¿Qué fue de... Sara Fernández?

En 1981 Sara Fernández entró de maestra en el colegio A Gándara de Monforte. Después asumió la jefatura de estudios y la dirección. Con ella rodó el club de atletismo y mil iniciativas más. En 2012 una enfermedad la apartó de la docencia pero le quedaron fuerzas para presidir el colectivo Semente
Sara Ferndández, en el parque de Os Condes de Monforte. A.R.
photo_camera Sara Ferndández, en el parque de Os Condes de Monforte. A.R.

A los padres de Sara Fernández les pesaba mucho aquello de ‘pasas más hambre que un maestro de escuela’ y no se lo pusieron fácil cuando dijo que quería dedicarse a la docencia. Pero su destino estaba marcado desde niña: "llegaba a casa y les repetía a las muñecas lo que había aprendido en el colegio", cuenta, así que impuso su voluntad y se dedicó en cuerpo y alma a su pasión.

Sus primeros destinos fueron los colegios monfortinos del Sagrado Corazón y San Antonio y la Escuela Hogar de Quiroga, de la que guarda muy buen recuerdo porque "de niña yo estuve interna en León, mientras mis padres estaban emigrados", dice.

En en 1981 Sara, Sarita para muchos de sus alumnos, llegó al centro A Gándara de la ciudad del Cabe y allí encontró su "segunda casa". Los primeros años estuvo centrada en la docencia y después asumió la jefatura de estudios. De esa etapa rememora miles de iniciativas que puso en marcha. Es el caso de una en la que los profesores jubilados, volvían al centro los viernes a enseñar distintas disciplinas. "Ellos tenían ganas de venir y mucho que aportar", apunta.

También habla de la colaboración con la escuela de jardineros "que dirigía Xosé Lois y nos mandaba varios alumnos que, junto a los nuestros, plantaron todos los árboles que hay en el centro".

Su buen hacer y su capacidad para escuchar y entender a los alumnos ayudaron a que en 2005 le propusiesen que asumiese la dirección y como a esta mujer no le asustan los retos, así lo hizo.

"Como directora me empeñé en hacer del colegio la segunda casa de todos. Cuando un niño está bien en un sitio lo cuida siempre", apunta Sara

De esa nueva etapa tiene grabadas las obras que se hicieron. Se pintó todo y se crearon distintos espacios para que los niños pudiesen dar rienda suelta a su creatividad y a sus necesidades. "Ahí entendí que cuando los niños están cómodos en un sitio no lo estropean", reflexiona y añade que hasta lio a su yerno, artesano, para que le decorase la columnas de los patios.

Sara, a la derecha, con la equipación del club de atletismo A Gándara. AEP
Sara, a la derecha, con la equipación del club de atletismo A Gándara. AEP

También puso en marcha el club de atletismo "gracias a Felipe Barata, a Fernando, a Mary y a Ramiro, que se implicaron al máximo. Empezamos con seis niños y mira a lo que se llegó". A Gándara puso a correr a padres e hijos y del club salió, por ejemplo, Saleta Fernández. Pero esta iniciativa fue además el germen de otras medidas como un programa para luchar contra la obesidad infantil y otro para mejorar la dieta del comedor.

En 2012 la salud de Sara le dio un buen susto. El séptimo año como directora lo pasó de baja y finalmente la inspección decidía jubilarla. "Tenía 59 años y mi sueño siempre había sido cumplir el octavo año de directora y, después volver al aula, al día a día de maestra...  Pero no salió así y fue duro, aunque también me fui sabiendo que había tenido una carrera muy intensa", recuerda esta mujer optimista por naturaleza.

Sara Fernández, izquierda, el día de la despedida del colegio A Gándara. AEP
Sara Fernández, izquierda, el día de la despedida del colegio A Gándara. AEP


Sara desapareció de la primera línea y cuando estaba mejor de salud la llamó Severino Rodríguez para que presidiese Semente, un colectivo que premia cada año novedosos proyectos empresariales y les inyecta fondos para que echen a rodar. Este año también pasó al segundo plano en Semente y se dedica en cuerpo y alma a los suyos. A sus nietas y a sus hijos, pero dentro sigue llevando una maestra.

"De los niños aprendí todo, ellos son una fuente inagotable de recursos, de energía, solo hay que respetarlos y ser justos con ellos. Los maestros somos sus guías, no sus superiores", valora. Y algo de razón tendrá una mujer que mantiene contacto con muchos de los que pasaron por su aula.

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