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Sillas para limitar el paso y una sala de conciertos vacía en Escairón

Emilio Vázquez, ante el mural que decora la sala Avenida. M.P.V
Emilio Vázquez, ante el mural que decora la sala Avenida. M.P.V
La hostelería de O Saviñao se resigna ante las restricciones ► Muchos han optado por cerrar 

Resignación es la palabra que mejor puede definir el sentimiento de la hostelería del que este sábado es el municipio de Lugo en el nivel de restricciones más alto, O Saviñao. Las calles de la capitalidad, Escairón, estaban este jueves semivacías. Solo gente que hacía recados, coches que repostaban en la estación de servicio y algunos clientes en las terrazas de los escasos establecimientos abiertos daban algo de actividad.

"Non é xusto que a tomen con nós. Aquí o gromo foi nun colexio, non ten nada que ver cos bares", comentaba, muy enfada, Aurora Casal. Lleva la cafetería del Círculo Saviñao, una entidad recreativa y cultural en la que solo es posible tomar algo en unas pocas mesas colocadas en la acera, justo a la entrada, o en la terraza de la parte trasera del edificio.

El bar del Círculo recibe al cliente nada más entrar. Al atravesar una puerta, de frente, se accede a la sala de exposiciones y la terraza. Antes, a la derecha, se encuentra la cafetería en sí, con todo el mobiliario precintado y una fila de sillas colocada a modo de muralla, como si fuese una frontera entre la zona del local en la que se permite permanecer y en la que no.

escairon (16)"Isto é moi pequeno e moita xente non entende ou non se decata do que pasa. Puxen as cadeiras a modo de información, para asegurarme de que ninguén entra a sentarse", relata Aurora. Sin embargo, la hostelera asegura que, hasta la fecha, nunca ha tenido que llamar a nadie la atención.

Para los consumidores también es una faena. "Pásano mal, a xente está moi cansa e a vila está baleira porque a información que se transmite non é nada boa. Moitos pensan que estamos pechados perimetralmente e non poden vir, cando non é así", concluye.

Una buena parte del sector ha visto rentable cerrar temporalmente. El cabreo es evidente, hasta el punto de que muchos prefieren, al ser cuestionados por este diario, no hacer declaraciones. Se sienten cansados de estar siempre en el blanco de las restricciones y de tener que adaptar cada poco tiempo sus locales a la cambiante normativa. Este viernes, solo los clientes de cada día copaban las terrazas.

La sala Avenida ha celebrado fiestas, bailes y conciertos desde 1967 al 30 de enero de 2020, fecha de la última actuación

MÁS DE UN AÑO. Un local dedicado a las fiestas y los conciertos es un sitio de música y alegría. Eso fue la sala Avenida desde 1967, cuando se abrió, hasta el 30 de enero de 2020, fecha de la última actuación entre sus paredes.

Emilio Vázquez, al que todos conocen por Milucho en Escairón, afirma que de no ser por el restaurante y la cafetería del mismo nombre, que conviven con la sala, habría tenido que cerrar. "É un desastre, unha tristura. Sobrevivimos grazas aos clientes de sempre e ao servizo de comida a domicilio", subraya.

Los conciertos de la Avenida dan protagonismo a bandas y artistas underground, al margen del mundo comercial. Se celebran en un espacio decorado con murales y grafitis situado en la parte de atrás del local, después del bar y el restaurante. "Somos a única sala de festas e baile da zona sur de Lugo, pero agora só podemos atender na terraza", lamenta Milucho.

Aquel 30 de enero de 2020, cuando el coronavirus parecía solo una gripe rara que sufrían en China, Chavalan, un grupo de Valencia, dio el hasta la actualidad el último concierto de la sala Avenida. Para mediados de marzo, justo cuando se declaró el estado de alarma y empezó el confinamiento, el propietario de este negocio tenía programadas tres actuaciones —de Finale, Magoon y Aullido Atómico— que jamás empezaron.

Tampoco pudo celebrarse uno de los eventos más destacados de la Avenida, el festival Música na Rúa, en agosto. Milucho preparó el año pasado una edición de formato reducido que un brote de covid hizo saltar por los aires.

Sillas para limitar el paso y una sala de conciertos vacía en Escairón
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