Mordiscos de historia

Monforte hace cien años, todo lo que no se podía hacer en la calle

En el Monforte de hace un siglo no había ni traída de agua ni red de saneamiento y, en consecuencia, los vecinos tenían que limpiar los pozos particulares de madrugada. También había limitaciones para lavar la ropa en el río y la fiebre tifoidea era endémica en la ciudad.
Vista Monforte en 1928. ESTUDIO NUEVO
photo_camera Vista Monforte en 1928. ESTUDIO NUEVO

Pedro Bóo y Pita, alcalde de Monforte, promulgó el 29 de enero de 1924 un bando con un listado de prohibiciones que, en síntesis, reflejan como era la vida en la ciudad del Cabe hace un siglo.

De acuerdo con esa proclama y los vetos que hacía a determinados comportamientos de los vecinos, uno se imagina calles con pilas de estiércol, escombros, materiales de obras y otros objetos acumulados en las aceras que interrumpían el tránsito por la vía pública.

En el casco urbano parece que era habitual la presencia de aves de corral y cerdos sueltos por las calles.

También debía ser normal arrojar aguas sucias, orines y otras inmundicias a la calle, con el clásico aviso de “agua va”, además de basuras y desperdicios desde las viviendas. En el bando figura una prohibición expresa sobre lanzar a la vía pública residuos de fruta, tales como cáscaras de naranja y jugar a la billarda, la pelota y otros juegos que molesten a los transeúntes. Esas acciones eran castigadas con multa.

Los niños que a la hora de la escuela se encontrasen vagueando en la calle habían de ser conducidos a los locales de las Escuelas Públicas en donde estuviesen inscritos y en caso de no estarlo serían multados sus padres, precisaba el bando.

Siguiendo ese recorrido imaginario por el Monforte de 1924, el tránsito de carros de vacas por la ciudad también tiene su capítulo en la proclama. Así, prohibía su circulación los días de descanso dominical y de aquellos que molestasen al vecindario con el chirrido de sus ruedas, no pudiendo ocupar la vía pública con los materiales que fueran más que el tiempo necesario para su carga o descarga.

Año 1928, carro vacas en la Rúa Abeledos. A.A.
Año 1928, carro vacas en la Rúa Abeledos. A.A.

Para los automóviles había también normas que pasaban por que su marcha no podía exceder de diez kilómetros por hora en el centro de la población.

Recomienda además mucha moderación en las calles estrechas, especialmente en los días de lluvia, encharcadas, con el fin de evitar las salpicaduras que puedan perjudicar a los viandantes y manchar las fachadas de las casas. Las bicicletas, carretillas y carros de mano no podían circular por las aceras para no entorpecer el tránsito peatonal.

La fiebre tifoidea era endémica

Debido a la carencia de agua corriente y desagües en los hogares, se hacía saber que la limpieza de los pozos negros se debía efectuar, en todo tiempo, entre la una y las cinco de la madrugada, solicitando antes permiso de la alcaldía.

Además solo se permitía lavar ropa en las márgenes del río desde la 10 de la mañana a las 5 de la tarde, en cuyas horas queda prohibido coger agua del mismo. No olvidemos que los monfortinos de esa época se abastecían de agua del Cabe y de los pozos. Las fuentes públicas eran escasas. De ahí que la fiebre tifoidea, por consumo de aguas contaminadas, fuese endémica en Monforte.

Bando de Boó Pita. AEP
Bando de Boó Pita. AEP

Asimismo estaba vedado, bajo multa máxima, la matanza de cerdos en la vía pública, teniendo muy en cuenta que cuando se realice en las casas particulares, no podrá verificarse sin el informe previo sanitario y autorización del veterinario municipal, junto con el pago de 5 pesetas por animal en c derechos de sacrificio.

En favor de la educación se prohibía blasfemar y altercados con palabras mal sonantes. La mendicidad callejera de lisiados forasteros queda vetada y serán obligados a salir fuera de la ciudad. Del mismo modo, se castigaría al que causase desperfectos en los árboles y a los que maltraten animales.

Semeja poco acogedor ese Monforte de hace un siglo ¿no?

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