 14 de marzo, cuenta el alcalde, Luis Fernández Guitián. Considera que esa decisión fue "un acierto" que trajo consigo "que no hubiese ni un caso positivo". Todos los trabajadores y usuarios fueron sometidos a la prueba de Covid-19.

Para celebrar ese dato, una comitiva municipal acudió al centro con un coche de Protección Civil, un camión de bomberos y el vehículo de la Benemérita, entre sirenas y aplausos, para animar.

"Desde el primer momento el material que recibió el Ayuntamiento, tanto de donaciones privadas como de la Xunta, lo destinamos a los servicios sociales y a la residencia, así que nunca faltaron ni máscaras FFP2, ni batas, ni guantes, ni gel", precisa Guitián.

Y, aunque en este pueblo hay un centenario por cada 146 ciudadanos, en los últimos años también hubo un repunte en la población infantil. Hay hoy 130 niños de entre cero y doce años.

Por ello, y dado que el Gobierno permitirá que los menores salgan un rato a la calle a partir del 27 de abril, el Ejecutivo local ha encargado mascarillas infantiles reutilizables de dos tallas, decoradas con dibujos, para entregar a los de entre 3 y 12.

Proc/JFIF/EFE-Calidad:ExcelentePequeños y mayores soportan bien el confinamiento, dado que la cuarentena en el rural es muy diferente a la de las ciudades. Los 130 kilómetros cuadrados de Sober, divididos en 22 parroquias y 300 núcleos de población, muestran casas que disponen de una finca adyacente en la que practicar labores varias... al aire libre.

Incluso muchos de "los veteranos" se pueden permitir este lujo, dado que diez de ellos gozan de un extraordinario estado de salud y del resuello suficiente para levantarse a diario de cama y proceder.

A otros dos soberinos les toca cumplir los cien este año

El alcalde celebra por "todo lo alto", o así era la costumbre, los cumpleaños de este sector, como ya puede llamarle, al que en este 2020 se han unido dos personas. Y, si todo va bien, otros dos soberinos de 99 años en la actualidad, coronarán los cien en lo que resta de este año. Las cifras de Sober podrían dispararse ya que en 2021 son siete más los que alcanzarían la centena.

Los datos los aporta este regidor que lleva la cuenta de todas las fechas, así como de los momentos vitales, dado que de la próxima mujer en cumplir la celebrada cifra, 100, el próximo julio, explica que "está muy bien, tiene huerta y sale todos los días a atenderla".

Pese a que, en general, el miedo no reina en esta cantera de centenarios y súper centenarios, reconoce el alcalde que a los ancianos no les beneficia la saturación de información, pues "ver todos los días que hay 500 muertos, la mayoría gente mayor, probablemente no ayude en absoluto a su vida normal".

"¿Pero qué esta pasando?"
Luis Fernández no se equivoca. Pura Díaz, que cumplirá 103 años el 24 de mayo, exclama cuando ve el telediario: "¡Ay Dios mío! ¿Pero qué está pasando?". Reproduce sus palabras su nuera, Rosa Collazos.

En la aldea de Santiorxo, en la que solamente hay dos casas habitadas, Pura lleva una vida normal, pues prácticamente ya estaba enclaustrada antes, dado que le cuesta mucho bajar las escaleras, así que salía de su casa "de pascuas en ramos", detalla ella misma.

A veces "dice que le apetece salir", señala Rosa sobre su suegra, que siempre ha sido muy activa. Hasta no hace tanto recorría siete kilómetros a pie en los días de feria, hasta el núcleo de Sober. Y observaba que ahora la gente recurre demasiado al coche.

Rosa tiene "muchísimo cuidado" de que Pura no se contagie y por ello, declara, extrema la higiene después de ir al supermercado. "Yo soy la que va a comprar, me llevo mascarilla y guantes. Cuando entro al coche me desinfecto las manos y en casa quito la ropa", abunda.

"¿Cómo va a tener miedo un hombre de cien años que pasó la guerra?"
En el lugar de Ferroños mora Manuel Castroseiros, que pertenece al grupo de los centenarios desde el 14 de febrero de este 2020. "¿Cómo va a tener miedo un hombre de cien años que pasó la guerra?", espeta. La frase la escucha, y casi como un mantra, su hija Carmen.

La existencia de Manuel "no cambió porque está encamado" y tampoco, concreta Carmen, sabe muy bien qué es el patógeno causante de la pandemia global, pues ella fue muy escueta: "Como una peste".

Su padre siempre ha tirado de retranca. Con su edad sobre todo. La achaca a haber pasado, confiesa entre risas su hija, "tanta hambre y frío". A consecuencia de ello cree que es merecedor de este tiempo extra de buena alimentación, calor y conforto. Y a por muchos más.

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